• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

Guía de supervivencia (para la clase media empobrecida)

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Nunca he estado de acuerdo con los títulos largos en los artículos de opinión, pero en este caso quiero que quede bien claro de qué se trata y a quién va dirigido. Me dirijo a la clase media profesional, en la que los cabezas de familia son universitarios graduados que viven del ejercicio de su profesión (con salario 15 y último, los afortunados); no comerciantes ni trabajadores a destajo, tampoco bachaqueros.

 

I

Indumentaria. Ya saben, no es posible, como antes, comprar ropa cada vez que nos provoque. A las mujeres más que a los hombres les debe pesar. Nada de salir de compras a ver de qué me antojo. Mucho menos eso de comprarme unos zapatos para que me combinen con tal cosa, porque trabajo duro y me lo merezco. Tampoco sucumbir en la tentación de complacer a sus hijos adolescentes adquiriéndoles la última moda o lo que es tendencia.

Pero hay que verle el lado positivo a las cosas. Por allí circula un video de un muchacho que se hace pasar por malandro y recomienda algunos trucos para no ser víctima del hampa: no se vistan bien ni a la moda. Pónganse los blue jeans más raídos y los zapatos más sucios que tengan. Hay que despistar al hampa para que lo vean a uno con cara de “este percusio no tiene nada que le podamos robar”.

 

II

La mesa. Déjense de eso de estar pensando que no hay comida sin arroz y lo imprescindible de la pasta de los domingos con la familia. Vuelvan a lo básico, los carbohidratos simples, más beneficiosos para la salud. De eso se trata la dieta cubana, pero no de comprar papa, que está a 1.200 bolívares el kilo. Ya eso es una exquisitez.

Muchos fueron los que criticaron a cierta cadena de comida que servía yuquitas en vez de papas russet. Pero nos toca hacer lo mismo o algo parecido. Desempolven las recetas de la abuela, usen la yuca hervida, frita, en puré; hagan buñuelos si se quieren dar el lujo de comer queso blanco rayado (solo necesitan  un poquito) y de usar el aceite que les queda. A sus niños seguro les van a gustar. Y para los más refinados, los adultos de la casa, sírvanlos con melao de papelón. ¿Muy caro? pero vale la pena darse un gusto. Eso para rehuír las panaderías tan costosas que por una milhoja cobran 500 bolívares, ¿y si somos 5?

Las batatas tienen más fibra y menos índice glicémico que la papa, pero también están el ñame y el ocumo (chino o nacional). Como soy alérgica al glúten, me sirve hacer torticas de estos tubérculos para el desayuno.

La carne roja tan dañina para los adultos, déjensela a los muchachos. Deben comer por lo menos dos veces a la semana si están estudiando, porque tiene nutrientes importantes para el cerebro, igual que los carbohidratos. No le sugiero que compre pescado porque aquí en Venezuela todos son voladores, por los precios, pero coman cochino, escojan cortes sin mucha grasa y coman pedazos pequeños. Esto para variar el pollo, que uno puede llegar a costar más de 4.000 bolívares.

Lo demás, vegetales, compre de manera ilimitada. Y si consigue granos, es que consiguió un tesoro.

 

III

Entretenimiento. Olvídese del cine, mucho menos con toda la familia. No le estoy diciendo que los niños no puedan ir, sino que los lleve y los vaya a buscar. Hágales las cotufas en casa y cómpreles chocolates fuera de las caramelerías de las cadenas de salas de cine, porque son asalto a mano armada. Les mandan todo eso en un bolso y hasta botellas de agua mineral. Los refrescos nunca han sido buenos, y ahora están demasiado caros.

Pague la televisión por suscripción y vea usted las películas que pasan. Eso sí, evite a toda costa ver los canales de comida o los programas de cocina, porque va a morir de la rabia. Disfrutar de una velada en casa es lo más económico y seguro.

Salga con los muchachos a caminar a los pocos parques que hay en las ciudades, pero en horario matutino. Llévese una pelota o un frisbee en vez de celulares y tablets y juegue con los niños, lo van a disfrutar todos. Eso sí, trate de hablar malandreado, nada de llamar a los niños por sus nombres. Antes de salir de casa instrúyalos en su personalidad malandra, asígnenles nombres como Wilkenson, Yubiriksay, Johanmichel, o lo que su imaginación le dicte, para pasar inadvertido ante los hampones que los puedan estar cazando. No hay garantías, pero trate de relajarse y regresar temprano a su casa.

 

IV

No crean que esto es un chiste al mejor estilo de Claudio Nazoa. Lo practico todos los días. Trato de mimetizarme con el entorno que me apabulla. Se trata de la supervivencia en la era del malandraje rojito. Lo que tenemos que nos diferencia de ellos (a todo nivel) es principios y valores. Eso no nos lo pueden robar.