Vamos a seguir

Faltando pocos días para la realización ilegal de la constituyente los venezolanos vivimos una realidad de conflicto,  profunda angustia y preocupación ante un régimen que busca imponerse por la fuerza pese al rechazo de todo un país.

Hemos mantenido la protesta y nuestra convicción de darle solución democrática a los graves problemas de la crisis. Pero ante la presión de Venezuela y el mundo, el gobierno de Nicolás Maduro ha respondido con una escalada de violencia, censura y represión. Los días posteriores a las ya infames sentencias del TSJ que inhabilitaban a la AN, desenmascarando la identidad dictatorial del gobierno, han estado signados por los asesinatos a manos de cuerpos de seguridad y grupos paramilitares de más de cien venezolanos, así como millares de detenciones y violaciones a los derechos humanos.

La sociedad venezolana ha sido duramente vulnerada, en medio de una situación de altísima conflictividad y violencia, signada por la crisis histórica, con la actuación del Estado como uno de los principales factores de perjuicio a la convivencia. Nuestra vida cotidiana ha sido afectada de forma profunda, así como nuestros espacios más íntimos y personales. El ánimo de estos días es de crispación, rabia y miedo, ante los escenarios más desfavorables de agravamiento de la crisis y consolidación de la dictadura.

Pero creemos que en el actual momento es necesaria la toma de conciencia ante los hechos, para verlos también  como señales de transformaciones significativas en nuestra sociedad. Cambios positivos que en medio de la tragedia señalan el proceso de surgimiento de la Venezuela posible.

La protesta contra el régimen y su modelo ha logrado reunir a distintos sectores del país, y se ha convertido en un espacio de confluencia para reconocer graves problemas (el hambre, la violencia del Estado, el empobrecimiento de la población) y necesidades comunes. Se ha producido un altísimo nivel de participación y el surgimiento de nuevas maneras de organización, que han sumado  a cada vez más personas y grupos, a lo largo y ancho de la nación. También encuentros por sobre diferencias ideológicas, pero coincidiendo en el respeto a los derechos humanos y la Constitución, como la actuación de la fiscal general y el apoyo a su postura demostrado por líderes y sectores de la sociedad.

En el ámbito político, se ha reconocido la necesidad de inclusión de los diversos  liderazgos (de las comunidades, espacios productivos y académicos, entre otros) y la solución de urgentes problemas de la crisis en lo social (como  pudo verse en el compromiso unitario para la gobernabilidad presentado por la MUD) como condición primordial para el rescate de la democracia.

La consulta popular del 16J es una muestra innegable de estas realidades, en la que se conjugó la enorme participación de millones de venezolanos, junto con una organización y ejecución ejemplares, producidas gracias al trabajo y compromiso de diversos actores sociales.

Estas señales de cambio las hemos estado reconociendo ya en nuestro trabajo por la convivencia en el municipio Libertador. Hemos realizado iniciativas como Alimenta la Solidaridad, un programa que da almuerzos a más de 750 niños diariamente desde el año pasado. Esta iniciativa no podría ser posible sin la participación organizada de las comunidades, el apoyo de organizaciones sociales y entes privados, y la colaboración de voluntariado. Y así como nosotros, existen diversas experiencias que atienden los graves problemas de alimentación, salud y violencia, hechas por organizaciones e individuos en todo el país.

Se trata de esa Venezuela posible, que busca inclusión, respeto, valoración y bienestar. Que quiere participar activamente en la transformación de su realidad. Una Venezuela diversa, novedosa en necesidades y expectativas, pero que reconoce su tradición libertaria, democrática y de igualdad. Una Venezuela de rebeldía y resiliencia que se manifiesta en medio de enormes dificultades y contratiempos.   

Frente al miedo y el desánimo de la incertidumbre  de estos días por venir, nos alienta el reconocimiento de esta Venezuela posible. Un reconocimiento producto de lo vivido. La certeza de que podremos sobreponernos frente a las adversidades y que si respondemos con lo mejor de nosotros, seguiremos siendo agentes de un proceso de cambio y transformación indetenible. Una certeza que nos permite afirmar sin dudas que no seremos sometidos por la constituyente ni  por el régimen que pretende imponerla.

Vamos a seguir.