• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

Periodismo de ficción

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I

Cuando el doctor se enteró de que su hija menor iba a trabajar en El Universal, entendió que iba a tener que comprar ese periódico todos los días. No lo hizo nunca con El Diario de Caracas, eso ya era demasiado pedir, pero la carajita le llevaba el periódico cuando publicaba algo importante.

El Universal siempre fue para él el periódico de élite, el de los viejos carcamanes de la alta sociedad. Él siempre fue socialdemócrata por convicción (adeco, pues) y era fanático de la diversidad de pensamiento que El Nacional recogía en sus páginas, además de su estilo más ágil de presentar la noticia. Era, además de médico exitoso, un intelectual que disfrutaba las páginas culturales del periódico de Puerto Escondido. No se lo leía, se lo devoraba. Esa misma carajita siempre se preguntaba: “Si mi papá ya se leyó el periódico en la mañana ¿por qué lo vuelve a leer en la tarde?”. Pues a ese ritual agregó el diario que para él era un dinosaurio, solo porque su hija chiquita allí escribía.

A él nunca le gustó, pero la carajita se lo había trazado como meta y Pedro Llorens lo hizo posible. Entró en un momento en que El Universal se preparaba para cambiar. Fue testigo y protagonista de muchos de esos cambios (no es falsa modestia), como la noche en que se apagaron los teletipos de las agencias internacionales porque ella se hizo traer una computadora de talleres para revisarlos directamente en pantalla. Valga el dato, en la redacción solo dos o tres periodistas usaban computadoras, lo demás eran máquinas Olympia y cuartillas de papel con líneas impresas y contadas, 25.

 

II

El Universal y El Nacional siempre fueron competencia. Era un ejercicio obligado en las mañanas poner uno al lado del otro y ver las aperturas, el ángulo noticioso. Cada uno tenía su fuerte. Esa sana comparación nos hacía a unos y otros exigirnos más, mejorar. Es lo que no entienden los que pregonan el pensamiento único, pero es que en el fondo son gente que les gusta vivir en la mediocridad.

Mucho aguantó El Universal hasta que sucumbió. Ahora está en manos del proceso, de ese monstruo rojo que lo que quiere es que nada se sepa. Eso de cerrar medios les costó caro, así que procedieron a la asfixia y lograron quebrar a muchos.

El Universal ahora es una entelequia. Dice el diccionario de la Real Academia que esta palabra significa en su primera acepción: 1. f. Cosa irreal. Y es ese el papel que está jugando actualmente, cuando todo se desmorona, cuando la gente muere de mengua, cuando los niños no tienen qué comer ni cómo curarse, cuando la gente se mata en las calles, o cuando los colectivos atacan a sus propios periodistas.

 

III

“Aquí no se cubre noticia”, ordenó el censor del siglo XXI hace unas semanas a los reporteros.

“Para qué vamos a mandar a tomar fotos si no hay dónde publicarlas”, espetó a los reporteros gráficos.

Este personajillo es la nueva adquisición de la censura rojita. No se trata de un Vitelio con un lápiz rojo ni de una lista de periodistas indeseados a los que hay que vigilar (yo estuve alguna vez en una de esas). No es que el señor haga una llamada cada vez que algún reportero hace una pregunta buscando las cinco patas del gato.

No, es un periodista amigo de uno que llegó a jefe por su trayectoria, no se puede negar. Es un periodista que ha pateado calle con otros gobiernos y que ha vivido este país y ejercido la profesión antes de la hecatombe chavista-madurista.

Y lo que más me indigna, es un periodista que se llena la boca (en este caso los dedos) pregonando su oposición a este desgobierno por las redes sociales. Un periodista que hace creer que, como todos, ve la realidad y la lamenta. No solo eso, ve la realidad y sabe quienes son los responsables.

Este periodista (ya no es mi colega) se transforma cuando pisa la redacción y se convierte en el monstruo de las tijeras. Va pregonando: “Esto no se publica” “No escribas de esto”, “No te muevas” “No pienses”, “Nuestra realidad es ficticia”, “Echa un cuento chino”, “Escribe una novela”, “Inventa”. 

Y sé que es lo que más les duele a los colegas que quedan en ese periódico, que sea uno de los nuestros, que sea un Dr. Jekyll que se transforma en Mr Hyde para ordenarles que no hagan diarismo, que desechen  la noticia, que no cuenten lo que pasa. Es como recibir la puñalada mortal de un hermano.

Por favor, licenciado, ¿usted de verdad cree que se puede estar bien con Dios y con el diablo?

@anammatute