Laboratorios sufren los estragos de la crisis

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En lo que va de 2017, la situación es la misma que en todo 2016: sí hay reactivos, pero no todos los que se necesitan; y puede que para el mes siguiente falten los que se poseen al momento. En un recorrido por los laboratorios de tres hospitales de Caracas, se pudo constatar la incertidumbre sobre el abastecimiento y las fallas que dependen ser atendidas por el gobierno nacional.

El segundo semestre de 2016 fue fatídico para el personal del Hospital de Coche. Entre julio y septiembre tuvieron los aires acondicionados dañados, lo que imposibilitaba el procesamiento de pruebas químicas en el equipo que usan para ello. Los pacientes diabéticos que necesitaron saber el valor de su glicemia nunca obtuvieron un resultado. Los baleados en enfrentamientos o los que resultaron heridos de un choque tampoco pudieron ser examinados correctamente: Era imposible saber cómo estaba su creatina, colesterol, triglicéridos; sus niveles de fósforo, bilirrubina o transaminasas.

Cuando ya 2017 está a punto de terminar, las deficiencias en el suministro de reactivos e insumos continúan. El intercambio de materiales es una de las prácticas que permiten mantener la atención a los pacientes. Si un recinto posee guantes y el otro tiras reactivas para examinar la orina, se abastecen mutuamente.

La situación es similar en el Hospital Clínico Universitario de Caracas, que para noviembre de 2016 presentaba un déficit en el suministro de reactivos que afectaba la realización de pruebas de hematología y química. Un año después la situación empeoró. La máquina necesaria para las pruebas químicas está dañada y el abastecimiento de insumos para las hematologías es insuficiente.

No contaban con reactivos para las evaluaciones de TPT y PT, que verifican el tiempo de coagulación de la sangre para saber si el paciente tiene trastornos hemorrágicos o afecciones en su hígado. Reactivos para saber si un paciente tiene HIV alcanzan solo para casos prioritarios; mientras que los hemocultivos, que permiten constatar la presencia de bacterias en la sangre, no se efectúan.

La falta de materiales básicos como yodo, algodón, gasas o los tubos de tapa morada, que son esenciales para hacer recuentos de plaquetas o averiguar el grupo sanguíneo de los pacientes, es el otro problema para los bioanalistas y enfermeros del Clínico.

Localizado también en Caracas, en el Hospital José María Vargas siempre falta algo, a veces son los guantes, otras los tubos de ensayo, los tapabocas o las inyectadoras; no hay un abastecimiento periódico. En noviembre de 2017 no hay reactivos para verificar la glicemia y hacer pruebas de TPT. Los pacientes deben ir a laboratorios privados para obtener los exámenes de orina y heces, al igual que ocurre con los de gases arteriales, que permiten medir la cantidad de oxígeno y dióxido de carbono en la sangre.

Deficiencias y omisiones afectan a los pacientes

El médico evalúa al paciente en primera instancia, pero lo remite a un bioanalista para que este verifique los valores, factores y su estado físico general mediante el análisis de muestras de sangre, heces, orina u otras sustancias del cuerpo.

Judith León, presidenta de la Federación de Colegios de Bioanalistas de Venezuela, recalcó que el surtido de materiales y el mantenimiento de los laboratorios hospitalarios es deficiente. Explicó que incluso se ha reducido la capacidad para relizar pruebas rutinarias, como es el caso de la determinación de la urea o una hematología.

“Para nosotros realizar un examen, sea el que sea, es preciso tener todos los insumos necesarios. Si nos falta uno u otro, terminaremos con deficiencias en los resultados y presentaremos al médico señales erróneas sobre la salud del paciente”, declaró la dirigente gremial.

León denunció los efectos de la escasez de reactivos en los bancos de sangre públicos. A pesar de ser solo uno de los servicios afectados, su importancia es crucial porque repercute en la disponibilidad de intervenciones médicas, debido a que ellas no se pueden realizar sin una cantidad de sangre para el paciente en caso de complicaciones.

“Cuando una bolsa de sangre se va a suministrar al paciente es porque debió cumplir con una serie de protocolos. Dentro de ellos hay chequeos a los que debe ser sometida, que descartan si esa sangre tiene enfermedades. El caso más problemático en los últimos meses es la falta de marcadores hepáticos, necesarios para saber si esa bolsa tiene hepatitis A, B, C, D y E”, detalló.

León explicó que el suministro de reactivos debe ser preciso porque se emplean en cantidades planificadas previamente. Estos no se pueden mantener en depósitos porque se vencen en unos pocos meses a diferencia de los medicamentos, además, son sustancias delicadas que deben ser tratadas con cuidado y deben tener una refrigeración adecuada.

La bioanalista señaló que no se puede presentar una cifra concreta sobre la escasez de reactivos, debido a que sí es posible hallar algún laboratorio en el que se detecte cierto valor -como la albúmina- que es parte del conocido perfil 20. Sin embargo, puede que falten los que sirven para constatar la bilirrubina, creatinina o el colesterol, que también son partes de la misma prueba.

“Tú puedes ir a un laboratorio en un momento para hacerte una química, pero no te la haces. Pudieran tener el reactivo, mas el equipo no funciona. Luego vas a otro laboratorio, te dicen que este sí tiene el equipo, pero no tienen los insumos. Pero al yo tener una persona que se pueda hacer una prueba de glucosa en algún lado, ellos van a decir que no hay escasez, sino fallas”, advirtió.

Un gobierno que incumple

Hospitales del Ministerio de Salud, centros del Seguro Social y laboratorios privados dependen de las importadoras privadas y públicas para abastecerse, debido a que 90% de los reactivos que hay en el país provienen del exterior.

Rafael Méndez, presidente de la Asociación Venezolana de Importadores y Distribuidores de Equipos de Laboratorios y Afines (Asodilab), precisó que el gobierno adeuda a sus proveedores 55 millones de dólares. “La situación es tan crítica que muchos han eliminado las líneas de crédito y cesaron sus despachos a Venezuela. Otros ven la situación a largo plazo y nos dicen que si se les paga la deuda nos despachan”, añadió.

Asodilab agrupa a 36 empresas importadoras, cada una trae uno o varios de los siguientes insumos: reactivos, materiales consumibles (pipetas, inyectadoras, jeringas, entre otros) y equipos de laboratorio, incluidos sus repuestos. Méndez recalcó que todos estos productos son imprescindibles porque atienden necesidades puntuales.

“Cuando hablamos de reactivos para diagnósticos puedes calcular que hay entre 8.000 y 10.000 parámetros diferentes, no se puede establecer una lista básica de ellos”, explicó el empresario. Colocó como ejemplo el caso de un paciente que se sospeche tenga algún tipo de cáncer y otro que tenga síntomas de hepatitis. Cada uno necesita reactivos diferentes para esclarecer si tienen esas patologías, pero para ambos es importante tenerlos.

La deuda se acumuló desde marzo de 2012. Ya en junio de 2015 el impago del Estado a los proveedores era de $28.39 millones. Méndez explicó que en esa última fecha se reunieron con la Vicepresidencia. Les dijeron que no podían liquidarles ese monto. Les propusieron que convencieran a sus surtidores de que les vendieran más mercancía a crédito y les garantizaron que todos los despachos a partir de esa conversación hacia adelante serían cancelados sin demora. Esto no ocurrió, el compromiso se incrementó a $38.53 millones más, que suman $67.6 millones.

Hospitales del Ministerio de Salud, centros del Seguro Social y laboratorios privados dependen de las importadoras privadas y públicas para abastecerse, debido a que 90% de los reactivos que hay en el país provienen del exterior.

Hospitales del Ministerio de Salud, centros del Seguro Social y laboratorios privados dependen de las importadoras privadas y públicas para abastecerse, debido a que 90% de los reactivos que hay en el país provienen del exterior.

Para octubre de 2017, una de las compañías logró capitalizar su deuda, lo que redujo el total a $55 millones.

“Los importadores jamás vemos los dólares. Nosotros recibimos la mercancía en condiciones de crédito y facturamos en bolívares, en buena parte de las ocasiones a precio justo -es decir a 10 bolívares por dólar-. Depositamos los bolívares en el banco, el gobierno tarda 60 o más días en liquidar a los proveedores, el banco hace la transferencia en dólares y nos envían los productos”, explicó Méndez.

Mientras importadores y bioanalistas lidian con las carencias en el sector, el paciente debe recorrer varios centros para realizarse las pruebas, invertir el poco dinero que gana en pagarlas y por fin presentárselas al médico, quien terminará con las dudas sobre su salud que desde hace meses lo agobiaban.