Un país para viejos

El estudio de opinión de la empresa Consultores 21 titulado Diáspora en Númerosllevado a cabo durante el cuarto trimestre de 2017, nos pinta un panorama desolador sobre los efectos devastadores que el gobierno de Maduro ha tenido en la sociedad venezolana y, en especial, en los sueños y esperanzas de la población joven. 
En el informe en cuestión queda claro el deseo que un sector relevante, 50% de los consultados por la empresa encuestadora, manifestó acerca del proyecto de escapar de Venezuela y reiniciar su vida en otro país donde las posibilidades de progreso económico y formación profesional están más al alcance de los ciudadanos. 
La lectura del estudio de opinión de Consultores 21 resulta a la vez una experiencia tan dolorosa como fascinante porque nos revela una Venezuela cuyos ciudadanos no huyen de las dificultades políticas o de los grandes escándalos de corrupción que, para colmo del cinismo, ha revelado el mismísimo fiscal general constituyente, sino que cruzan las fronteras y se alejan de su patria porque necesitan mejores condiciones de trabajo, de formación técnica y profesional, de mejores estudios y de estabilidad para ellos y su familia, en especial para sus hijos. 
No se trata, pues, de una simple escapada para dejar de padecer la ineptitud presidencial y la mediocridad de sus discursos, las balandronadas de su círculo de “colaboradores”, la ineficiencia de sus ministros militares, la violencia de los cuerpos de seguridad, la ostentación de sus riquezas mal habidas, los insultos permanentes contra quienes no desean compartir un proyecto político irracional y prehistórico. Se van simple y llanamente porque quieren y buscan un futuro mejor. Aquí Maduro les ofrece un futuro peor, un atraso definitivo.
El estudio de Consultores 21 confirma plenamente lo que todos temíamos desde hace tiempo: la mayoría de los venezolanos que salen de su país son jóvenes (51%) y su edad promedio varía entre 18 años y 24 años. La flor de la vida, diría un chavista cursi (¿hay uno que no lo sea?), pero más allá de la cursilería existe algo más serio y trascendente: se trata de nuestra generación de relevo, de gente que quiere formarse y trabajar duro, que no aspira a vestir una camisa o una franela roja, ni un uniforme militar ni policial para hacerse rico o poderoso. 
Es gente con otra ética y por ello busca vivir en sociedades donde el mérito, el esfuerzo y la honestidad sean las palancas para ascender profesionalmente. Nada de esa estupidez de repetir a cada minuto “Chávez vive, la patria sigue”, como loros en una jaula. Luego de repetir esa cantaleta durante un mes el cociente intelectual se sumerge en menos cero o más abajo si ello es posible. 
En el estudio que publicamos en esta edición dominical de El Nacional se pueden observar otras señales muy significativas de la diáspora que nos está secando el futuro. Por ejemplo, “más de 60% de quienes quieren salir de Venezuela alega la situación económica como razón principal para abandonar el país”. Y es que Maduro y el PSUV están actuando como los blancos segregacionistas de Suráfrica, para quienes los únicos seres humanos eran ellos y “los negros que coman si sobra”. Menos Aristóbulo, que siempre tiene su cambur.