Pequeños cocineros

Inculcar los rudimentos de higiene y seguridad desde temprana edad es fundamental para que los niños se manejen con comodidad y confi anza  en la cocina. He aquí los más relevantes para evitar accidentes

Para resaltar desde el inicio la enorme importancia de la higiene en la preparación de los alimentos, es importante indicarles a los niños que toda sesión de cocina debe comenzar recogiéndose el cabello, enrollándose las mangas y lavándose las manos. Este buen hábito  se aprende mejor y más rápido cuando los adultos a cargo predican con el ejemplo.

Recuerde que, según su edad, van desarrollando diferentes destrezas motrices y toca ser pacientes al respecto. Como ocurrirán seguramente pequeños accidentes –salpicaduras, derrames-, invítelos a usar delantal o anímelos a cambiarse de ropa por una que sea “ensuciable”. Inicialmente ponga a su cargo utensilios plásticos para evitar contingencias.

Las tareas más sencillas, como amasar, escurrir, hacer bolitas, espolvorear, desmenuzar, aplastar, revolver en frío, son ideales para niños pequeños que insisten en participar. Procure situarles los recipientes en la mesa de la cocina, que generalmente es más baja que la repisa o mostrador. Si el niño necesita pararse o arrodillarse sobre un banquito o silla para trabajar, que sea de base amplia y lo suficientemente pesado para no tambalearse.

Para evitar que tropiecen o tumben sin querer sartenes y ollas en uso, procure elegir las hornillas de atrás y mantenga los mangos de esos utensilios hacia el centro de la cocina. Si ya tienen edad suficiente para cocinar con calor, enséñeles que al manipular recipientes calientes siempre deben sostenerlos con firmeza por las asas o mangos al mover o servir los alimentos, para evitar que se vuelquen sobre ellos.

Al momento de ponerlos como ayudantes, en lugar de inculcarles “terror” al fuego, es más valioso que aprendan a ser cautelosos y estar concentrados en lo que hacen. Si se exagera demasiado con respecto a los riesgos de quemarse y no se les enseña la forma correcta de manipular objetos o alimentos calientes, paradójicamente aumentará el riesgo de sufrir accidentes justamente por miedo, ya sea por lanzar con brusquedad los ingredientes al hervor o por soltar antes de tiempo los recipientes.

Recuérdeles que las servilletas, paños y guantes de cocina no deben estar cerca del fuego y que hay que avisar y/o abrir paso cuando alguien transporta un objeto caliente. Aún así, no deje frituras ni hervores desatendidos, aún si los niños no parecen estar cerca.

Enséñeles poco a poco a diferenciar un alimento en buen estado de uno descompuesto en términos de color, textura, olor. Esto les ayudará a la larga a saber distinguir qué no deben consumir y prevenir potenciales intoxicaciones. Indíqueles también la forma correcta de lavar y procesar los vegetales y las frutas.

Al usar cuchillos, se les debe insistir en que no son para jugar apuntando a otras personas, que hay algunos que solo pueden usar los adultos (o estrictamente bajo su supervisión), que hay formas correctas e incorrectas de pasarlos en términos de seguridad y que una vez que se colocan en el fregadero deben disponerse en ángulos que no provoquen heridas a quien le toque lavar los platos. Esta última precaución aplica también para latas abiertas y otros objetos filosos.

Si está utilizando hornos, ollas de presión o electrodomésticos de alta velocidad, como licuadoras, picatodos o batidoras, no los deje desatendidos. Explíqueles cuidadosamente a los niños que no deben insertar utensilios como cucharas o paletas cuando estos aparatos están en pleno funcionamiento. Apenas termine de usarlos, desconéctelos y retírelos de su alcance, para que no queden cables sueltos que los más pequeñitos puedan halar.

Si tiene niños pequeños, ubique siempre en las repisas bajas de la nevera –y de la cocina en general– los artículos y alimentos que los pequeños consuman o utilicen con más frecuencia. Así se reduce el riesgo de que, en ausencia de los padres, intenten treparse por su cuenta a los tramos altos para alcanzar lo que necesiten.

Indíqueles qué tipo de objetos no deben introducirse al microondas: envases metálicos o papel aluminio, cubiertos, huevos crudos, plásticos delicados o empaques de poliestireno. Explíqueles que estos pueden producir daños al microondas o explosiones de distinto calibre.

Si llegara a derramarse algún líquido en el piso, sea siempre consistente en indicar que toca limpiarlo enseguida, pues si bien quienes estén cocinando saben que el charco está allí, otra persona podría resbalarse. Muéstreles también que todos los gabinetes y gavetas que se abran para sacar o guardar objetos deben cerrarse completamente antes de pasar a la siguiente tarea, para que los demás no se golpeen.


Variedad y apertura

Una de las formas más sencillas de enseñar a los pequeños a comer de todo es animándolos a preparar sus propios alimentos y, en caso de que no les gusten ciertos ingredientes, invitarlos a probarlos bajo distintas formas de preparación. Procure incluir siempre frutas y vegetales como hábitos fijos. Explíqueles también en un lenguaje adecuado a su edad que todos los grupos de alimentos son necesarios (carbohidratos, proteínas y grasas) y cuáles son los beneficios de consumir cada ingrediente (“zanahoria para ver muy bien, espinaca para ser más fuerte, limón para que no nos dé gripe”). Si considera que su hijo no está suficientemente nutrido o le preocupa que las cantidades que come sean muy pequeñas para su constitución, consulte con un pediatra para corroborar que su crecimiento sea acorde con la edad.


Fuentes consultadas: www.healthychildren.org / http://kidshealth.org / www.parents.com