• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

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Ana María Matute

Venezolanas anónimas

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Para Bony, Lilian, Rosa, Patricia, María Corina

I
A las 4:00 de la mañana ya la mujer está frente a la cocina redondeando las arepas. Queda apenas un paquete, eso no da para mucho, así que le tocará hacer cola para comprar. Menos mal que le dijo a la señora que iba a llegar tarde.
Deja las arepas en el budare y va a despertar a la hija mayor. “Párate para que le des la teta al niño y luego le des el desayuno a tus hermanos, que me voy ya a hacer cola en algún supermercado para ver qué llega”.
La jornada es larguísima. Ella no sabe de horarios de trabajo, aunque la ley diga lo contrario. Ella mantiene la casa, ella es todo, y lo asume.

Consigue cuatro kilos de harina y una bolsa de leche para el nieto, porque no alcanza para los demás. Llega alrededor de las 11:00 de la mañana a casa de la doctora, y se irá a la suya más o menos a las 7:00. Al día siguiente, empezar otra vez, pero ahora a buscar azúcar y café para la señora, que todo no se puede encontrar en un día.

II
El tráfico está peor, aunque es la misma hora de siempre, las 6:00 de la mañana. Seguramente lo que pasa es que todavía hay restos de las guarimbas de anoche y los carros pasan por un solo canal. Desde hace semanas esto es así, pero hay que llevar a los muchachos al colegio.

Ella piensa en su marido, que se fue en autobús al trabajo. Tiene dos meses esperando el repuesto del carro, y nada, allá está, en la calle estacionado. Le han recomendado que pida el repuesto a Colombia, pero no hay cobres para tanto, ni dólares ni bolívares.

Es difícil porque ella dejó de trabajar cuando tuvo al primer bebé, y él ya no quiere que trabaje porque gastarían más dinero en guardería y niñera. Pero vivir con un solo sueldo es prácticamente un milagro, sobre todo para pagar colegio privado, natación y clases de inglés. Y no se puede olvidar del condominio, del que deben como tres meses.

III
No sabe cómo hacer para que le alcance la quincena. No puede dejar de pagar la habitación y tampoco puede dejar de ir a visitar a su mamá a Maracaibo. Ipostel no permite envíos de medicamentos y, afortunadamente, consiguió los de la tensión que toma su progenitora, así que debe llevárselos.

Piensa en eso mientras almuerza, porque tiene demasiado trabajo. Menos mal que la habitación es con derecho de usar la cocina, porque si no, quién sabe qué comería. Almorzar en la calle cuesta una fortuna.

Sus amigas maracuchas le dicen que tiene demasiada suerte por trabajar y vivir en la capital, y todas creen que se va a conseguir un tremendo profesional y se va a casar, pero tiene casi un lustro viviendo en Caracas y el fulano no aparece. Ella perdió toda esperanza, pero agradece el trabajo. Y aunque el sueldo ya no le alcanza para ir al cine o al teatro, por lo menos puede conseguirle las medicinas a su mamá.

IV
“Mamá, yo corrí todo lo que pude, pero me faltaba el aire”. Y por qué carajo este muchachito se pone a protestar en la calle. “¿No ves que no puedo con la rabia, mamá? ¿No ves que no tengo futuro? ¿No crees que no sé el sacrificio que has hecho para que yo llegue a la universidad? Mi papá y tú pudieron estudiar, y aunque estén divorciados, se parten el lomo para que yo sea profesional. En verdad, mamá, prefiero morir en la calle protestando a que me mate un choro cuando regrese de una fiesta”.

Es un peso que lleva la señora sobre los hombros, pero no discute. Sabe que el muchacho tiene razón. “Voy a llamar a su papá para ponernos de acuerdo a ver si lo acompañamos a la marcha de este sábado. Al menos quiero estar con él, no podemos dejarlo solo”.

V
De todas maneras hay que levantarse todos los días. Las mujeres de este país son heroínas anónimas. Debe ser porque Venezuela es una mujer maltratada, golpeada, a la que han tratado de dirigir y digerir sin éxito. Porque es una mujer luchadora, que a pesar de todo se levanta todos los días.