• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

Independencia del socialismo

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I

El que me conoce sabe que le tengo alergia a todo lo que tenga que ver con los militares. Nunca me han gustado, no siento esa fascinación de algunas mujeres hacia los hombres uniformados. Para mí es la inteligencia lo que seduce, y desgraciadamente el tiempo me ha dado la razón porque pienso que muchos uniformados no se caracterizan por usar bien la chaveta.

Pero nuestra historia está llena de excepciones gloriosas. Y algunas las estudié cuando formé parte (y presidí) la Sociedad Bolivariana de mi colegio. Esas organizaciones que instituyó López Contreras para mantener vivo el culto a Simón Bolívar. Aunque he de confesar que mi héroe preferido es Francisco de Miranda por lo cosmopolita y hasta mundano, pero el que está más cerca de mi corazón es Andrés Bello, un civil.

Cuando era niña no existía el servicio de televisión por suscripción y en fechas patrias había que ver los desfiles porque no teníamos alternativa. Siempre me parecieron ridículos; más tarde, como periodista, me resultaron ridículos y tediosos pero entendí que eran un acto de afirmación de identidad. Innecesarios me parecieron cuando estudiaba el doctorado de Ciencias Políticas porque comprendí que nada defiende más la soberanía de un país que instituciones sanas y la división de poderes, de los cuales el militar es subalterno.


II

Ayer hice patria trabajando en el periódico como muchísimos 5 de Julio en mi vida. Todos los televisores de la redacción estaban encendidos y sintonizaban el canal 8 con la transmisión del desfile.

Quiero pensar que será la última vez que veremos el circo militar rojito que se monta desde hace 17 años en este país. El de ayer tuvo de todo, disfraces, carrozas, colorines, caballos tristes y amaestrados y hasta un pobre perro al que le pintaron la carita de verde.

Bolívar pasó a un segundo plano. Esta vez los libretistas decidieron que la figura más destacada debía ser Hugo Chávez. No es que haya hecho un análisis semiótico para darme cuenta de este detalle, no hizo falta. La simbología estaba a la vista. El Himno Nacional lo entonó el fantasma y retumbó en las cornetas repartidas por todo el Paseo los Próceres; los guiones de los que “narraban” el desfile mencionaban cada cierto tiempo al comandante muerto, no Bolívar sino Chávez; el jefe de la parada militar intercambiaba con Maduro una letanía como de oficio religioso: “Chávez vive” “La lucha sigue” “Independencia y socialismo” “Viviremos y venceremos”. Produce asco. Pero hay que entender que se trata del estado de desesperación en el que se encuentra estos civicomilicos que nos gobiernan, que tienen que reafirmarse en lo único que tienen seguro, el carisma de un líder de baja ralea que hizo lo que le dio la gana con el país. Lo lamento, ya no está para sacarlos del barro.

La guinda de la torta fueron las fuerzas especiales que gritaban “Somos socialistas, antiimperialistas”. ¿Cuántos cubanos desfilaron ayer? Si esta fuerza armada es socialista ¿a quién representa? porque en la Constitución no se dice que Venezuela sea una república con ese apellido.


III

Las gradas vacías, los labios inyectados de colágeno de la primera combatiente que se aventuró a vestirse sin bufandita; la presidente del Poder Electoral al lado de la presidente del Poder Judicial; la ausencia del presidente del Poder Legislativo; la falta de discurso presidencial propiamente dicho; 80% de la población pasando hambre (incluye a las familias de los militares rasos). Todo eso habla de que Venezuela está lejos de celebrar la Independencia, porque ni siquiera la recuerda ni la ejerce.

Somos un país que padece el yugo de la ignorancia. ¿Hasta cuándo?