Gasolina y seres humanos

Nadie pone en duda la capacidad de este gobierno para saltarse a la torera el debido respeto a los derechos humanos. Lo hace con tanta frecuencia y cinismo que ya la Fiscalía General de la República funciona al unísono con los medios de comunicación oficialistas y, por si fuera poco, de común acuerdo con los deseos de Miraflores.

Mientras los pensionados claman porque se les paguen sus pensiones y jubilaciones de acuerdo con la ley, en los plazos acordados y prometidos por Nicolás Maduro en transmisión en cadena, pues al fiscal general no se le ocurre otra cosa más humanitaria que ocuparse, en pomposa rueda de prensa, del contrabando de gasolina en la frontera con Colombia.

Hasta donde se sabe la custodia y vigilancia de la frontera con la hermana (¿?) república de Colombia le corresponde, por instrucciones severas dictadas por el difunto Chávez, a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la orden sigue en pie. De manera que si el contrabando de gasolina continúa fluyendo hacia Colombia en las inmensas cantidades que denunció ayer el fiscal Tarek es porque existe una frontera porosa y la culpa la tendría la FANB.

Pero como el fiscal no se atreve a tanto, como sería su deber, hay que meter en chirona a quienes practican el contrabando de gasolina por medio de gandolas, nada menos. Claro que el jefe de Ministerio Público no está haciendo el mandado completo y, a no dudarlo, carece de pruebas suficientes para meterse en semejante brete. Los militares no le van a perdonar que se inmiscuya en donde no lo han llamado porque ellos tienen sus propios organismos de inteligencia operando en la zona y saben dónde se bate el cobre.

Las fronteras siempre han sido, aquí y en el resto del mundo, espacios muy provocativos para los delitos de cualquier tipo, ya sea ingresos ilegales de personas sin documentos o perseguidos por la justicia, de trata de blancas, de contrabandistas de minerales valiosos, de alimentos y mercancías secas, de combustibles y de armas y municiones, de drogas, cigarrillos y licores, etcétera. No son ni serán paraísos para la tranquilidad y el esparcimiento.

Pero el fiscal escogido por la ilegal asamblea constituyente se empeña en el contrabando de gasolina para avivar el fantasma bélico con Colombia. En la rueda de prensa, el señor Tarek William dijo que “Venezuela necesita de su combustible, así como necesita de sus alimentos y de sus medicinas”.

Con su cara muy seria advirtió: “No vamos a seguir permitiendo que nuestra gasolina, que nuestra medicina, que nuestros alimentos crucen la frontera con Colombia y personas como estas, sin escrúpulos, que se autodefinen empresarios, le causen este daño patrimonial al país”.

A buena hora se le activó el cerebro al distinguido funcionario luego de que tanta gente (niños, ancianos, adultos trasplantados, etcétera) murió por falta de atención médica y de medicinas de fácil adquisición en el exterior. Ni qué decir de la escasez de alimentos en un país donde los hijos de los enchufados viven y estudian cómodamente en el exterior.

Señor Tarek, nos duele la gasolina, pero también los apartamentos lujosos, las costosas carteras, los zapatos y relojes comprados con dinero mal habido que exhiben los altos funcionarios. Sépalo.