Unidad, unidad y, por siempre, unidad

La unidad es el más valioso instrumento del que disponen los opositores para derrotar social y políticamente al régimen. Restablecer y ampliar una sólida y viable unidad es y debe ser el objetivo fundamental para la oposición venezolana. Construir el camino que conduzca a la salida del poder de la caterva de incapaces que gobiernan, y reconstruir a la nación sobre paradigmas y orientaciones modernas solo es posible con el concurso de todos los venezolanos. Unida la voluntad de cambio, sin duda, generará la sinergia necesaria que nos dotará de la fuerza y capacidad suficiente de acción para poner fin a esta era de oscurantismo, signada por la más profunda corrupción e ineficiencia operativa del Estado que registra la historia de Venezuela.

A través de la unidad, estaremos en condiciones de sellar el final del mandato de un régimen putrefacto que se identifica y representa el pasado, y que, por lo mismo, no puede conducir el país hacia el futuro. Ese sentimiento profundamente arraigado en cada uno de los individuos que convivimos en esta sociedad, adecuadamente integrado y consolidado por la voluntad unitaria, no puede ser negado ni escarnecido por los detentores de la visión totalitaria, deshonesta, militarizada e íntimamente vinculada a un populismo de corte fascista como es la que tienen Maduro y sus acólitos.

Construyamos una sociedad unida, probablemente con visiones diferentes pero con principios y objetivos comunes, para asumir cabalmente la enorme responsabilidad de reconstruir la nación y reunificar a la sociedad venezolana

Las alianzas que dificultosamente están tratando de construir partidos políticos y organizaciones civiles para la creación de un frente nacional opositor único forman parte del juego democrático y, por ello, las nuevas organizaciones políticas y sociales que emergen en la coyuntura actual también deben tener plena participación activa en la edificación de una unidad remozada en su composición y estrategia de acción y dispuesta dar sus aportes y esfuerzos en aras del país. De hecho, las plataformas de apoyo tanto político como electoral que se establezcan deben constituir un cuadro de acuerdos entre diversos agrupaciones políticas y organizaciones de la sociedad civil que actúe sin exclusiones y preñado de valores éticos que trasciendan los intereses particulares o partidistas y que coloquen la reconstrucción de la Venezuela asolada como el norte de sus esfuerzos y desvelos. La necesidad de reedificar la unidad, precisamente, se fundamenta en tal principio: todos los ciudadanos y organizaciones civiles y políticas opositoras crean la gran alianza nacional para ganar los espacios políticos al gobierno y obligarlo a salir del poder y posteriormente constituir un gobierno de unidad nacional que garantice la gobernabilidad. La unidad nacional debe encarnar la contundente respuesta del país democrático al ineficiente e inescrupuloso bloque gobernante para evitar la destrucción definitiva del orden constitucional y el hundimiento de una normalidad existencial.

La unidad debe fundamentarse en el establecimiento de una nueva relación entre Estado y sociedad que garantice una amplia coalición social y la vigencia de una verdadera comunidad de ciudadanos dispuestos a darle un rumbo diferente a la marcha del país. Se trata, en síntesis, de construir, con la fuerza de la unión, una visión de sociedad que rompa con los conceptos populistas y el estatismo aberrante. Esta visión debe sustentarse en la existencia de un eficiente sistema de gobernabilidad democrática y en un paradigma de progreso compartido y equitativo para impulsar políticas que permitan superar los niveles de pobreza, intolerancia, autoritarismo, exclusión social y arbitrariedad estatal que caracterizan al régimen y, remover, los factores que restringen la libertad de las personas y del colectivo. Este gran esfuerzo de cambio demanda la participación plena de los agentes sociales fundamentales y la asunción de un pacto renovado de compromiso cívico para el progreso, la convivencia, la paz y la solidaridad societaria y para observar y cumplir con una misma hoja de ruta política.

Pero es importante destacar que la salida de Maduro y sus adláteres del poder y del modelo socioeconómico que destruye la nación solo es posible con la férrea unidad de todos aquellos que creemos que su ineficiente desempeño, su errada y escasa visión de lo que debe ser el desarrollo integral de una sociedad y su pasividad frente a los grandes problemas del país exigen su inmediata remoción de las delicadas y complejas funciones y atribuciones de las que están transitoria e ilegítimamente investidos.

En efecto, la agobiante continuidad de errores y omisiones de Maduro y su gobierno en la definición y conducción de las políticas públicas y el asociado despilfarro de los recursos de la nación ha generado un amplio ámbito de riesgos que ha puesto en peligro la supervivencia y la factibilidad del país.

Estos nuevos valores societarios que debemos establecer deben sustentarse en un eficiente sistema de gobernabilidad democrática y en un paradigma de progreso compartido y equitativo para impulsar políticas que permitan superar los niveles de pobreza, intolerancia, autoritarismo, exclusión social, arbitrariedad estatal y abusos institucionales que caracterizan el caos establecido en Miraflores, y remover los factores que restringen la libertad de las personas en su individualidad y como miembros de una comunidad que aspira al progreso y el bienestar. Igualmente, que este gran esfuerzo erradique de su ideario escepticismos, demoras, dudas, vacilaciones y temores.

¡Viva la unidad que nos facilitará el camino redentor de nuestras penurias!