• Caracas (Venezuela)

Ana Julia Jatar

Al instante

Obama necesita derrotar la barbarie del siglo XXI

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Por lo general los presidentes norteamericanos se dedican a hacer historia luego de haberse asegurado su reelección. Al no tener que ocuparse de encuestas ni de popularidad, tornan su mirada hacia el futuro y deciden gastarse el capital político que les queda en empujar reformas necesarias o en tomar decisiones que cambien el juego de la geopolítica. En el pasado, algunos se dedicaron a provocar cambios en materia de derechos civiles, inmigración, a abrirle las puertas a China, ponerle fin a la Guerra Fría o buscar incansablemente la paz en el Medio Oriente. Sin embargo, a pesar de que el presidente Obama se encuentra ya bien entrado en su segundo mandato, ese legado no pareciera estar muy claro. La comunidad latina, por ejemplo, no le perdona que no haya logrado la tan esperada reforma a la ley de inmigración para sacar de la sombra a mas de 11 millones de indocumentados, muchos de los cuales trabajan y pagan seguro social sin más beneficio que la amenaza de una deportación. De hecho, el gobierno de Obama ha sido responsable del mayor número de deportaciones de la historia, a pesar de haber ganado su segundo mandato fundamentalmente por el impacto del voto hispano en los llamados “swing states” o estados en los cuales no existe una clara mayoría de algún partido.

El legado de Obama se ve aún menos claro en el ámbito internacional, y quizás es donde más se necesita. A pesar de haber eliminado a Osama Bin Laden, el mundo pos-Bin Laden se presenta aún más inestable. Rusia invade Ucrania a pesar de todos los esfuerzos de la OTAN. En Siria continúa la sangrienta guerra civil y Al-Asad sigue en el poder, a pesar de que Obama ha dicho en varias oportunidades que su régimen debe “dejar de existir” y a pesar de haber traspasado “la línea roja” definida por el presidente norteamericano al usar armas químicas sobre su pueblo. Por su parte, Hamás e Israel reinician un conflicto que pudiera haberse evitado. A pesar de eliminar el líder de Al Qaeda, ahora enfrentamos una amenaza aún peor. Nos referimos a los miembros de ISIS o del llamado Estado Islámico, hijos más monstruosos que su madre Al Qaeda, productos de los vacíos dejados por Estados Unidos en el sistema de inteligencia durante su retiro de Irak y del fácil reclutamiento de resentimientos y odios generados por la guerra civil de Siria. ISIS avanza en Siria y en Irak con unas tropas cuya barbarie suponíamos que había dejado de existir: decapitan, violan, crucifican y exterminan a quien se encuentren en el camino para consolidar su propósito de establecer un califato en la zona.

En todo este panorama uno se pregunta si la decisión de Obama de “liderar desde atrás” como una forma de distanciarse de su predecesor George W. Bush, quien se caracterizó por lo contrario, es un lujo que puede darse el presidente de la primera potencia mundial. Lo cierto es que dirigir un proceso desde la retaguardia no es sentarse a esperar que hagan algo los demás, sino dedicarse a generar las alianzas necesarias para que los eventos deseados se den por la fuerza de las coaliciones y no de las armas. Para un número creciente de analistas, es en su capacidad o, mejor dicho, en su falta de capacidad de lograr coaliciones, donde reside la tragedia del actual presidente. Muchos dicen que su personalidad “distante” es la causa fundamental de muchos de sus fracasos: desde la falta de aprobación de algunas leyes en el Congreso hasta sus desacuerdos con Putin. Si es un problema de las personalidades de la Casa Blanca está por verse, pero lo cierto es que Estados Unidos ha estado enviando señales confusas que desafortunadamente están siendo aprovechadas por el radicalismo en Siria, Irak, Rusia y el Medio Oriente. 

Para muestra un botón, la semana pasada, por ejemplo, el presidente Obama dijo que su gobierno “todavía” no tenía una estrategia para enfrentar los avances del Estado Islámico en Siria e Irak (ISIS). Unos días después, sin embargo, y para aumentar la confusión, envió mensajes contradictorios al decir: que el objetivo de la política de Estados Unidos contra ISIS era “destruir y degradar” al grupo, mientras que en la misma rueda de prensa expresó que el objetivo de una “coalición internacional potencial” para combatir a ISIS era lograr “el punto en el cual se convierta en un problema manejable”. Entonces, presidente, ¿cuál es la política? ¿Destruir a ISIS o convertirlo en un problema manejable? La falta de respuesta a esta pregunta evidencia las profundas divisiones en el gobierno de Obama y la falta de dirección por parte del presidente.

Por otra parte, hay quienes dicen que la política exterior de Obama, al igual que la música de Wagner, “es mucho mejor de lo que suena” y que sus grandes esfuerzos para generar una coalición en la OTAN para enfrentar a Rusia y a ISIS están a punto de dar sus frutos. Ojalá así sea como las últimas noticias desde la OTAN parecen indicar. Necesitamos urgentemente un legado del presidente Obama que nos dé la esperanza de que sí podemos derrotar la barbarie del siglo XXI.