• Caracas (Venezuela)

Ana Julia Jatar

Al instante

A las madres de la victoria

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A las que parieron libertadores.

A las que con su sacrificio cada día paren patria.

 

Sentenciaron a Leopoldo y lloré de impotencia. Lloré por él, por su esposa y por su madre Antonieta López. Una decisión “absurda, disparatada y sin justificación”, como diría Vargas Llosa. Otra razón para continuar la lucha… pensé sobreponiéndome a la rabia de que me restregaran la tiranía en la cara una vez más.

Esta semana escuché con emoción de futuro a Marco Coello arrestado y torturado a los 18 años y volví a llorar. Digo “emoción de futuro” porque a pesar de todo el sufrimiento al cual injustamente fue sometido, conserva la seguridad y la gallardía de quien se sabe del lado del bien a pesar de las embestidas del mal. Como muchos otros jóvenes venezolanos, tiene la autoridad moral para bañarnos de esperanza y acepté el duchazo con una sonrisa en los labios. Cuando lo vi enviar por CNN a su madre en Venezuela un mensaje de tranquilidad, Marco Coello se me incrustó en la piel como  otra razón de lucha. Lloré por todos esos golpes que recibieron su cuerpo y su alma adolescente, por todos quienes los han recibido y por aquellos que hoy los sufren a diario; por quienes en Venezuela sueñan con la libertad y desafían desde la prisión el horrible monstruo de la tiranía. Por eso, la tristeza me duró poco, qué maravilloso país tenemos por delante: hay que seguir luchando por ellos, pensé.

Según la organización Foro Penal hoy se encuentran 78 personas privadas de libertad por razones políticas en Venezuela. Aún más terrible, 19 de estos presos se encuentran en cárceles comunes. Desde febrero del 2014 han sido detenidas 3.770 personas por razones políticas en nuestro país. Aún más desgarrador, 373 de estas detenciones han sido realizadas a menores de edad. Miles de presos en nuestra patria solo por manifestar pacíficamente, presos por expresar lo que piensan o por no decir las mentiras que el régimen quiere obligarlos a confesar. Ahí están las miles de razones para seguir la lucha: en el ejemplo y el sacrificio de nuestros jóvenes.

Esta semana, Lorent Saleh cumplió un año en ese horrible lugar: La Tumba. Allí donde quiso suicidarse y ahora vive de la esperanza del 6-D espera todos los martes la ansiada visita de su madre. Pienso en su madre Yamile Saleh quien a las 4:30 am se enrumba al terminal donde toma el autobús hacia Caracas, luego de llegar a la Plaza Venezuela, se dirige a la sede del Sebin y baja al quinto sótano donde está encerrado su hijo. (Recomiendo leer el desgarrador artículo escrito por la admirable Tamara Suju Roa en La Razón, el domingo 13 de septiembre).

Yamile Saleh lleva algunas cosas para aliviar la prisión de dos porque ha adoptado a Grabiel Valles, al compañero de cárcel de su único hijo como si fuera suyo. Y es que el dolor de madre es universal, es la punzada en el vientre eterno que nos empuja a seguir adelante por el tuyo, por el mío por el de todas.

Esta semana, luego de tanta injusticia por parte de este gobierno, de tanta oscuridad y maldad, más que nunca hay que alzar la vista para contar los luceros. Los miles de luceros representados por todos ellos y sus madres. No hay desvío, con la fuerza que nos dan los que sufren pariendo libertad a diario, tenemos que salir a votar masivamente el 6 de diciembre. Como dijo Leopoldo López quizás sin pensar cuánta razón el tiempo le daría a sus palabras: “El que se cansa pierde”

 La loca Luz Caraballo” dice el decreto del juez, porque te encontró una vez, sin hijos y sin carneros, contandito los luceros:... seis, siete, ocho, nueve, diez...