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Ana Julia Jatar

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Ana Julia Jatar

ONU y Venezuela: ¿principios o componendas?

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Venezuela y la Organización de las Naciones Unidas se están pareciendo cada vez más. Ambas sufren las contorsiones de una lucha interna entre el bien y el mal donde hay quienes defienden la nitidez de los principios mientras otros prefieren navegar por las turbias aguas del doble discurso y la componenda. Dos importantes noticias que impactan la credibilidad de la política venezolana y la de la ONU han sido cubiertas extensamente por los medios de comunicación internacionales en los últimos días.

En orden cronológico hay que hablar primero de la denuncia realizada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU contra las flagrantes violaciones por parte del gobierno de Maduro de los derechos humanos de miles de venezolanos. Desde el mes de febrero han muerto más de 40 personas en circunstancias no esclarecidas mientras participaban en protestas pacíficas. Decenas de ciudadanos, muchos de ellos estudiantes, han sido torturados y más de 3.000 han sido privados de su libertad sin que se respeten sus derechos fundamentales a la defensa. El encarcelamiento del líder político Leopoldo López definido por dicha comisión como “arbitrario” –y exhortan al gobierno a que lo liberen– se ha convertido en un ícono de la lucha por los derechos de la disidencia política al régimen actual. Por su parte, Nicolás Maduro y la fiscal general han calificado las resoluciones del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU como una “intromisión en los asuntos internos” y argumentan que el gobierno es soberano en sus decisiones y no acepta “presiones externas”. Leopoldo López, por su parte, se declaró en rebeldía judicial esta semana y publicó en su cuenta de Twitter: “He decido no asistir a juicio hasta tener respuesta de la decisión de rango constitucional y de obligatorio cumplimiento de la ONU”.

Es dentro de este contexto de fuerte cuestionamiento por parte de la ONU a la justicia venezolana cuando paradójicamente se produce la elección de Venezuela como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la misma institución. ¿Cómo es posible que el organismo creado para la defensa de los derechos de todos critique por un lado el comportamiento antidemocrático del gobierno de Maduro, mientras que por el otro lo premie invitándolo a opinar en el foro donde precisamente se definen acciones para salvaguardar la libertad en el mundo?

Por cierto, mientras más totalitarios son los gobiernos, más se obsesionan con alcanzar el reconocimiento internacional de instituciones que supuestamente defienden los derechos que saben violar. Cuba es un ejemplo constante de ello. Quizás con esto en mente, Hugo Chávez inició hace más de 10 años un lobby multimillonario para entrar en el Consejo de Seguridad en el año 2006.  Pero el haber llamado a George W. Bush “diablo” le cazó no solo una pelea con el vaquero de la Casa Blanca, sino que también un inesperado torneo de más de 20 rondas de votación de Venezuela contra Guatemala sin que la primera lograra reunir las 2/3 partes de los votos necesarios. Finalmente, Panamá se presentó como “candidato de consenso” y fue elegido.  El decir “aquí huele a azufre” en el mismo pódium donde había hablado Bush, le costó muy caro a Hugo. 

Si esa pugna le hizo bien o no a la ONU, sigue en discusión; pero lo cierto es que los países de América Latina para evitar reñidas elecciones decidieron desde esa oportunidad “ponerse de acuerdo” para presentar un solo candidato. Y es así como llegamos a la elección de 2014 con Venezuela como candidato de “consenso”. Básicamente, esta vez “le tocaba a Venezuela”, y llegó no por haber conducido una jornada heroica como lo quiso hacer ver Maduro en su celebración, sino más bien como el resultado de un acuerdo entre los países de la región para rotarse las sillas desde el año 2006. Desde el mes de julio se sabía que Venezuela lograría las 2/3 partes necesarias para ocupar esa silla y, en anticipación, María Gabriela Chávez fue nombrada representante ante ONU. Por cierto, según algunos, este sería el primer paso para pulirla hacia la candidatura presidencial…

Dicho esto, también es verdad que Venezuela, a pesar del récord de violaciones de los principios fundamentales de la ONU en materia de democracia y de derechos humanos, ganó con muchos más votos de los que necesitaba. Aquí es donde viene la pregunta más interesante: ¿cuál es la señal que están enviando la abrumadora mayoría de los países que votaron a favor? ¿Por qué lo hicieron?

¿Será que se ha forjado una alianza entre gobiernos con prioridades muy distintas a los principios democráticos y están ganando la batalla? O, por el contrario, ¿habrán visto el ingreso de Venezuela como una oportunidad para meter al país en cintura y obligarlo a cumplirlos?

En otras palabras, a pesar de haber tildado de inaceptables “injerencias en asuntos internos” las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ¿liberará Maduro a López y a Ceballos? Y si no lo hace, ¿qué dirán los demás países? Y cuando María Gabriela Chávez opine –como sabemos que lo hará– a favor de los gobiernos de Irán, Siria, Cuba y Rusia o en contra de las políticas de Estados Unidos o Israel, ¿cómo justificará que eso no es igualmente “injerencia en asuntos internos” de otros países?

En conclusión, cabría hacerse esta pregunta: ¿podrá Venezuela mantener el doble discurso que ha mantenido a nivel internacional durante los últimos quince años luego de que finalmente ocupe la tan anhelada silla en el Consejo de Seguridad de la ONU? Pronto lo sabremos.