Hospital Clínico Universitario en decadencia

Abraham Tovar

Una estructura grande, que resalta en la Ciudad Universitaria de Caracas; balcones ovalados en cada piso pintados de blanco, azul y rojo. Al acercarse al Hospital Clínico Universitario se percibe su importancia, en la concurrida entrada se recibe a embarazadas, heridos de bala o personas que van a consulta; ese lugar es la última esperanza para muchos que buscan atención médica.

Desde el interior del país y desde la capital llegan las personas, sea por una fractura, por un problema renal o para recibir tratamiento para calmar el dolor que produce una enfermedad terminal, el centro de salud Tipo IV fue hecho como un sitio para atención especializada, para realizar cirugías y para ayudar a los médicos a avanzar en su carrera.

“Llevo un mes y medio aquí. Me tienen que hacer una histerectomía y nada que me hacen la cirugía. Eso nos pasa a todas, no hay chance para que nos operen y eso que nosotras mismas somos las que compramos todo: los calmantes, la anestesia, las compresas, los guantes, el yodo, las gasas, y hasta el algodón”, explicó una de las pacientes del centro.

La escasez de insumos y la falta de anestesiólogos y quirófanos disponibles son parte de los problemas que retrasan las intervenciones de los pacientes en el centro. Los días pasan y ellos siguen allí. A veces se quedan solos, debido a que costear el transporte y la alimentación de familiares que los acompañen es difícil.

En cada uno de los amplios pasillos del centro se escuchan las quejas por la situación del país, por las consecuencias de la crisis en las vidas de los ciudadanos. Esos reclamos se ven también en el hospital: pasillos a oscuras por falta de iluminación o grifos y duchas averiadas que dejan ir el agua limpia. “No hay repuestos para arreglarlas”, explicó un miembro del personal del Clínico.

Los médicos también esperan

Los médicos de las distintas áreas del Clínico esperan tanto como los pacientes para proceder con las operaciones. Mientras los problemas y los contratiempos demoran los procedimientos en los pocos quirófanos que hay, la lista de espera aumenta con cada día que pasa.

Traumatología es otra de las áreas afectadas por esta situación. Hasta por tres meses están los pacientes en la sala. Dos filas de camas, una a cada lado, es donde pasan las horas, acostumbrándose unos a los otros.

Jugar dominó es uno de los pasatiempos preferidos, es un juego que admite a los hombres de entre 50 y 20 años que se encuentran allí. Algunos esperan para que les instalen los clavos o tutores para reparar sus huesos, otros ya los tienen en sus piernas, pero no se los quitan aún.

“Ellos nos dejan aquí esperando. A Algunos aquí se les sueldan los huesos”, explicó uno de los pacientes.

Otro de los hombres que estaba en el salón, uno de los más jóvenes, había sido ingresado a principios de noviembre para ser operado, pero lo devolvieron a su cama minutos después. Le dijeron que no había anestesiólogo y que le tocaba esperar a que se pautara otro turno.

Mientras están allí, la mayoría depende de la comida que les suministra el hospital; que se asigna a todos por igual independientemente de su condición.

Mala alimentación

Desde la cocina se distribuye la comida a cada piso, es igual para todos: un bollito pequeño, con algo de queso y un acompañante; o puede que se sirva pasta, ensalada y sopa. Sin embargo, no se discrimina la dolencia que tenga el paciente.

El personal que sirve los alimentos ve con indignación la situación, en un momento no contaban con la licuadora para facilitar la ingesta a los pacientes hospitalizados en Otorrino, o incluso les faltaba el microondas para calentar la comida que traían los familiares. Pero tras esforzarse por su cuenta consiguieron adquirir algunos equipos.

“Aquí no hay calidad de nada, como salga nos toca servirlo”, concluyó con molestia alguien del personal.