• Caracas (Venezuela)

Ana Black

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Ana Black

Hoy lloro a Zapata

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Después de mucho tecleo, mucho intento de organizar sentimientos y recuerdos para escribir algo más o menos coherente; luego de conversar con amigos y de escuchar infinitos testimonios, lo único que puedo rescatar es esta sensación de orfandad. Una de las peores, creo yo, porque es la orfandad de la inteligencia.

Supe de Pedro León Zapata, como casi todo el país, desde toda la vida a través de su trabajo; y desde siempre supe de mi país y sus avatares gracias a sus Zapatazos. Mi papá me enseñó a leer El Nacional de esta manera: primero la Mancheta, luego Zapatazos; después puedes seguir leyendo o dejarlo así porque ya sabrás qué está pasando.

El día que lo conocí en persona me sorprendió su seriedad. Era –qué dudarlo– ingenioso, mordaz, perspicaz, lúcido y muy serio. Sonreía poco, entre pícaro y reservado porque –supongo yo– sabía lo que estaba pensando. Carcajadas pocas presencié, una o dos, no más. No tuve gran amistad con él pero sí suficiente contacto para ser embrujada por esa inteligencia activa, inmediata y sorprendente. Era como un ninja del ingenio, en el momento menos esperado y en el instante más apropiado emergía de la circunspección y lanzaba un sablazo brillante y agudo. Preciso. Y se quedaba como si nada, agazapándose otra vez a la sombra de su talento.

Hoy lloro junto a la querida Mara por la pérdida de su gran amor (algún día alguien escribirá esa historia). La abrazo fuerte junto a sus hijos.

Como el país entero hoy, en momentos de tanto antónimo de inteligencia, talento y sindéresis que nos gobierna, lloro esa vacante en el espacio de los Zapatazos.

Feliz viaje Pedro León.