Stalin Propaganda

“La doctrina comunista de Marx, Lenin y Trotski rotularía a Stalin como contrarrevolucionario. Traicionó el espíritu de libertad y de una sociedad igualitaria y sin clases que prometía la revolución rusa”

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Genocida de la nación más grande del planeta. “Aniquilaremos sin piedad a quien amenace mediante la acción incluso mediante el pensamiento la unidad del Estado”. Su paranoia no cesaba de programar crímenes a gran escala: “Hay que extirpar a los miembros nocivos del partido para protegerlos de enfermedades e infecciones”. Ideólogos del Partido, Trotski, Zinoviev, Kamenev, Radek y Bujarin. Jefes de la policía secreta, Yagova y Yezhov. Veinte mil oficiales del ejército rojo. Ninguno escapó de los juicios de Moscú, de las purgas políticas, sociales, de los fusilamientos, de la cárcel, confinamientos  y asesinatos.  

Dieciocho millones de personas esclavizadas en Gulag, campos de trabajos forzados. Macabra sentencia del tirano: “La muerte resuelve todos los problemas. Sin hombre no hay problema”. ¡Holodomor, matar de hambre en ucraniano, cobró siete millones de muertos en Ucrania entre 1932 y 1933!

La “Ucranofobia” de Stalin era para desarrollar y expandir la industria soviética con la venta de los granos de trigo, expropiados del territorio Ucraniano. Testimonio de policía ruso encargado de confiscar las tierras de los campesinos ucranianos:

“Participé en esas expediciones, tanteando el suelo para descubrir los escondites. He vaciado despensas enteras, intentando no oír los gritos de los niños y los lamentos de las mujeres. Todo estaba permitido, destruir, mentir, robar, el fin justificaba los medios, nuestro objetivo era el triunfo universal del comunismo”.

Nadia, esposa de Stalin –que luego optaría por el suicidio–, reclamaría a su cónyuge: “No eres más que un verdugo. Atormentas a tu propio hijo, a tu mujer, al pueblo ruso, es imposible vivir contigo”.

Prontuario sucinto de un criminal: Vladimir Ilich Uliánov, alias Stalin. Dictador ruso que lideró “con puño de acero” el destino de la URSS por tres décadas hasta que la muerte lo alcanzó el 4 de marzo de 1953. Médicos de Stalin evitaban tratarle por temor a morir fusilados o ganarse un hospedaje lóbrego en los campos de exterminio, por cierto, concebidos por el régimen estalinista mucho antes del Holocausto en la Alemania nazi.

La doctrina comunista de Marx, Lenin y Trotski rotularía a Stalin como contrarrevolucionario. Traicionó el espíritu de libertad y de una sociedad igualitaria y sin clases que prometía la revolución rusa. La Unión Soviética de Stalin no sería un Estado obrero sino un Estado burocrático. Nada que envidiarle a la autocracia zarista, ya que surge una nueva burguesía constituida por los miembros del partido, allegados y militares para seguir expoliando la riqueza social. La “Dictadura del proletariado”, expresión de Marx, no sería otra cosa que la implacable dictadura de Stalin sobre el pueblo ruso.

El genocidio de Stalin es un tema capital que no puede soslayarse en la conmemoración del centenario de la revolución de octubre que precisamente se cumple en 2017. No faltarán discursos resaltando las bondades de la revolución más importante del siglo XX. No faltarán visiones maniqueas y estereotipadas ensalzando las obras públicas del gobierno estalinista.

Centrales eléctricas, subterráneos, rascacielos, ferrocarriles, represas, carreteras, no borrarán jamás uno de los capítulos más abyectos de la humanidad, donde se pulverizó el derecho a la vida y se cometieron las más aberrantes violaciones a la dignidad humana. (Fue Nikita Jrushchov quien develó el secretismo informativo que giraba en torno a los crímenes de Stalin contra la población soviética. Hecho extraordinario que aconteció durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, el 25 de febrero de 1956).

La revolución bolchevique fue el nacimiento de un paradigma político sin precedentes que abrevaba en lo esencial de los escritos de Marx y de Lenin. Inédita política social que abogaba por la existencia de relaciones de producción no capitalista, acompañado de un proyecto de hombre nuevo comprometido con la libertad, la justicia y el protagonismo de los ciudadanos en la autogestión pública.

Proyecto de ciudadanía que el mismo Stalin distorsionó cuando postuló la superioridad de la raza bolchevique: “Nosotros los bolcheviques somos de una raza especial. El individuo nos importa un comino. Estoy dispuesto a consagrar a la clase obrera toda mi fuerza y cada gota de mi sangre”. (Idea que tampoco abandonó el sociópata Adolf Hitler cuando decretó la pureza de raza aria).

Stalin sabía que la violencia física y la tortura psicológica no eran suficientes para mantener a raya el descontento popular. Debía garantizar su poder incorporando otros métodos de control social de orden estratégico informativo en el vasto territorio de la URSS con más de 22 millones de km².

Stalin y la élite militar se hicieron de la hegemonía absoluta de los medios masivos para difundir mensajes propagandísticos sobre los logros de la industrialización (a costa del empobrecimiento de la sociedad), la instrucción pública (ideologizada), el realismo social (patriotería y culto de la personalidad), la colectivización obligatoria (pérdida de la autonomía y de la iniciativa privada) y la economía centralizada (insana administración de la cosa pública).

Stalin aprendió de Lenin que las palabras bien pensadas, que las imágenes bien elaboradas y la repetición de un mensaje hasta el cansancio serían una gran herramienta de propaganda para intimidar, adoctrinar consciencias y propiciar la devoción en torno al líder máximo.

Lenin delineó en ¿Qué hacer? la política informativa y de propaganda gubernamental de la Unión Soviética; que se mantuvo desde la Revolución de Octubre de 1917 hasta la caída del imperio soviético en 1991.

Instrucción de Lenin: “La organización que se forme por sí misma en torno a este periódico, la organización de sus colaboradores estará precisamente dispuesta a todo, desde salvar el honor, el prestigio y la continuidad del partido en los momentos de mayor depresión revolucionaria, hasta preparar la insurrección armada de todo el pueblo, fijar fecha para su comienzo y llevarla a la práctica”.

Prensa, radio, cine y luego la televisión, estarían bajo el control del Partido y de las fuerzas armadas. “Los medios de comunicación deben servir a los intereses de la clase obrera y estar bajo su control. Los medios deben aportar una visión objetiva de la sociedad y del mundo, según los principios del marxismo leninismo” (Introducción a la teoría de la comunicación de masas de Denis McQuail).

La psicopolítica aplicada a la propaganda y a la educación, dos de los principales aparatos ideológicos del Estado del régimen estalinista, es “El arte-ciencia de establecer y mantener dominio sobre los pensamientos y la lealtad de los individuos, funcionarios organizaciones y masas y de efectuar la conquista de las naciones enemigas a través del saneamiento mental” (El imperio de la propaganda de Iván Abreu Sojo).

Stalin utilizó la psicopolítica en los medios para que lo veneraran, para propagar mentiras, distorsionar la historia, satanizar a sus adversarios, adoctrinar a las masas, ganarse la simpatía internacional y hasta propiciar el odio entre la misma familia rusa. “La dominación, en la era actual, ya es imposible con el recurso de la dominación militar, es necesaria la dominación semántica de los mass-media” (Teorías de la comunicación de Moragas Spa).

Un poeta escribió a propósito de la Fiesta de la Victoria en la Plaza Roja en verano de 1945: “Stalin, eres más sublime / que los más elevados lugares de los cielos / y solo tus pensamientos / son más gloriosos que tu persona. / Tu espíritu, Stalin, es más luminoso que el Sol”.

Una niña pionera recita un poema a Stalin por su cumpleaños: “Vive cerca de nosotros, bien amado / y condúcenos por tus veredas / para que el régimen soviético se ilumine / y refuerce cada día” (Lo siniestro de este acontecimiento es que esa niña no sabe que su madre había sido fusilada por disentir de la autocracia del régimen).

Stalin inventa conspiraciones en todas partes. Ordena a delatar a quien se considere traidor de la revolución. Un niño pionero del estalinismo lanza esta acusación a su familia: “Mi obligación como pionero, es comunicarles que mi padre se ha comportado de forma contra revolucionaria. Pido, no como hijo, sino como pionero, que juzguen con severidad la responsabilidad de mi padre”.

Luego de que Alemania capitulara el 8 de mayo de 1945, se muestra una famosa película de propaganda donde se recibe al vencedor de Hitler como un verdadero mesías. Se cree que es el mismo Stalin quien protagoniza su arribo al aeropuerto vitoreado por las multitudes, pero resulta ser un actor que con gesto solemne declara: “Camaradas, hoy celebramos la gran victoria sobre la Alemania fascista” (A Stalin, en su estado de paranoia, no le gustaba viajar. Tanto temía a que lo asesinaran que cuando salió por segunda vez de la Unión Soviética, se trasladó en un tren blindado en las afueras de Berlín con cinco mil policías resguardándolo).

Políticos e intelectuales se dejaron seducir por la propaganda, por las “bondades del comunismo” y por el culto de la personalidad hacia el dictador Stalin.

El estadista Churchill le dedica un brindis: “La vida de Stalin es lo más preciado para cada uno de nosotros. Espero de todo corazón que el pueblo de la Unión Soviética conserve durante mucho tiempo a su mariscal”.

El poeta Pablo Neruda le dedica una Oda: “Junto a Lenin / Stalin avanzaba / y así, con blusa blanca, / con gorra gris de obrero, / Stalin, / con su paso tranquilo, / entró en la Historia, acompañado / de Lenin y del viento”.

Enseñanza de este episodio vergonzoso para la humanidad: No más Stalin Propaganda como metáfora de la opresión. No más culto de la personalidad. Democracia y civilidad para el mundo.

*Los testimonios fueron tomados del programa: La noche temática (www.rtve.es).