Venezuela energética

Leopoldo López y Gustavo Baquero acaban de presentar un extraordinario libro: Venezuela energética. Es quizá la propuesta petrolera más completa que se ha presentado en años. Llega, además, en el momento más oportuno, pues aparece justo cuando las políticas petroleras del actual régimen han hundido en la más profunda crisis no solo al país, sino también al sector de los hidrocarburos y han llevado a Pdvsa al borde de su destrucción.

Las ideas no pueden ser encarceladas. Leopoldo lleva más de tres años encerrado como prisionero de conciencia, como lo ha declarado Amnistía Internacional. También lo ha declarado la propia jueza que lo condenó, con el argumento de que, de no haberlo hecho, la presa sería ella.

Desde la soledad de su celda, las ideas seguían bullendo. Las plasmaba en papeles que después le requisaban. Las escribía en las paredes, que los guardias pintaban. Aprovechó las audiencias (más de 80) en los tribunales para sacar subrepticiamente sus escritos. También las escribía en la piel de Lilian y de Antonieta para que pudieran sacarlas de Ramo Verde, pero los guardias las borraban con algodón y alcohol.

De una u otra forma la esposa y la madre del prisionero lograban extraerlas y entregárselas a Gustavo Baquero. Brillante ingeniero industrial egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, profesor de la UCAB y el IESA, con Maestría en el Instituto a Empresa de Madrid y en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.

La propuesta que nos hacen viene a romper los paradigmas petroleros que han conducido a nuestro sector petrolero al desastre. Después de una revisión en la que se analizan los hechos, las ideas y los personajes de nuestra historia petrolera, pasan a analizar la realidad actual y a formular su propuesta.

Comienzan por plantearse una interrogante: ¿por qué si Venezuela cuenta con 20% de las reservas mundiales de petróleo contribuye apenas con 2% de la producción mundial?

Analizan también las teorías de King Hubbert, autor de un modelo estadístico que vaticinaba que la producción petrolera de Estados Unidos llegaría a su pico en la década de 1970, pero que la demanda seguiría creciendo y los precios tendrían que aumentar. Ese mismo modelo, extrapolado a la industria petrolera mundial, sirvió de base a quienes propugnaban recortes de producción fundamentados en la “escasez de los recursos”, para así propiciar aumento de los precios.

Lo que no pudo predecir el modelo de Hubbert fue el impacto de una revolución tecnológica, el “fracking”, que permitiría el aprovechamiento de las reservas de crudo liviano y gas contenido en las lutitas petrolíferas, que se tradujo en un cambio estructural en los mercados petroleros. De ser por definición “escasos”, los hidrocarburos pasaron a ser en la realidad abundantes. Se plantea ahora un “peack demand” en lugar de un “peack oil”.

Para un país como Venezuela, con las mayores reservas petroleras del mundo, esta nueva realidad exige urgentemente un cambio en sus políticas petroleras. No puede nuestro país seguir perdiendo participación en los mercados petroleros. El horizonte de los hidrocarburos tiene un límite. Las preocupaciones ecológicas y nuevas tecnologías limitan su vida útil. Pero Venezuela tiene todavía un margen de varias décadas en las cuales tiene que maximizar su producción, para lo cual requiere de enormes inversiones que no están al alcance del Estado. Se hace por tanto imperativo abrir, cuanto antes, un gran debate nacional para discutir las vías más adecuadas para lograr ese objetivo. Pero no basta solamente con aumentar la producción. Es indispensable también replantearse la forma como la riqueza petrolera debe llegar a la sociedad. El petróleo pertenece al soberano. El soberano no es el Estado, es el pueblo. Por tanto, una parte del ingreso petrolero debe ir directamente a su propietario, al ciudadano, para que este pueda utilizarlo con fines específicos: primas de hospitalización, cirugía y maternidad (HCM), saldo de crédito hipotecario, pensiones.

Las ideas expuestas están analizadas con profundidad. Su estudio amerita, como antes se dijo, un urgente debate nacional. Venezuela energética debe servir de catalizador para ese debate.