Una turbia bola de cristal

A pocos meses de entregar la batuta, la gestión del presidente Juan Manuel Santos, la que está siendo penalizada por tres cuartas partes del electorado con la opinión de que “el país va por mal camino”, marcará las elecciones del año 2018.

Si el candidato del mandatario actual no consigue desmarcarse de las ejecutorias presidenciales, en el terreno de lo económico y de la paz, puede contar con una lapidaria derrota. Ocurre, además, que las últimas encuestas, las más creíbles del país vecino, también arrojan una significativa desaprobación de su gestión, más abultada que dos terceras partes de la sociedad que elegirá a su sucesor. La medición a la que nos referimos es la de lo que se conoce como la Gran Encuesta, contratada por la alianza del periódico El Colombiano, RCN radio y televisión y periódicos asociados, que acaba de ser dada a conocer.

Si la posición actual del electorado se mantuviera, quien tendría los números ganadores sería el ex gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo. Esa es la foto del día de hoy.

Las razones son variadas. Su candidatura viene creciendo a un ritmo fuerte no solo en la región paisa, donde genera muchos apegos que son el producto de la buena gestión que este exhibió, sino en el país entero. Además, pocos chances hay de que esta región haga las paces con el presidente, porque su rechazo allí supera 80%. Algo parecido puede ser el escenario de la costa caribe en donde las ejecutorias presidenciales lo hacen acreedor también de un voto negativo de parte de cuatro de cada cinco colombianos.

Si la economía colombiana se orientara hacia derroteros diferentes, es decir, si en medio año a partir de ahora el rumbo de esta cambiara radicalmente a favor de un crecimiento prometedor, pudiera Santos sentirse algo más cómodo, pero casi nadie en el país piensa que las condiciones económicas del país se modifiquen. Más bien, lo que reina es el desaliento y el pesimismo con 81% de los encuestados.

Sergio Fajardo lleva bastante más de un año haciéndose conocer en la geografía colombiana con una estrategia capaz de rendirle dividendos: diferenciarse de los partidos tradicionales y evitar las estridencias. A ello le ayuda su mente de matemático. Se dirige al amplísimo contingente de colombianos que están cansados de la diatriba partidista, un segmento que no ha detenido su crecimiento a lo largo de este año.

En torno al gran tema de la paz, en el cual también las opiniones sobre su evolución están divididas, Fajardo se defiende apoyando el concepto de una Colombia sin terrorismo ni droga, pero ni se hace partidario del modelo de paz santista ni quiebra lanzas en favor del uribismo. En dos platos, el hombre entusiasma pero también confunde.

Dicho todo lo anterior, una consulta a la bola de cristal hace que el panorama no se muestre aún claro aún, aunque las encuestan señalen a Fajardo como el candidato preferente. El caso es que el ex alcalde va a tener que remar duro para conseguirse adeptos en medio de aquellos a los que la política no mueve y entre quienes no tienen recordación de su buena gestión en Antioquia.

Aquellos colombianos que en este momento aseguraron que no votarán pudieran cambiar el rumbo de las cosas: 1 de cada 3 de los neogranadinos a esta fecha no tienen planeado salir de sus hogares a decidir el futuro del país, y ello es así a pesar de que hay dos tercios de la población considerando que las cosas no van por la vía que deberían.