Pakistán se despierta en medio de un caos electoral

Unos 800.000 militares y policías habían sido desplegados para garantizar la seguridad en las elecciones y evitar enfrentamientos por los resultados

Pakistán despertó en pleno caos electoral, con el partido del gobierno saliente denunciando "fraudes flagrantes" y rechazando, incluso antes de su anuncio, los resultados parciales de las legislativas, que sugieren la victoria del excampeón de críquet Imran Khan.

El recuento de votos llevaba un enorme retraso. Según medios locales, unas 13 horas después de que terminara la votación se habían escrutado menos de la mitad de los votos.

La Comisión Electoral Paquistaní (ECP) achacó la lentitud a problemas técnicos relacionados con el uso de un nuevo sistema electoral.

"Estas elecciones no están empañadas. Son justas y transparentes en 100%", afirmó su director, Sardar Muhammad Raza, en la tercera conferencia de prensa de la ECP.

Los retrasos alimentaban las sospechas de fraude. El miércoles por la noche, voceros de la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz (PML-N), en el poder los últimos cinco años, anunciaron que la organización rechazaba los resultados a causa de irregularidades claras y masivas.

"Los resultados fueron contados sin la presencia de nuestros agentes electorales", añadieron.

Su dirigente, Shahbaz Sharif, hermano del ex primer ministro Nawaz Sharif, actualmente encarcelado por corrupción, había denunciado en una rueda de prensa "fraudes tan flagrantes que todo el mundo se puso a llorar".

Después advirtió en Twitter que unos "resultados basados en un arreglo masivo provocarán daños irreparables al país".

El líder del Partido Popular Paquistaní (PPP, en el poder entre 2008 y 2013), Bilawal Bhutto-Zardari ahondó en este sentido, calificando el desarrollo de los comicios "imperdonable y escandaloso".

"Mis candidatos se quejan de que nuestros agentes electorales fueron expulsados de los centros de votación de todo el país", tuiteó el hijo de la ex primera ministra Benazir Bhutto, asesinada en 2007.

Las proyecciones de todas las televisiones daban este jueves como ganador de las elecciones legislativas al partido de la exestrella del críquet Imran Khan, Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI), con 100 escaños como mínimo. Para formar el gobierno se necesita una mayoría de 137 diputados.

Ni Imran Khan ni el ejército, sospechoso de haberlo apoyado con todo tipo de maniobras en los últimos meses, comentaron la situación por el momento.

La controversia llega tras una campaña que algunos observadores califican como una de las "más sucias" en la historia del país, debido a las acusaciones de manipulaciones, que también estuvo marcada por la creciente visibilidad de los partidos religiosos extremistas.

"Tormenta"

"Es el caos absoluto", comentó la analista política Azeema Cheema, quien dijo estar preocupada por el giro que puedan tomar los acontecimientos.

"Dependerá de cómo se organice la desobediencia civil. Podría haber motines espontáneos entre los militantes políticos. O los partidos políticos podrían organizar sentadas y manifestaciones", explicó a la AFP.

"Poco importa cómo se gestione, el clima postelectoral inmediato será bastante tenso", consideró por su parte Michael Kugelman, analista del Centro Wilson de Washington, que no ve "ninguna forma de evitar un período de tormenta".

Las elecciones del miércoles, celebradas bajo fuertes medidas de seguridad, constituían una infrecuente transición democrática entre dos gobiernos civiles, en este joven país con un pasado marcado por los golpes de Estado militares. Pakistán, una potencia nuclear, estuvo dirigido por el ejército casi la mitad de sus 71 años de historia.

Simpatizantes del PTI, en muchos casos jóvenes, celebraron durante buena parte de la noche la esperada victoria de su campeón.

Imran Khan, conocido en Occidente como un mujeriego, es más bien un devoto en Pakistán, donde hizo de la lucha contra la corrupción su caballo de batalla electoral.

Unos 800.000 militares y policías fueron desplegados para garantizar la seguridad.

Aún así se produjeron varios ataques contra colegios electorales. El más importante de ellos fue un atentado suicida reivindicado por el grupo Estado Islámico (EI), que provocó al menos 31 muertos y 70 heridos cerca de una oficina de votación de Quetta, en la provincia de Baluchistán (sudoeste).