Votar con hambre

I

Cómo mover la voluntad de una persona que tiene hambre. Mi padre decía que con hambre no se puede pensar. Lo he contado muchas veces, mi papá era pediatra. Lo primero que me decía en época de exámenes del colegio era que debía alimentarme bien para poder rendir intelectualmente. Es lo que trataba de enseñar en su consulta a las madres, porque él no era solamente el médico del niño, sino de la mamá también. Eso decía y practicaba. Una consulta con el doctor Matute podía llevar más de una hora.

Fui testigo alguna vez en que le indicaba a la mamá de un bebé regordito que lo pusiera a hacer ejercicio, que lo pusiera en el piso a gatear, que no le diera cereales con la leche. Me enseñó a hacerle ejercicios a mi bebita cuando apenas tenía meses, era un médico especial y por eso aún ahora sus pacientes lo recuerdan.

Crecí en ese ambiente y mi hija se ha beneficiado de todo lo que él me enseñó. Ella sabe lo importante que es comer lo necesario para que nuestro cuerpo funcione con total capacidad, para vivir la vida plenamente.

¿Cómo se puede pedir a una persona que haga largas colas en un centro de votación si tiene hambre, si el día anterior tuvo que hacer otra para conseguir arroz o si está sacando cuentas para ver si le alcanza el dinero para comprar harina al bachaquero?

II

El diputado opositor Jorge Millán denunció hace unos días que un bebé de 2 años murió de desnutrición en el Hospital Domingo Luciani, en Caracas.

Aquí no valen estadísticas, este niño no es un simple número y compararlo con cada 100 infantes venezolanos es una banalidad que no estoy dispuesta a hacer. Un niño para mí es mucho. Un niño de 2 años de edad que solo pese 4,5 kilogramos es para mí demasiado. No entiendo cómo hay gente todavía que no se da cuenta de la urgencia de salir de esta dictadura asesina.

No son las balas o los perdigones ni las bombas lacrimógenas. Este gobierno mata a diario por lo que hace y lo que deja de hacer. De nada vale que nos pongamos a planificar estrategias cuando en este mismo momento hay miles de niños venezolanos que ni siquiera han tomado un vaso de leche.

La situación es apremiante. ¿Qué más necesitan para darse cuenta?

III

Los candidatos en campaña no han cambiado de discurso. Alguno ofrece hacer de Amazonas un paraíso turístico. Otro asegura que hará llover la inversión extranjera en su región. El de más allá asevera que aplicará la política de pleno empleo. ¿Con qué dinero hará todo eso? ¿Espera que el gobierno central se lo envíe?

El que me conoce sabe que siempre he defendido la existencia de partidos políticos en una sociedad. Las diferentes opiniones hacen fuertes a las instituciones del Estado. Siempre he pensado que el debate de ideas es la manera más eficiente de hacer andar a un país. Pero no quiero políticos sordos y ciegos. Quiero políticos a los que les duela que un bebé de 2 años muera porque no tuvo qué comer durante su vida. Y que actúen en función de eso y con la premura del caso.

No me vengan con que hay que recuperar terreno, con que hay que dar la pelea en el campo electoral, con que hay que defender espacios. Eso no se come, y los niños venezolanos necesitan ayuda ya.