Infraestructura escolar no aguanta exigencias de la reforma curricular

Referencial

Una de las propuestas transversales –que se utilizarán en todos los niveles de Educación Media– que plantea la transformación curricular establecida en la Gaceta Oficial número 41004 a través de las resoluciones 0142 y 0143, es la integración del aprendizaje y un mayor énfasis en impulsar la diversificación de los liceos con distintas modalidades de formación. Pero la infraestructura y la dotación escolar persisten como carencias esenciales del sistema educativo venezolano, que denuncian tanto los gremios docentes como los mismos estudiantes.

Las cifras de la memoria y cuenta del Ministerio de Educación 2015, último año de referencia de datos oficiales presentados por este organismo, refleja que hay aproximadamente 27.000 planteles educativos en todo el país, pero en poco más de 5.000 solo existe el nivel de media y bachillerato. Si se calcula la matricula escolar de esa población (de 12 a17 años de edad), los cálculos indican que hay aproximadamente 700.000 niños y adolescentes fuera del subsistema de educación media.

La ausencia de la presentación de la memoria y cuenta de 2016 del despacho educativo y sus organismos adscritos dificultan el acceso a cifras más precisas. El dato más reciente se encuentra en una nota de prensa publicada en el sitio web de la Fundación de Edificaciones y Dotaciones Educativas, en la que señalan que para el año escolar 2016-2017 inauguraron 200 nuevas escuelas en el país y que aun cuando a principios de año contaban con un presupuesto de 1,27 millardos de bolívares, lo que alcanzaba para 46 escuelas, el Ejecutivo aprobó recursos extraordinarios por un monto de 6,9 millardos de bolívares para completar la dotación de las 200 escuelas nuevas.

Los cálculos más conservadores –entre los que se cuentan las proyecciones del Ministerio de Educación– señalan que se deben construir entre 1.500 y 3.000 escuelas. Antonio Ecarri, presidente de la Fundación Arturo Uslar Pietri, lleva este número a 4.000 colegios faltantes, pero agrega que no solo hay que construir sino rediseñar la estructura educativa: “Hay que hacer escuelas que rompan con la pobreza, no que la acompañen. Los niños y adolescentes no van a pasar tiempo en un espacio que no es agradable, cómodo, en óptimas condiciones. Las escuelas no aguantan una inspección de Inpsasel”.

Ecarri dice que la transformación educativa es urgente, pero hay que pensarla acorde con la realidad nacional y mundial que rodea a los jóvenes de hoy. “El perfil de la escuela y el educador venezolano se quedó en el siglo XX. La tecnología ha avanzado a una velocidad, pero la educación sigue estancada”, expresa, el también profesor de Historia de Venezuela.

Intereses múltiples. En el año 2006 el presidente Hugo Chávez reinauguró el liceo Fermin Toro, luego de una remodelación no solo de infraestructura, sino también en la modalidad que lo convirtió en un Liceo de Formación Cultural, en el cual los estudiantes podían elegir entre las menciones de Artes Escénicas, Musicales, Culinarias, Visuales y del Espacio, Ciudadanía Ambiental y Acervo Patrimonial. Esa propuesta consideraba la integralidad del conocimiento de acuerdo con los intereses y talentos de los estudiantes que llegaban a ese plantel.

Una lógica similar es la de las Unidades de Talento Deportivo, un concepto existente desde finales de la década de los ochenta, pero que desde 2005 cuenta con un manual de implementación que las define como un plantel educativo para los niveles de Educación Básica, Media y Diversificada que tiene como propósito fundamental “atender de manera integral la formación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes con condiciones especiales para desempeñarse con éxito en determinadas disciplinas deportivas, mediante la implementación de programas permanentes y sistemáticos, tanto de desarrollo técnico-deportivo como académico, utilizando para tal fin una atención diferenciada en sus estudios”.

Las modificaciones que presenta la transformación curricular tratan de implementar de manera transversal este concepto en la mayoría de los planteles, para aprovechar el talento y los intereses de los jóvenes. Pero en la práctica la dotación y la infraestructura no responden de manera óptima a una teoría que exige mayor tiempo en las instalaciones, horarios extendidos, desarrollo de proyectos y más espacios de trabajo dentro del recinto educativo como lo que se plantea con los grupos estables.

“Un comedor que funciona a veces sí y a veces no es un problema para cualquier estudiante, porque no puedes tener a los muchachos en actividades sin comer bien. Y este problema es mucho más grave para un alumno que además se está formando como atleta. Lo mismo ocurre con los implementos, las instalaciones; ellos solo deberían preocuparse por su preparación, pero tienen que lidiar con cosas como conseguir plata para comprarse los zapatos con los que van a competir”, señala el ex coordinador académico de una escuela de talento deportivo en el estado Mérida.

Ecarri se enfoca en señalar uno de los problemas que, a su juicio, debe ser prioridad: “la descentralización de este monstruo burocrático que es el Ministerio de Educación”, y advierte que en medio de estos problemas tan serios la implementación de una transformación curricular, sin atender los problemas de fondo, lo que demuestra es “un proceso pirata en el que de entrada se nota la improvisación porque se pretende aplicar en medio de un año escolar que ya comenzó”.


Reconocimiento de “haceres y saberes” entra en la reforma

El artículo 3 de la resolución 0142, referido a la modalidad de educación para jóvenes y adultos, establece que se debe garantizar la formación integral de calidad para favorecer el desarrollo individual y colectivo como base para la transformación social, económica, política y territorial del país y que, por tanto, el sistema educativo se encargará de “la acreditación y certificación de conocimientos por experiencia, basado en la complementariedad de ‘saberes y haceres’ a través de la aplicación de estrategias de enseñanza y aprendizaje que permitan su verificación y fortalecimiento”.

El fundamento que plantea la resolución señala la necesidad de que esta modalidad, que además amplía el espectro de edades y lo ubica en jóvenes de 15 años de edad en adelante, busca “reducir el tiempo de estudio, adecuar los horarios de acuerdo a las necesidades de los participantes, reconocer los saberes y haceres adquiridos por la experiencia de vida a través de la acreditación y certificación, y articular con otros entes gubernamentales y no gubernamentales para la acreditación de experiencias”.

Esta idea se rescata del precedente que fue la Gran Misión Saber y Trabajo Venezuela, anunciada en 2012, y que se impulsó también a través de las escuelas técnicas y robinsonianas.

La Gran Misión Saber y Trabajo buscaba realizar un diagnóstico de la población que demandaba trabajo, pero que estuviese dispuesta a integrarse en un proceso formativo. Otro de sus postulados era abrir el debate conceptual “sobre el modelo de organización del trabajo, superación de la cultura rentista, que conlleve a las bases de un nuevo andamiaje jurídico e institucional. Debe desarrollarse el conjunto de leyes (Ley Orgánica del Trabajo) y reglamentos e instituciones que potencie el área productiva, impulse el modelo de economía comunal y contribuya a superar el modelo capitalista”, establece el documento oficial que presentaba el perfil de esta misión.

La resolución reitera otro postulado que también se planteaba en la Misión Saber y Trabajo: un sistema de formación y certificación técnica que se basa en valores colectivos y una ética socialista.