• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

Ana María Matute

Ana María Matute

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La tarde en Los Teques siempre transcurría igual, lenta y plácidamente, con pocas sorpresas. Después de hacer la tarea, leía en mi escritorio. No exagero ni miento, no había tarde de televisión sino de libros, no porque me lo impusieran, sino porque amaba aquellas horas inmersa en páginas que me contaban cosas y me hacían imaginar. Tagore, Gibran, Hesse, esos textos que se leen a los 13 años.

Tocaron la puerta, algo muy raro. Salí de la biblioteca sorprendida. Era el cartero, traía un pequeño paquete para mí que no cabía por la rendija, así que tenía que abrirle.

Un paquete de papel con estampillas muy conocidas por mí, la cabeza del rey Juan Carlos. No hay nada que me haga más feliz que recibir correo como antes. Mentira, lo que me hace más feliz aún es que me regalen un libro. En esa ocasión recibí las dos cosas.

Con todo cuidado lo abrí (coleccionaba estampillas). Primera memoria, se titulaba aquel pequeño libro de cubierta de papel blanco, pero por dentro de tela roja. La dedicatoria decía: “Espero que algún día esta firma sea la tuya”. Esther me conocía bien, y obviamente le debió hacer gracia conseguir en una librería en el País Vasco un libro de Ana María Matute.
Si hubiera tenido Internet, en ese mismo momento la hubiera llamado por Skype para gritarle con mucha emoción las gracias por aquella hermosa sorpresa.

Desde esa edad y desde ese libro sigo pensando que el nombre Borja es hermoso, y que la niñez y la preadolescencia son similares sin importar en dónde crezca uno, con los mismos problemas y las mismas preguntas sin respuesta. Fue mi primer libro de Ana María Matute y además un descubrimiento sobre mi propia vida.

Muy emocionada, le enseñé a mi papá el libro. Él lo abrió y leyó la dedicatoria y me dijo lo que me repetiría hasta el final: “Para escribir un libro, tienes que leer mucho”. Le alegró el gesto de mi amiga y me explicó la razón: “Yo combiné tu nombre para que te llamaras como ella. Se ganó varios premios antes de tú nacer. Con el nombre de tu mamá y el de tu abuela, te llamas igual que la escritora española. Pero repito, para escribir un libro...”. Mi papá era médico, pero amaba los libros. Mi mamá también, así que leer era natural.

Con el paso del tiempo, cuando la gente descubre un libro de Ana María Matute piensa en mí. Eso se lo agradezco a la tocaya, que me ha llevado en la estela de su fama.

Una vez mi amigo y colega Alfredo Cedeño se dio a la tarea de buscar una foto mía, recortarla y pegársela a la solapa de un libro de la tocaya como si fuera yo esa Ana María Matute. Otra vez mi colega Rubén Wisotzki me dejó un libro sobre mi escritorio con una nota que decía: “Cuando hagas el bautizo del libro, me invitas” o algo así. La profesora Julia Barragán, del doctorado de Ciencias Políticas de la UCV, al llegar de España de un corto viaje, me dijo que me había tenido muy presente, pues durante todo su viaje habían estado hablando de que mi homónima podría ser candidata a no sé qué premio. Mi querido Pedro Llorens me imprime cada entrevista que da, y ayer me llamó para casi darme el pésame.

Les puedo decir que solamente he comprado un libro de ella, Olvidado rey Gudú, los demás me los han regalado. Pero lo que más me encanta de esta señora es su personalidad. Alguien que diga que el gin-tonic da una “lucidez bárbara” y que nunca se ha aburrido en la vida, debe ser una persona sumamente interesante, divertida. Me hubiera gustado conocerla, además de seguir el rastro de su fama.

Por supuesto que hace falta más que un nombre para llegar a esa altura. En lo que sí quiero seguirla es en esta afirmación: “Escribir es siempre protestar, aunque sea de uno mismo”.