Trump y la nueva broma de Maduro

Lejos están los días en que Nicolás Maduro blandía el mazo de la diatriba para condenar los posicionamientos del entonces candidato presidencial Donald Trump contra los inmigrantes mexicanos y las importaciones provenientes de México. Pretendiendo presentarse como adalid del latinoamericanismo, Maduro llegó al extremo de calificar de “bandido, ladrón y pelucón” a Donald Trump y le advertía que “quien se mete con México se mete con Venezuela”.

De repente, como por arte de magia, después de que Trump fue proclamado ganador de las elecciones presidenciales de su país, de esa virulencia no queda nada. Poco importa que el ahora presidente Trump insista y reitere que México habrá de pagar de una forma u otra por el muro en la frontera con México cuya construcción ordenó tan pronto como asumió la Presidencia de Estados Unidos. Todo parece indicar que, en la cúpula del chavismo, la prioridad del momento es intentar un acercamiento con el nuevo ocupante de la Casa Blanca.

La primera señal la envió Diosdado Cabello, cuando hizo causa común con Trump, afirmando que tanto el nuevo presidente de Estados Unidos como el poder chavista habían “sufrido” ataques de los grandes medios de comunicación.

Más recientemente, el propio Maduro ha salido a la palestra, intentando congraciarse con el presidente del “imperio”. Para tales fines, denuncia una supuesta “campaña de odio” contra Trump, afirma que este “no puede ser peor que Obama” y por último pide la derogación del decreto del expresidente Obama que califica a Venezuela como una amenaza para Estados Unidos.

Dos razones podrían estar detrás de ese giro de 180 grados del chavismo.

En primer lugar, Maduro y los suyos no pueden sino ver con buenos ojos que Trump no tenga la menor intención de convertir la defensa de los derechos humanos en uno de los caballos de batalla de su política exterior. De ahí parecen inferir que el régimen venezolano podría seguir reprimiendo a la oposición y a la prensa independiente sin suscitar una reacción adversa del gobierno de Estados Unidos. En segundo lugar, como Trump busca un acercamiento con Vladimir Putin, Maduro podría pensar que Putin estaría en condiciones de interceder ante Trump en favor del régimen venezolano.

La probabilidad es alta, sin embargo, de que tales expectativas resulten ser vanas y de corta duración.

Comenzando por el hecho de que un acercamiento entre Trump y Putin no implica necesariamente que el jefe del Kremlin vaya a convertirse en abogado del chavismo ante el nuevo presidente de Estados Unidos. Al contrario, Putin, quien ha demostrado razonar en términos de esferas de influencia, no tiene en estos momentos ningún interés objetivo en involucrarse en las relaciones de Trump con América Latina y menos aun en trazarle pautas a Trump sobre cómo debería comportarse con el régimen chavista.

Una clara señal de la actitud de Putin a este respecto consistió en su ausencia a los funerales de Fidel Castro. Más de un analista político interpretó la misma como una manifestación de la decisión de Putin de mantenerse al margen de ese evento a fin de no afectar sus relaciones con Trump, quien acababa de anunciar que endurecería la política estadounidense ante el castrismo. Y si ese fue el motivo real por el cual Putin no asistió a los funerales de Fidel, ¿por cuál razón habría de jugar ahora sus cartas por Maduro?

Es cierto que el Kremlin publicó recientemente una nota crítica contra la oposición venezolana. Pero dicha nota podría ser interpretada como una manifestación de agradecimiento al régimen venezolano de parte de Putin por haber recibido el “Premio Hugo Chávez a la Paz” y no compromete en nada la postura que el nuevo zar de Rusia pudiera asumir con respecto a Venezuela ante Donald Trump.

Por otra parte, en Estados Unidos, congresistas de ambos partidos objetan y critican la benevolencia que muestra el nuevo presidente estadounidense hacia los regímenes arbitrarios, en particular el de la Rusia de Putin. En esas circunstancias, para Trump sería una jugada políticamente útil y nada riesgosa el mostrar firmeza ante un régimen autoritario desprestigiado y exangüe como es el de Nicolás Maduro, pues tal actitud contribuiría a eliminar las críticas que emanan del Congreso de su país.

Añádase a esto que Rex Tillerson, el candidato a secretario de Estado propuesto por Donald Trump, era el presidente ejecutivo de ExxonMobil en el momento en que esa empresa transnacional fue expropiada en Venezuela por Hugo Chávez.

De ser confirmado como secretario de Estado por el Senado de Estados Unidos, Tillerson tendría oportunidades de sobra para hacerle pagar un alto precio –político y económico– al régimen que se apoderó de los activos de aquella empresa.

Cabe señalar que, en sus declaraciones ante la comisión del Senado estadounidense que evalúa su candidatura, Tillerson calificó de “incompetente y disfuncional” el gobierno de Nicolás Maduro (así como el de Hugo Chávez) y recalcó la necesidad de “seguir denunciando las prácticas antidemocráticas del gobierno de Maduro, pedir la liberación de los presos políticos y hacer cumplir las sanciones contra los violadores de derechos humanos en Venezuela y los narcotraficantes”. Añadió que buscará, junto con otros actores internacionales, una transición a la democracia en Venezuela y expresó su apoyo a las iniciativas a este respecto del secretario general de la OEA, Luis Almagro, una de las ovejas negras del régimen chavista.

Otro motivo de inquietud para Nicolás Maduro reside en el interés mostrado por Donald Trump, ya presidente, por la suerte de Leopoldo López y Antonio Ledezma.

El régimen de Venezuela tendría pocas cartas de regateo en un pulso con Donald Trump en que el presidente estadounidense ponga en juego las importaciones de petróleo venezolano, pues Estados Unidos es uno de los pocos países que le paga en dólares el petróleo a Venezuela.

Para el chavismo, los motivos de desasosiego tienen que ver igualmente, tal vez sobre todo, con la lucha contra el narcotráfico, la cual será una de las prioridades de la administración de Trump, como ya lo hizo saber el general retirado John Kelly, nuevo secretario de la Seguridad Interior (Homeland Security).

El hecho de que el ex presidente Obama haya obtenido, en el último día de su mandato, la extradición desde México del narco Chapo Guzmán podría inducir a Donald Trump a no querer quedarse atrás e intentar capturar un pez gordo del narcotráfico internacional de envergadura similar. El llamado Cártel de los Soles podría convertirse así en el blanco favorito de la administración Trump.

Por todo lo antedicho, no ha de descartarse que, más temprano que tarde, el régimen de Maduro se verá obligado a abandonar sus expectativas con respecto a Donald Trump. Y cuando eso ocurra, al ocupante de Miraflores no le quedará más remedio que comenzar a insultar de nuevo a Donald Trump y declarar con el rabo entre las piernas –como lo hizo a propósito de su oferta de canje de Leopoldo López por el independentista puertorriqueño Oscar López Rivera– que sus tentativas de acercamiento al presidente estadounidense, así como el haber afirmado que Trump no sería (para el chavismo) peor que Obama, fueron tan solo una broma más.