El nuevo novio de Colombia

Natalia Tirado @TiradoNat

A principios de enero, cuando la puerta del avión se abrió en el Aeropuerto Internacional de El Dorado, Luciano D’Alessandro recibió enseguida un saludo que lo agarró desprevenido. “¡Pablo Domínguez! ¿Cómo está?”. El mismo revuelo, con miradas deslumbradas, solicitudes de selfie y piropos en Instagram (que van desde “¡divino!” y “qué man tan papacito” hasta “oremos por esta bella creación”), se ha venido repitiendo desde entonces todos los días. La Ley del Corazón, la telenovela de RCN que D’Alessandro protagoniza, le estampó esa nueva identidad. “Cuando salí de Bogotá a pasar la Navidad en Venezuela, todavía la gente no se había enganchado mucho con la novela, porque como era diciembre todo el mundo estaba en lo suyo. Podía salir a la calle y alguien me sonreía o me saludaba porque me había visto en algún otro proyecto, pero pasaba bastante inadvertido. Cuando regresé ese día, me di cuenta de que todo era distinto”.

Tanto, que D’Alessandro fue invitado a animar el Concurso Nacional de Belleza (el certamen donde se elige a la Señorita Colombia), le abrieron un espacio para integrarse a la adaptación teatral de Betty La Fea junto con el reparto original y ahora también presenta Protagonistas, un reality show que se transmite de lunes a viernes a las 9:00 pm por RCN, en el que concursantes con distintos talentos persiguen la fama y un premio en metálico. El actor también prepara para el año que viene las grabaciones de La Ley del Corazón 2, mientras la primera parte –que pronto adaptará la cadena estadounidense ABC– ahora se transmite por Telemundo Internacional, y su exposición sigue multiplicándose.


Borrón y cuenta nueva. Ya son tres años los que este ingeniero en sistemas –nacido en El Tigre, criado en Maracay, formado en RCTV– lleva en el país vecino luego de un primer intento que no salió como esperaba. A medida que la  industria televisiva local se encogía, D’Alessandro hizo allá unas primeras pruebas con la serie Los caballeros las prefieren brutas (2009) y luego en 2010 protagonizó Secretos de familia. “Le fue tan mal a esa telenovela que ni siquiera la terminamos”, recuerda. Desmoralizado, decidió regresar y aceptó las propuestas que le ofreció Venevisión con personajes en La viuda joven, Mi ex me tiene ganas y De todas maneras Rosa, hasta que decidió sacudirse el polvo y volver a intentarlo.

Resuelto a reivindicarse, volvió a Bogotá. “Entre los 70 y finales de los 90, Venezuela era una megapotencia de las telenovelas: de hecho, en ese momento también acogíamos a actores colombianos como Marcelo Cezán, Juan Pablo Raba y Rafael Novoa. A medida que nuestro mercado se encogió, en Colombia se fortaleció. Tanto, que cuando uno quiere entrar, la pelea es peleando porque compites no solo con colombianos sino con mexicanos, peruanos, argentinos, gente muy conocida”. Tras participar en la telenovela Celia –basada en la vida de Celia Cruz– y la teleserie de época La esclava blanca, se aventuró a probar con el acento bogotano para adaptarse a las características del gallardo abogado Pablo Domínguez. Una osadía que propulsó su carrera.

A pesar de haber ganado el Premio TVyNovelas Colombia al Protagonista Masculino Favorito de Telenovela, sabe que la fama es pasajera. “Toca estar con los pies en la tierra para que, te vaya bien o mal, nada te afecte”. Ser inmigrante le produce emociones encontradas. Si bien señala que Colombia lo recibió con los brazos abiertos y lo agradece profundamente, la satisfacción por ese triunfo profesional y la añoranza por los afectos en Venezuela siguen alternándose en su ánimo. D’Alessandro reconoce también que de su vida privada se sabe poco. “Soy una persona tranquila y he sido discreto porque hay gente que puede creerse dueña de tu vida si compartes demasiado”, asegura el actor de 40 años de edad.

Por lo pronto, disfruta lo alcanzado. “A mí me tomó 17 años que se me abrieran las puertas en otros mercados, pero me siento muy orgulloso de ser venezolano. Creo que la clave siempre es tener determinación, seguir trabajando y ponerle cariño a todo lo que haces, porque nunca sabes cuándo eso que estás haciendo va a trascender y logras cosechar el fruto de lo que tanto te ha costado sembrar”, sostiene. Oremos por esta terca creación.