Voto y resisto

En una dictadura el ejercicio de cualquier derecho se vuelve incómodo, porque más que derechos a los ciudadanos se les reclama el respeto de sus deberes, porque más que ciudadanos quienes viven en una dictadura son tratados como súbditos. Sujetos de dominación de una voluntad personal que todo lo controla y no permite ningún acto de autonomía que rete el poder del líder. Así es como opinar se vuelve un delito; protestar, insurreccional, y votar pudiera convertirse en un acto de rebeldía.

Se preguntarán ustedes: ¿en dictadura se vota? La respuesta es sí, desde Corea del Norte hasta Cuba la gente vota, cosa que no quiere decir necesariamente que elijan, los Castro y la dinastía de los Kim en Corea ganan las elecciones con 99% de los votos. Votar y dictadura no son dos conceptos opuestos, muchos dictadores han logrado favorecerse de su liderazgo carismático para instaurar sistemas plebiscitarios y eso no los hace más democráticos.

En Venezuela la fórmula una elección por año funcionó hasta el día que dejaron de ser populares. Sin embargo, la destrucción del sistema competitivo de elecciones libres no es un fenómeno reciente, tiene su punto de profundización en el nacimiento del chavismo: uso de fondos y bienes públicos para campañas electorales, control y censura de los medios de comunicación y ausencia de un árbitro imparcial son algunas de las particularidades del caso venezolano.

En las peores condiciones la oposición democrática ha decido participar, con algunas no tan felices excepciones como fueron las parlamentarias de 2005. Populares y con un sistema electoral a su medida hacer elecciones no era un problema, de hecho fue siempre la carta bajo la manga para mostrar cuando se cuestionaba la democracia venezolana. "La gente vota", decían los aliados del chavismo.

Pero resulta que desde hace más de dos años la gente no solo no vota, sino que es asesinada por demandar su derecho de elegir, y eso lo hacen porque no tienen cómo torcer la voluntad del pueblo. Sí, les sonará contradictorio pero aun con todo el poder de las armas, el abuso y la represión no han encontrado la forma de hacer que el voto no se traduzca en elección contrariamente a lo que pasa en otros regímenes. Otra es la discusión si reconocen o no el resultado.

El próximo 15 de octubre tenemos, después de mucho tiempo y sangre derramada, la oportunidad de expresarnos, aun con las lágrimas frescas por nuestros asesinados, aun con el llanto de sus madres más presente que nunca, aun con las cárceles llenas de presos políticos y los aeropuertos del mundo llenos de exiliados, aun en dictadura, tenemos la gran oportunidad de levantarnos de nuevo y decir: Yo voto, yo resisto.

A nadie le roban un derecho que no ejerce, porque dejar de ejercerlo significa simplemente entregarlo.

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