• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

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Análisis de contenido del hambre

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“Yo creo y estoy convencido que nosotros tenemos en este país suficiente alimento para alimentar a la población, lo que tenemos es que distribuirlo de manera adecuada”. Sí, tengo que poner sic, y mi estimado Ramón Hernández además me regañará porque comienzo este texto con una cita, la salida más fácil. Pero no es cualquier cita, lo anterior lo dijo el ministro de Alimentación, Wilmar Castro Soteldo, a Globovisión el lunes.

“Yo creo y estoy convencido”, no sé, eso me suena a cuando uno quiere creer algo que no ve, que no palpa. La afirmación del ministro parece más bien una declaración de fe. Si ese es el caso, estará como la gran mayoría de los venezolanos, creyendo en la existencia de un bistec, creyendo que le alcanzará el dinero para comprar la comida que necesita, creyendo que va a conseguir la comida que necesita.

¿O será más bien una afirmación sumamente franca? “Yo creo y estoy convencido que nosotros (sic)”. Es decir, ellos, los que están gozando de las mieles (y los manjares) del poder. Los que viven en Miraflores, Fuerte Tiuna, en grandes y esplendorosas mansiones, con carros último modelo y varios anillos de seguridad. En el país hay comida para ellos porque tienen los dólares suficientes para traer sus bastimentos. Imagino, lo he escrito varias veces, que Cilia o la mujer del propio ministro Castro Soteldo no tienen la urgencia de buscar una bolsa de leche o un paquete de harina de maíz para hacerle el desayunito a sus mariditos. Imagino que no andan tras la pista de un bachaquero “justo” que les venda un paquete de papel tualé.

Y sigo con mi improvisado análisis del discurso de este personaje optimista, lleno de fe y enchufadísimo, aplicando un poco de lo que me enseñó la profesora Elsa Cardozo en el doctorado de Ciencias Políticas. “...Lo que tenemos es que distribuirlo de manera adecuada”. Tenemos, porque no lo han hecho de la manera “adecuada” hasta ahora. Y tanto que se llena la boca la colega de Castro Soteldo, Luisana Melo, cuando afirma que se ha reducido la pobreza gracias a la política de repartición de dádivas que comenzara Chávez. La funcionaria egresada de la UCV (aunque parece que no aprendió nada) citó cifras desde 1998 hasta 2013 cuando habló (le mintió) a los representantes de la CIDH; pero es mejor que se vaya enterando que su colega opina que no han podido hasta ahora distribuir bien la comida.

Y no hay CLAP que valga, las raciones no llegan. ¿Cuál será la manera adecuada? Ese detallito es importante, porque allí está el meollo de por qué yo me despedí de mi último kilo de arroz hace días con la convicción de que no volveré a comer ese manjar a menos que lo compre en un restaurante chino. La manera adecuada de esta gente no nos incluye a todos.

¿Semejante frase reveladora, semejante afirmación le habrá llegado a Jackeline Romero? Su bebita de meses murió el lunes por problemas asociados a la desnutrición. Solamente la alimentaba con agua de maíz. Esto lo reportó Lenín Danieri (@LDanieri) en Twitter, y hasta puso la foto de la pobre madre con su hija en brazos cuando estaba viva.

Es demasiado dolor. Porque el Twitter se llena de estas noticias: Niños hospitalizados por desnutrición están sin leche en el Materno de Macuto, informaba La Patilla el lunes. “Mueren 11 niños en una semana por enfermedades asociadas a la desnutrición y diarrea en Amazonas”, reportó El Correo del Caroní el 9 de junio.

Tendremos que hacer la declaración de fe del ministro Castro Soteldo para ver si se llenan las neveras. Un niño con desnutrición es un niño irremediablemente enfermo. No, la ministra Melo no aprendió eso. Y el ministro de Alimentación no sabe porque a esta hora está merendando.

@anammatute