Rubén Osorio Canales: “Salir del estado de sitio debe emocionar”

Cortesía

Como un verso que surge de un fotograma. Una imagen tan precisa, gráfica, que traslada al momento, genera empatía y resonancia. El lector se siente interpretado por un autor sin pizcas de arrogancia ni, mucho menos, con ganas de dar lecciones. Estado de sitio es el reciente poemario de Rubén Osorio Canales publicado por Durban Segnini Gallery. Título propicio para unas líneas que recrean acertadamente un momento de acorralamiento en el intento de escape, en la ensoñación de libertad.

El poeta empezó a escribir el libro en 2002, cuando todavía vivía en Caracas. “En uno de los robos de los que fuimos víctimas, a mi esposa la arrastraron para quitarle sus cosas. Nadie se paró a auxiliarla, excepto unos niños que iban al colegio, que la ayudaron y la acompañaron hasta la casa. Me dije entonces que la ciudad se había deshumanizado y decidimos mudarnos a Margarita, que siempre me ha gustado mucho”, recuerda.

No es que ahora haya encontrado la tranquilidad deseada, dice que eso es imposible para quien está tan atento al contexto y es vulnerable a sus vaivenes. “Como los personajes de Kundera, uno no puede desvincularse de las cosas que le pasan al país”.

Osorio Canales reconoce que tardó bastante tiempo en publicar Estado de sitio, pero se justifica: “Tardé dos años en terminarlo. Siempre surge una lucha por ver qué falta y qué sobra. Tampoco conseguí editor. No quiero cuestionar a la industria editorial del país, pero siento que no hubo en su momento interés. Sé que el tema político es delicado”. Sin embargo, el poemario sirvió de inspiración para una obra de teatro del mismo nombre que dirigió Federico Pacanins.

Bastante ha sido el agua que ha corrido desde 2002, pero los sentimientos y las angustias permanecen. “La intolerancia se ha profundizado. Eso me entristece bastante. Nunca quise que fuera así”. Aún resuenan las líneas finales que exigen que se sanen las heridas, que las manos limpias acaricien todo alrededor, que nada altere el paisaje, que el río no sepa de la sequía y que la montaña no se entere del fuego, y ese llamado al poeta a que mantenga en pie su palabra.

“No juzgo el comportamiento de los poetas. Cada uno tiene sus espacios, motivaciones, diablos y fantasmas. A mí todo me ha perturbado bastante, como cuando vivía en Italia y Argelia estaba en guerra; se hablaba de una posible Tercera Guerra Mundial. Escribí La vida por los pies, que no es más que la historia de un soldado desde que es reclutado. Tiene la misma resonancia del lenguaje que Estado de sitio. Las cosas me afectan y las proyecto, forman parte de mi bagaje personal”, refiere Osorio Canales, nacido en Barinas en 1934.

Es tajante al afirmar que su poesía no es política, como algunos han dicho, pues en ella no se discuten ideas. Prefiere hablar de temas sencillos y comunes, como la intolerancia y sus efectos. “En el lenguaje se transmite la angustia, pero esta emoción a la vez se apacigua porque la palabra es justa y precisa. No rodeo el árbol con otras distracciones. Me gusta la hoja verde, que tenga sus nervios y que sus frutos se puedan tocar”, dice sobre la precisión de su escritura. El poeta se formó en el mundo del cine y del teatro y actualmente revisa su obra dramática, hasta ahora inédita.

“Salir del estado de sitio debe emocionar. Me refiero a esa idea de tener un camino despejado, una ventana abierta con una brisa distinta para luego caminar con libertad. Parece una costa extraordinaria, pero hay que luchar”, recalca.