La versatilidad de Juliette Pardau

Se disfraza de monja para una comedia romántica, interpreta baladas de los ochenta y se casa con el narco mexicano más famoso del mundo. Canta, baila y actúa bajo el mantra de que con mucho foco y empeño las cosas salen mejor. Con una cinta en cartelera y una temporada en Netflix por estrenar, la actriz venezolana comparte sus proyectos

Llegar hasta Joaquín Guzmán Loera no es fácil. A Juliette Pardau le costó una audición con muchas contrincantes. En El Chapo, coproducción de Univisión y Netflix, la actriz interpreta a la segunda esposa del narco mexicano. Si bien sabe que en el mercado abundan los seriados y telenovelas sobre el narcotráfico, Pardau sugiere dar una oportunidad a esta serie y verla sin prejuicios, pues asegura que la forma en la que está contada y los años de investigación periodística que sustentan el guion la ayudan a distinguirse del resto.

“Parte de lo que muestra es que para que el narcotráfico exista suele haber también una plataforma política muy importante que lo sostiene, más allá de esa percepción de que ser narco solo se trata de tener casas grandes y mujeres bonitas. Hay un universo de delincuentes de cuello blanco detrás”, señala la actriz. Sabe que cuando se hace una narconovela o una narcoserie de este tipo muchos suponen que se exalta la figura del narco como un héroe o se promueve su estilo de vida. “Yo no lo veo así. Nada más hay que fijarse en cómo suelen terminar para darse cuenta de que no hay manera de salir bien librado. Más allá de los lujos, prácticamente todos los capos terminan muertos o presos, siempre pendientes de quién los pueda traicionar o de que les maten a un hijo. Es una vida para nada ideal”.

Mientras se estrena la tercera temporada de la serie, Pardau también ha dado de qué hablar en Mujeres a la plancha, un musical de teatro en Bogotá en el que baila y canta junto con otras estrellas colombianas que viven de sus voces y con el que se ha presentado a sala llena. Allí interpreta éxitos de Paulina Rubio, Daniela Romo, Yuri y Alejandra Guzmán. La exigencia vocal la intimidó. “Cuando me dijeron que tenía que cantar sola cinco temas me dio pánico, porque aunque he hecho teatro musical con cuarenta personas al lado, no me considero cantante. Como me gusta concentrarme mucho en las cosas para hacerlas bien y quise dar la talla –además, era la única extranjera del elenco– puse mi mayor esfuerzo, pedí ayuda y todas fueron muy amables conmigo. Lo he disfrutado muchísimo y la gente también. Muchos me reconocen ya al final, a la salida del teatro, porque es algo distinto a lo que he hecho en televisión aquí en Colombia”. Ya está acostumbrada a que el público la llame por el nombre de sus personajes. “Como el mío es raro, nadie se lo aprende (risas). Pero está bien, porque me doy cuenta de que las interpretaciones llegan y al mismo tiempo me ha permitido tener un bajo perfil con el que me siento cómoda”.

Acento al plato

Pardau sigue en la cartelera de cine nacional con la película Papita maní tostón: segunda base. Su intervención estuvo a punto de no ocurrir, pues inicialmente no estaba disponible para las fechas de rodaje por otros compromisos. Logró convencer al director de moverlas y filmar en diciembre de 2016, durante sus únicos días de vacaciones. “Fue un rodaje intenso porque teníamos que grabar hasta la madrugada para que nos rindiera el tiempo, pero gozamos muchísimo”. En la cinta, Pardau encarna otra vez a Julissa, una magallanera adinerada que se casa con un caraquista humilde y en esta ocasión afronta una serie de problemas de memoria a raíz de un accidente. La actriz reconoce que su desafío no fue retomar el espíritu de personaje, sino luchar contra los deslices del acento bogotano adquirido.

“Yo era una de las que criticaba a la gente que se iba cuando regresaba hablando con otro cantado. Decía: ‘qué insólito, ha vivido siempre aquí y ahora resulta que se le olvidó su propio acento’. No entendía que es parte de un proceso de adaptación, de supervivencia. Y cuando me tocó a mí llegar de Bogotá y ponerme a rodar a los dos días se me cruzaron los cables”, dice divertida. Aun así, agradece participar de un proyecto para hacer reír y de formar parte del “combo de valientes” que hace cine en el país. “No es fácil, con todo lo que está pasando, pedirle a la gente que se ría. Pero es una manera de conectarnos con lo bonito de ser venezolanos y de recordar que aún en las diferencias podemos encontrarnos. La gente lo asumió así con la primera película y también con la segunda. Ojalá que cuando llegue la tercera el país ya esté mejor y ese mensaje no sea tan relevante”.


Siempre lista

Hija de inmigrantes portugueses y gallegos, Pardau estudió Comunicación Social en la UCV. Su pasión era el teatro, pero antes de llegar a la televisión probó primero con la radio. Pasó de ser la productora de Luis Chataing a hablar frente a los micrófonos en la Mega y luego saltó a las telenovelas, con dramáticos como Harina de otro costal, Natalia del mar y De todas maneras Rosa. En abril cumplirá cuatro años de haber emigrado a Colombia, donde ha participado en varios proyectos televisivos. “Me ha costado hacerme un espacio porque hay mucha competencia. Creo que lo que más ayuda es seguir estudiando y trabajar duro para que la oportunidad te encuentre lista”.