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Ana Julia Jatar

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Ana Julia Jatar

Petkoff, Diosdado y Maduro: ¿iguales ante la ley?

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Quiero comenzar por recordar la injusta prohibición de salida del país y de régimen de presentación semanal que pesa sobre el muy conocido político, ex candidato presidencial y periodista Teodoro Petkoff. En medio de esta guerra en cámara lenta que vivimos, el pasado 5 de marzo, la titular del Tribunal 29 de Control, Bárbara Gabriela César Siero, decidió admitir una demanda introducida por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, contra la junta directiva del diario Tal Cual y contra el articulista Carlos Genatios por supuesta “difamación agravada”, por un artículo de opinión publicado en dicho periódico. Repito, acusados por un artículo de opinión en el cual Genatios atribuyó a Diosdado Cabello la frase: “Si no les gusta la inseguridad, váyanse”. Solo esa frase escrita por Genatios en su columna del diario Tal Cual, provocó que Cabello se sintiera agredido de tal forma que convenció a dicha jueza para que dictara medidas cautelares de prohibición de salida del país y de presentación cada ocho días ante el juzgado a toda la junta directiva del diario Tal Cual. Por cierto, en 1999 Aristóbulo Istúriz, en una conferencia en Georgetown ante una pregunta que yo le hiciera, al referirse a mi comentario, me dijo: “A quien no le guste la revolución que se vaya del país”. Desde hace quince años entendí que esa era la estrategia del régimen y por eso más de 1 millón de venezolanos se han ido desde entonces buscando vivir con dignidad fuera de su patria. Esa frase, mis queridos lectores, no la dicen por casualidad, ese es el deseo de quienes nos gobiernan y es parte de la estrategia de hostigamiento, acoso y eliminación de la disidencia política en nuestro país.

Pero supongamos que esto de acusar de “difamación agravada” a quien opine algo que pudiese ser o no ser verdad merece el dictamen de un juez que implique un régimen de presentación y prohibición de salida del país en la Venezuela de Maduro. Me pregunto entonces ¿dónde está el peso de la misma ley para el presidente Maduro cuando acusa a diestra y siniestra en cadena nacional a quien le da la gana, cuando le da la gana y de lo que le da gana?

Cuando las fuerzas del mal que ya parecen invitadas de honor a los domicilios de los miembros de este régimen decidieron cegarle la vida sórdidamente al diputado Robert Serra, el gobierno venezolano sin mostrar prueba alguna se dedicó a acusar en cadena nacional a la oposición política y a todo aquel que le sirviera para sus intereses. Como sacado del realismo mágico de García Márquez, Nicolás Maduro decidió también culpar al presidente Álvaro Uribe y a Estados Unidos del terrible crimen. En ese momento dijo textualmente sobre la muerte de Serra: “Los autores intelectuales, estoy más que seguro, están fuera del país”, y afirmó que su información de inteligencia “apunta hacia Colombia y la banda de criminales que ha dirigido toda la vida el expresidente Álvaro Uribe; apunta hacia Miami y la banda de criminales que es protegida por el gobierno de Estados Unidos”.

Quiero también hacer referencia a una noticia publicada en el diario El Nacional sobre declaraciones de Maduro en las cuales calificaba de “basura” a Jesús “Chúo” Torrealba, nuevo secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad (MUD), por sus supuestas “declaraciones infames” en torno a la muerte de Serra. Por cierto, el presidente no dijo nada cuando Chúo Torrealba desconvocó una marcha de la oposición en señal de respeto por la muerte del diputado.

De la misma manera, cabe mencionar las tres veces en las cuales Maduro en cadena nacional ha acusado a mi esposo, el economista y profesor de Harvard, Ricardo Hausmann de “sicario financiero” y de “criminal internacional” –entre otras cosas– solo por expresar su opinión sobre la forma como el gobierno maneja la deuda pública. Sin que mediara ningún argumento, el mandatario nacional prefirió, como a menudo hacen quienes no tienen razón, matar al mensajero en vez de escuchar el mensaje.

En el momento que escribo este artículo, está clarísimo que a Robert Serra lo mataron unos sicarios colombianos contratados no por Uribe, sino por el guardaespaldas del diputado. Lo único que sigue en discusión es si el motivo del crimen fue pasional o por dinero. La sordidez se adueña del libreto de este gobierno. Maduro, al enterarse de la verdad, no pidió disculpas ni a la oposición ni a Uribe ni a nadie por haber adelantado juicio y haber difamado irresponsablemente. ¿Dónde está la jueza Bárbara Gabriela César Siero? ¿Qué opina ella sobre esto? ¿Lo que es igual para el pavo no lo es para la pava? Los verdaderos difamadores de oficio andan sueltos y han convertido a Venezuela en campo abierto para las mafias.

La libertad de expresión es una especie en extinción en Venezuela y quiero aprovechar esta ventanita para rescatar lo que dijo Teodoro en el momento que fue acusado: “Se trata, evidentemente, de un artero ataque contra la libertad de expresión, contra uno de los pocos medios independientes y críticos que están quedando”.

Y es que en Venezuela no todos somos iguales ante la justicia, aquí se practica desde Miraflores la conocida máxima de los totalitarios: “Para mis amigos todo y para mis enemigos la ley”.