• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

Tiempo de contrapunteo

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Nunca me ha gustado la estilizada y comercial música llanera que se escucha en las emisoras de radio del país. Debe ser porque creo que no es real. Hay espectaculares excepciones, como nuestro Simón Díaz. Y no me contradigo, porque el Tío Simón supo elevar la música del Llano a dimensiones sublimes, sus letras, sus melodías.

Lo que intuyo (no soy del Llano, mi papá era de Valencia y mi mamá es margariteña) es que, además, el llanero disfruta hablando con sus pares, echar cuentos de aquella inmensidad bonita. Habla con la vaca, con la garza mora, con el río, con el pasto, y no olvidemos al caballo. Difícilmente se plantea un monólogo, al menos no lo he escuchado. Puedo estar equivocada. Pero también observo diálogo en muchos otros géneros de música venezolana.

Mi mamá cantaba con sus hermanas mientras pilaba. Muy bajito, porque a mi abuela no le gustaba que las niñas cantaran versos de la chusma. Cuando se pila se hace un trabajo en pareja, es un diálogo rítmico entre el mazo de una y el mazo de la otra. Golpean el maíz, los granos de café tostados. Golpean rítmicamente y cantan para distraer la faena. Que lo cuente la querida Soledad Bravo, que hasta a la vecina de mi abuela, Juana la de Paraguachí, menciona en sus “Cantos de pilón”.

Una de las manifestaciones más emocionantes de ese Llano recio, fuerte, apasionado, el de verdad, es el contrapunteo. Vale la pena ver cómo un cantante improvisa para ganarle al otro. Es emocionante, es tremendo. Es un intercambio de genialidad entre pares para ver quién dice lo más original, quién ridiculiza más al otro. El Tío Simón decía que en un contrapunteo así, entre un viejo y un joven, se inspiró para escribir su “Caballo viejo”.

Contrapunteo, intercambio entre iguales. Dime tú, que te respondo. Diálogo. Resulta que la democracia es precisamente eso: intercambio entre iguales, diálogo de ideas, pero con el país como objetivo común. No por pensar diferente debo quedarme callado. No por tener el poder eres el único que habla. Debes hablar, pero sobre todo, debes escuchar. Cualquiera hubiera imaginado que alguien nacido en Barinas era más propenso al diálogo que al monólogo infinito.

Cuando era reportera de Política iba frecuentemente al Congreso. Es allí en donde la democracia se vuelve contrapunteo. Me tocó un Parlamento bicameral, con senadores y diputados de varias toldas políticas (ahora los coleguitas usan ese eufemismo, debe ser que la palabra “partido” les suena fea). Pero era reportera de eso, de partidos políticos, y hasta fui testigo de contrapunteos dentro del mismo CEN de AD; no tengo que decir que entre los adecos había discrepancias, porque se hicieron palpables, pero también entre copeyanos, entre masistas. No todas las diferencias terminaban en división, porque la democracia es eso, es diálogo con respeto del otro.

Creo que Ramos Allup tiene mucho kilometraje en este tipo de diálogo. En general, muchos de los que se sientan en las curules de la bancada de la MUD. Tienen una inmensa asignación por delante, además de tratar de enderezar entuertos y satisfacer peticiones de todo el mundo.

Lo que veo que les toca a los diputados opositores es, además, una tarea titánica: acostumbrados a imponerse sin ni siquiera escuchar su eco, los actuales gestores del poder no saben lo que es diálogo, mucho menos lo que es democracia. Ramos Allup comenzó la lección el viernes pasado: como presidente del Poder Legislativo, le habló de igual a igual al presidente del Poder Ejecutivo sin faltarle el respeto, con mesura, pero con firmeza, para que todos los demás integrantes del gobierno (además de los de la bancada oficialista que no saben dialogar, y a veces dudo que sepan hablar) comenzaran a entender que llegó el tiempo de contrapunteo, y al que no le guste, “que se tape los oídos”.