• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

La cola que mata

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I

A sabiendas de que la mitad de la pensión de mi mamá se me irá en comprarle frutas para las meriendas, después de caminar fui al supermercado. Más de mil bolívares por medio melón, más de quinientos por cinco camburcitos, lo mismo con las mandarinas, cinco duraznos. Así voy descargando el carrito en la caja. No hay nadie delante de mí porque inteligentemente el supermercado destina unas registradoras para la gente que no compra productos regulados.

Yo no hago cola, aunque hay leche descremada a casi mil el litro. La gente se arremolina para que le den lo que les corresponde y después las dejan por los pasillos, es demasiado por dos cajitas de leche. Sin embargo, los empleados la reparten y la cantidad de gente es impresionante. También hay salsa de tomate de la que cuesta más de tres mil bolívares, y hay algunos que se la llevan, no es mi caso. Lo mío son frutas y vegetales, porque ni casabe conseguí, nada de pan.

Debo poner mi huella en la maquinita de todas maneras. Ya la cosa es una costumbre porque la cajera no empieza a pasar cosas hasta que me verifica. Nunca he entendido por qué tienen que controlarme si no llevo nada de la libreta de racionamiento.

La huella de mi pulgar derecho me autoriza y la muchacha comienza a pasar mis bolsitas. Cuando estoy contando el fajo de billetes que debo entregar para llevarme las cuatro cositas, la muchacha me dice: “Le pregunto porque usted debe saber más que yo. ¿Si yo firmé y no me aceptaron la firma, no puedo ir a votar si se hace el revocatorio?”

Lo confieso, paré en seco de contar. ¡Muchacha!, le dije, ¡claro que puedes ir a votar! No necesitas la firma, que es solo para pedir que se haga el revocatorio. Una vez que lo activen y el CNE ponga la fecha, tú vas a votar, no te preocupes.

Ella me veía incrédula y le tuve que decir en dónde trabajo para darle confianza. Ojalá me haya creído. Yo tenía catalogado ese supermercado como bastión chavista. Todas las cajeras y los dependientes lo eran hasta hace muy poco. Incluso presencié discusiones con clientes regulares identificados con la oposición, en su mayoría de la tercera edad; siempre fueron en términos jocosos, como cuando uno es magallanero y otro del Caracas, muy a lo venezolano, pero estaban identificados los bandos. Ahora quieren revocar, interesante.

 

II

Voy a validar mi firma, sin importar la cola. Esa sí la voy a hacer con gusto. Y esas son las colas que menos le gustan a Maduro. Son colas que matan, es así de evidente. Porque sabe que el fin está muy cerca, que nadie lo quiere a él ni a su gobierno corrupto.

Pero no puedo dejar de sentir por dentro una especie de conflicto. Entiendo que es una salida, una válvula de escape necesaria, pero para mí que Nicolás Maquiavelo en estas aplicaría lo de “piensa mal y acertarás”. Si en algo han sido prolíficos los rojos rojitos es en trampas, y eso de que hay que conseguir 1% en cada estado es una de ellas. Es decir, si en algún estado como Delta Amacuro, por ejemplo, se consigue 0,90%, el revocatorio no va, no importa que 100% de los que firmamos en Miranda verifiquemos nuestra rúbrica.

Por eso las colas desde las 3:00 am; por eso los autobuses que trasladan a la gente, y no hay que desmayar hasta revertir esta y todas las trampas.

Aunque no creo que sea recomendable poner todas las castañas en la única sartén del revocatorio, al ver la felicidad de la gente (chavistas o no) al salir de la validación, entiendo que esa satisfacción es necesaria para subir el ánimo, para que los votantes sientan que están haciendo algo para salir de esta pesadilla.

Y vuelvo a citar a Maquiavelo, que en política debe ser de obligatorio estudio: “Ninguna fuerza doma, ningún tiempo consume, ningún mérito iguala el nombre de la libertad”. La perdimos hace casi 18 años y hay que recuperarla.