Inacción del gobierno brasileño agravó situación de venezolanos

Teresa Surita, alcaldesa de Boa Vista, señaló que las autoridades demoraron en atender la migración masiva

Cuando los vehículos se detienen en los semáforos de las avenidas de Boa Vista (Brasil), un enjambre de jóvenes venezolanos con esponjas y jabón en botellas plásticas se abalanza para limpiar los vidrios a cambio de monedas.

Otros ofrecen su mano de obra en las esquinas con carteles de cartón. Mujeres, de forma menos explícita y durante la noche, aguardan por clientes en un barrio al oeste de la capital del estado de Roraima.

Miles de migrantes ocupan plazas y parques, quienes tienen más recursos se agrupan para alquilar un lugar. La Alcaldía de Boa Vista estima que hay al menos 40.000 venezolanos en esta ciudad de 330.000 habitantes.

“La crisis humanitaria está instalada”, expresó la alcaldesa Teresa Surita. Afirmó que Brasilia demoró en atender la masiva migración de venezolanos que desde hace tres años llegan por tierra, huyendo por la falta de comida, medicinas y trabajo.

Entre 500 y 1.200 venezolanos cruzan a diario la frontera hacia Brasil, muchos se legalizan mediante los pedidos de refugio o residencia temporal y se desplazan hacia la capital del estado en busca de empleo.

René Santos de 42 años de edad dejó a su esposa y tres hijos en Ciudad Bolívar. Sin trabajo sobrevive en una carpa en la plaza Simón Bolívar en la avenida Venezuela.

“Hay muchos profesionales en esta plaza (…) Lo que necesitamos es la ayuda de quien defiende los derechos humanos porque es un derecho humano universal que merecemos”, comentó entre lágrimas el ex obrero de la Siderúrgica del Orinoco.  

En la plaza miles de migrantes pernoctan en carpas y cartones desde hace meses. La sensación de abandono reina en esta redoma que exhibe en varios idiomas la leyenda "Bienvenidos a Boa Vista".

Los venezolanos utilizan los baños de una estación de servicio, en su mayoría se alimentan gracias a la caridad de personas como Leila Bezerra, que dos veces por mes recibe donaciones para preparar unas mil porciones de comida.

"Tenemos que ayudar, ellos no están aquí porque quieren, están aquí porque tienen hambre", dijo mientras revolvió una olla con más de 30 kilos de frijoles y salchichas.

Como un delicuente

France Rodrígues, profesora de la Universidad Federal de Roraima, señaló que actualmente hay un incremento de xenofobia expresada en discriminación y e falta de voluntad política.

“Es necesaria la acción de los gobernantes, pero lo que vemos es políticos que quieren cerrar la frontera o limpiar la ciudad, porque no quieren a los venezolanos aquí”, afirmó Rodrígues.

Víctor Lira, de 27 años de edad recorrió casi 1.500 kilómetros desde Caracas. Llegó hace tres meses y no ha conseguido empleo. Vive en un remedo de carpa hecha con bolsas de plástico negras en la avenida Simón Bolívar.

"Conseguí dos reales (0,6 dólares) y fui al mercado a comprar bananas, creyeron que quería robar. ¿Sabes lo duro que es que te traten como un delincuente cuando lo que quieres es comprar comida?", comentó llorando.

Venezolanos que se encuentran establecidos en Boa Vista también discriminan y apoyan el cierre de la frontera o tuercen la cara cuando se les pregunta por los compatriotas.

Brasil promete interiorizar la migración venezolana, pero poco se sabe del proyecto. Para llenar las primeras 530 vacantes en otros dos estados, apenas 20 venezolanos podrían viajar de inmediato debido a requisitos sanitarios, entre otros, explica la alcaldesa Surita.

"Brasil con su dimensión continental puede y tiene cómo aprovechar esta migración, pero lamentablemente eso no es lo que está ocurriendo", señaló la profesora.