1984, ecos orwellianos en las tablas caraqueñas

Williams Marrero

Aníbal Cova y Abel García han trabajado en varios montajes juntos. Los justos (2015) y El villano de la historia (2016) son dos de los más recientes. Pero esta es la primera vez que se reúnen para dirigir y tomaron una pieza de la literatura universal, 1984 de George Orwell, con el objeto de contar una historia íntima, cargada de emocionalidad, que a pesar de las similitudes con el contexto no pretende dar cuenta de la realidad venezolana.

La vigilancia y el control son las premisas que rigen a la sociedad de Oceanía, donde el Gran Hermano todo lo ve. La opresión hace que en los personajes afloren sus sentimientos más íntimos y  proyecten una advertencia sobre lo que pudiera llegar a ser el mundo si el poder se queda en manos de pocos. La trama de 1984 se basa en un mundo industrial, donde todos se ven y piensan igual. Cuando surge la curiosidad en un individuo comienza la historia verdadera.

“Lo que busqué fue seguir el curso del viaje de Winston Smith, el protagonista de la novela de Orwell. En el libro hay más momentos descriptivos, pero yo escogí los que signaban la acción dramática y que van llevando al actor a un estado emocional particular. Se siente confundido y ese es el detonante principal”, explica Cova, quien hizo la adaptación para las tablas.

Una gran pared lisa con pequeñas puertas, que marcan entradas y salidas, demarca el espacio de la acción, donde nueve actores presentan a una sociedad autómata. Elvis Chaveinte desarrolla la confusión y agonía del personaje principal, mientras que Antonio Delli encarna al antagonista en la dureza del partido de gobierno que mantiene la vigilancia masiva a través de una gran telepantalla.

Los juegos de luces y la música electrónica marcan las transiciones del montaje de dos horas de duración. “La premisa era que un solo espacio se transformara en todos. Los ambientes se crean a partir de cosas muy sencillas, porque lo principal es la energía de los actores. La dirección actoral se llevó todo el esfuerzo porque es una historia muy honesta de emociones crudas”, refiere García sobre la puesta en escena.

Ambos coinciden en lo innecesario de encasillar el montaje. “Cuando lees 1984, desde la primera escena en que el protagonista se hace preguntas, es muy fácil sentirse identificado. Puede ser muy cómodo equipararlo con el contexto venezolano actual, pero no quisimos quedarnos allí. Este no es un montaje panfletario, la historia se puede circunscribir a cualquier país del mundo e igual se producirá la identificación por parte del público, porque la advertencia que da el autor es universal”, advierte Cova.


1984

Sala Plural, Trasnocho Cultural

Viernes, 7:30 pm

Sábado y domingo, 7:00 pm

Entrada: 8.960 bolívares