Emprender con Fe y Alegría

DELIA MENESES - EUD  "La crisis no nos desmotiva, nos reta para hacerlo mejor". Es la filosofía que asume el movimiento educativo Fe y Alegría, que hoy cumple 62 años. El lema de este aniversario: "aprendemos y emprendemos", recoge lo que fue siempre la pasión de su fundador el padre José María Vélez, una educación que esté orientada al emprendimiento y al trabajo.

La meta de la organización es impulsar la creación de nuevos negocios sostenibles en el país, a través del trabajo en equipo y en redes. El sacerdote jesuita, Joseba Lazcano, 82 años, quien acompaña a Fe y Alegría desde 1998, recuerda que en algún momento se dijo que este modelo educativo, que empezó con una escuela en el 23 de Enero, es el mejor "producto" de exportación venezolano. La experiencia hoy está presente formalmente en 22 países.

"Ahora más que nunca, por el momento que vive Venezuela, no se trata solo de aprender cosas sino aprender para la vida y para el trabajo. Promover la educación técnica en las ciudades y la educación agropecuaria en el campo, impulsar las iniciativas de emprendimiento", dice Lazcano, quien también es investigador del Centro de Formación e Investigación de Fe y Alegría.

La falta de docentes sobre todo en media técnica y bachillerato es el principal problema que enfrentan hoy las escuelas de esta red que aglutina a 13 mil maestros, 119 mil alumnos (26 mil de ellos en Distrito Capital), 170 planteles, una red de formación radiofónica con 164 emisoras, 527 centros de atención y otras 279 unidades con diversos programas.

"Le sucede a muchos profesionales, pero especialmente el sueldo que gana un educador no le permite comer lo elemental. Algunos abandonan las escuelas buscando otras vías, consiguen más bachaqueando. Pero la mayoría son héroes en el silencio que buscan resolver su problema y también el de los demás", explica Lazcano.

Luisa Pernalete, quien coordina desde 2010 el programa nacional Madres Promotoras de Paz de Fe y Alegría, ha visto como han surgido alternativas   por parte de la comunidad educativa para paliar la falta de alimentos.

"En Caracas son pocas las escuelas que tienen Sistema de Alimentación Escolar (SAE) y donde llegan los insumos éstos no alcanzan para los cinco días, por lo que en algunos planteles de Fe y Alegría están funcionando las ollas solidarias. A los niños se les pide que traigan lo que puedan para hacer una gran sopa: una papa, topochos, auyama. A veces cuentan con el apoyo de las carnicerías de la zona, también hay empresas privadas que aportan".

Pernalete destaca que es la "solidaridad silenciosa y subterránea la que ha permitido que nos mantengamos en pie". Los padres de una escuela en Antímano acordaron aportar recursos a los niños y papás que no tienen para comer. Y hay docentes que preparan su desayuno y otras dos porciones para alumnos que no llevan nada.

Fe y Alegría, a sus 62 años, no es una organización avejentada, en el mal sentido de la palabra, asegura Pernalete. "La experiencia nos ha permitido abrirnos a nuevos retos, fortalecer lo bueno y enfrentar lo negativo".  Un ejemplo es el programa Madres Promotoras de Paz, que cuenta con 90 facilitadores en todo el país que imparten un curso básico para prevenir la violencia y mejorar la convivencia. Se benefician grupos de entre 15 y 20 madres en 16 ciudades. El curso tiene tres niveles: personal, familiar-escolar y ciudadano.

"Frente a la desesperanza, estos grupos de apoyo mutuo comienzan por transformar la violencia verbal en las casas. Las madres aprenden a no corregir con maltrato, a no insultar ni comparar a sus hijos, a modificar su propio lenguaje para desarticular el primer círculo de violencia que es el del hogar". La experiencia ha dado frutos pues, sin proponérselo, estos cursos se han expandido a escuelas que no son de Fe y Alegría.

Para Lazcano el éxito de este movimiento sexagenario se basa en la tesis que todos tenemos más de buenos que de malos. "Todos somos convocables si nos levantan una bandera que valga la pena: ofrecer educación de calidad a la población más vulnerable".

Fé y Alegría, una breve Historia

U&O/FyA: Todas las grandes obras nacen de procesos que han conmovido las fibras íntimas del ser humano. José María Vélaz no es la excepción. Chileno de nacimiento y de familia española, siendo pequeño tuvo que partir con su madre a la península y allí su formación estuvo ligada a los colegios de la Compañía de Jesús.

En su juventud, luego de algunos años en la universidad, optaría por hacerse miembro de dicha Congregación religiosa y desde entonces, al igual que el fundador de la orden (San Ignacio de Loyola), se haría un peregrino y constructor de esperanza. En 1946 fue destinado a Venezuela, cuando contaba con 36 años de vida y 18 de jesuita.

La realidad latinoamericana muy pronto marcaría un nuevo itinerario en su misión. El contacto con la pobreza y las escandalosas condiciones de marginación y exclusión de las mayorías del país lo interpelarían de manera definitiva. Cuando trabajaba en el Colegio San José de Mérida comenzó a realizar los primeros experimentos, que finalmente apuntarían a la conformación de una red de escuelas en las periferias de las ciudades y en el área rural.

Sería en 1960 cuando esa red fue bautizada con el nombre de “Fe y Alegría”. Obviamente, las crónicas y relatos de los acontecimientos de ordinario tienen a exaltar la figura del héroe. Vélaz fácilmente encaja en el perfil de prohombre y salvador de los desvalidos. No obstante, la labor de este jesuita fue la de canalizar las legítimas demandas y anhelos de los pobres. Así mismo, no cabe duda que los contrastes con la población más pudiente, también hicieron más sonoras las necesidades de miles de personas viviendo al margen de los ojos del Estado. Ni una sola de esas escuelas habría sido posible sin la determinación de los beneficiaros de llevar adelante el proyecto.

Todos esos padres y todos esos niños fueron los auténticos gestores de una de las obras educativas más importantes de Latinoamérica y que hoy se extiende hacia otras latitudes del mundo. En efecto, en la memoria de esta apasionante historia se conserva el nombre de quien podríamos considerar el auténtico fundador de Fe y Alegría, un obrero llamado Abrahán Reyes. Vélaz y su grupo de colaboradores recorrían los suburbios buscando un lugar donde instalar la primera escuela, hasta que se encontraron con este personaje.

Se cuenta que Reyes y su esposa llevaban ocho largos años levantando los muros de su hogar y el día que les hablaron de una escuela y de educación para los niños entregaron esas paredes y ese techo sin mayor ceremonia que su propia felicidad. No hubo acto de inauguración, tampoco una cinta roja con su moñito para ser cortada, ni placa conmemorativa.

Aunque nos cueste creerlo, es así como la historia nos regala sus más conmovedores y revolucionarios episodios. Cómo no hacer un parangón de esta pareja venezolana con la de Nazaret. Un carpintero y una humilde jovencita tendrían bajo sus cabezas la maravillosa responsabilidad de dar a luz y criar a Jesús el Cristo. Aquél que terminaría colgado en un madero, depositaría en el corazón de sus discípulos la Buena Noticia de Dios; la promesa de un “Reino” fundado en la justicia, el amor y la solidaridad. 

El gesto de los Reyes sólo fue el principio, pues otras familias se sumarían a la epopeya. La voluntad por salir del agujero, los deseos incontenibles de subvertir las condiciones de explotación, la ganas de vencer al sistema y ser dueños al menos de la propia vida; dinamizaron cada uno de los pasos que hicieron posible a Fe y Alegría. Un ejército de hombres y mujeres, trabajadores y sacrificados, empeñados en darles a sus hijos un mañana distinto y fundado en la superación.

Una respuesta contundente a una sociedad y un Estado que se había olvidado de ellos. Una apuesta por la libertad a partir de la educación, el patrimonio más grande y poderoso que podían recibir los niños. Es importante destacar que los primeros años requirieron de un trabajo mancomunado y solidario.

Vélaz, que había estado vinculado a la Universidad Católica, conformó junto a un grupo de universitarios el primer contingente de personas dispuestas a soñar con la gente. Ésta es la otra mitad de una historia con éxito. Nada es realmente posible y duradero si no se ha involucrado a la mayor cantidad de actores en una transformación profunda de la realidad.

Los primeros años de Fe y Alegría tendrían la virtud de convocar a todos quienes se dejaron afectar por las tareas de un servicio cristiano. Señal auténtica de la concreción del Reino de Dios ahora y en medio de nosotros.

En 1964 ya había 10 mil alumnos en Venezuela y la acogida de la experiencia permitió replicar el modelo en otros países con semejante respuesta. En un lapso de dos años Ecuador, Panamá, Perú, Bolivia, Centro América y Colombia se sumarían a la aventura.

De allí en adelante La experiencia continuaría creciendo y multiplicando las esperanzas en los rincones más secretos y profundos de América. De allí se acuñaría una de las frases más célebres del movimiento educativo: “Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto, donde no gotea el agua potable, donde la cuidad pierde su nombre”.

De esta manera el movimiento definió su acción como una apuesta por la Educación Popular Integral. Educación para los más pobres y ante todo educación de calidad. Es así que Fe y Alegría no quiere apenas ser un parche en un boquete gigante, ni un remiendo para maquillar una realidad desoladora.

El movimiento apostó por dotar a la gente, que tiene menos oportunidades y recursos, de una educación que les garantice a ellos mismos ser los protagonistas de la transformación de la realidad. En la línea de Freire, la educación de Fe y Alegría puede considerarse una educación para la liberación.

Una clara expresión de sus raíces cristianas y de las apuestas de la Iglesia latinoamericana en aquellos años y el presente. La opción preferencial por los pobres es la hoja de ruta. Una opción que se juega por la dignidad de seres los humanos y busca establecer un nuevo orden fundado en la equidad y el respeto.

Han pasado más de 58 años desde entonces  Fe y Alegría continúa siendo en nuestros días un referente, particularmente en la educación alternativa. Tras el nacimiento de la Federación Internacional de Fe y Alegría en 1987, comenzó la tarea de consolidar un trabajo mucho más coordinado, marcando y manteniendo una línea de acción común.

La fidelidad a los orígenes es una premisa vital y desde esa perspectiva Fe y Alegría continúa creciendo en el Mundo entero. En 1985 comenzó el trabajo en España, en 2001 en Italia y en 2007 ingresa en el continente africano con la fundación de Fe y Alegría Chad. Son nada menos que 19 países repartidos en tres continentes.

Los datos estadísticos (2011) son verdaderamente sorprendentes y expresan incuestionablemente los alcances del proyecto y los enormes desafíos que le tocará encarar en este nuevo milenio.

A esto se suma la participación de 930 religiosas y religiosos, compartiendo junto a los jesuitas el empeño por sacar adelante esta misión. Se trata de medio siglo repleto de esperanza y compromiso; un tiempo en que hemos visto muchos lugares transformarse al rededor de la escuela. Barrios sin alcantarillado, con calles de tierra, casas de ladrillo visto y miles de personas viviendo al margen de la vida; se fueron transformando en comunidades organizadas, con infraestructura urbana, con mejores condiciones económicas y, sobretodo, vemos gente llevando en su rostro las señales de la dignidad.

Sería ridículo atribuirle a Fe y Alegría todos esos cambios, pero no cabe duda que la escuela fue un engranaje crucial para que todo ese cambio sea posible.