Tsunami represivo

La oposición está cosechando los frutos de su comportamiento irreflexivo y su escasa visión política a la hora de enfrentar a un gobierno carcomido no solo por una crisis económica monumental, sino por las propias grietas internas del partido de gobierno y sus aliados.

Las insensatas ambiciones de los jefes de la oposición y los tartamudeos de quienes son sus voceros abrieron un escenario nuevo para el oficialismo que, de inmediato, se percató de la gran oportunidad que le había caído del cielo en momentos cuando se lamían las heridas de la derrota en las urnas ocurrida el 6 de diciembre.

De manera que si algo debe ser criticado a la MUD y su entorno es el haber desperdiciado un triunfo tan arrollador que abría un mundo de posibilidades para seguir debilitando al oficialismo. Pero el tiempo de la euforia y el entusiasmo se fue consumiendo progresiva e inevitablemente en declaraciones alejadas de la realidad porque, a decir verdad, la bestia estaba herida, pero no de muerte.

Mientras el tiempo transcurría en sarcásticas declaraciones, algunas de ellas ciertamente ingeniosas, pero inútiles a la hora de consolidar y profundizar el triunfo alcanzado, el  oficialismo aceitaba sus trampas, renovaba sus artimañas para adaptarlas al nuevo escenario en que le tocaría actuar y, lo más peligroso, procedía a recomponer sus tácticas y estrategias en función de retomar su hegemonía política.

Su visión de la derrota fue muy contraria a la que ha adoptado la oposición hoy en día. Dividirse en ambiciones, introducir elementos de intolerancia y de supremacía que no venían al caso y, lo peor, quebrar la Unidad que había dado frutos preciosos en condiciones tan difíciles. Se comportaron no como guerreros que saben que la primera victoria no es suficiente, sino como vencedores que creían que lo obtenido el 6 de diciembre era la culminación de una campaña admirable.

El oficialismo actuó hábilmente para enfrentar lo que para ellos era, desde el comienzo, una derrota imparable. Preparó su estrategia en tres tiempos para debilitar antes, en el transcurso y luego de la derrota. No queda ninguna duda que el frente opositor pecó de ingenuo al pensar que el gobierno iba a rendirse ante la avalancha de votos y la mayoría parlamentaria. Nada de eso, estimados soñadores, no estamos en unas elecciones democráticas en ninguna de sus variantes.

Como era lógico, tratándose de un oficialismo capaz de cualquier cosa para seguir contando con su base fundamental que es, en esencia, el presupuesto nacional y, por demás, el ingreso petrolero que sostiene la maquinaria político y electoral del oficialismo, el gobierno colocó como primera prioridad la amputación progresiva de las potestades de la Asamblea Nacional procediendo a nombrar a los representantes del Poder Judicial, imprescindible para poder cometer sus arbitrariedades con una máscara de legalidad. Lo demás es historia sabida.

La oposición –según las agencias internacionales– rechazó que el TSJ haya pedido allanar la inmunidad parlamentaria del primer vicepresidente del Parlamento, Freddy Guevara, y dijo que esta acción solo puede hacerla el Legislativo, por lo que calificó el hecho de “ilegal”. ¿No entienden que Nicolás y su gente juegan adelantado?