¡Señor presidente! (Parte II)

“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor”.

(1 Corintios 13: 4-5)

Mis respetos y consideración:

Donde prevalece el sistema de precios diferenciados por decisiones centralizadas, que sin dudas dan origen a la especulación a cualquier nivel y escala, en absoluto todo tiende a decaer. Aun así, en condiciones adversas para sustentar una vida digna o lograr la supervivencia del individuo y su núcleo familiar, el “homo economicus o el humano en su condición innata de ser económico “emerge a la superficie con más vigor y rigor”. Así se demuestra en la rutina diaria de cada vez más venezolanos (no obstante los altos grados de incertidumbre)), que a través de diferentes canales de comunicación (informales más que formales) logran disponer de la información básica necesaria que les permite proceder con debida y acertada diligencia (sustentada en el egoísmo racional y quizás también en el ético y psicológico) cumplir con el objetivo de “lograr la mayor cantidad de productos disponibles o ingresos monetarios posibles con el mínimo nivel de gastos y costos exigibles”.

Seguido se presenta una situación presumiblemente real referida a algún lugar de San Cristóbal (extensible a Venezuela): tal cual como fue informado e incluso reza en un aviso plasmado en las fachadas de dos panaderías (A y B) que coexisten y atienden a la misma comunidad y parroquias circunvecinas, se vende pan a precio regulado en el siguiente horario y con la condición de máximo 20 unidades de pan español y 2 de tipo pan canilla. Una de ellas (A) vende pan español a 1.600 bolívares la unidad, de 2:00 pm a 3:30 pm (o antes si termina la producción planificada), y luego a las 5:30 pm vende pan canilla a 11.000 bolívares. La otra (B) en su horario en la tarde desde las 4:00 pm aproximadamente hasta que se agote la existencia vende el pan español a 1.600 bolívares y el pan canilla a un precio de 16.000 bolívares la unidad respectivamente. En estas circunstancias cualquier grupo familiar (4 personas) para resolver “racionalmente” su problema de rigidez presupuestaria y precario poder de compra podría:

En la panadería A cuando menos (ya que existe la posibilidad de hacer la rotación en el mismo horario) puede adquirir 4 bolsas de pan español (cada una de 20 unidades) a un costo total de 128.000 y de pan canilla 8 unidades equivalente a 88.000. En total serían 216.000 bolívares que perfectamente pueden transformarse en la misma tarde en 720.000 bolívares por concepto de revender el pan español y canilla al precio que rige en el mercado. Es decir, una ganancia de 504.000 bolívares que perfectamente cabría la posibilidad de ser empleados en comprar el complemento para el sustento diario familiar. Pero quedando aún la oportunidad para completar la faena de hacer algo similar en la panadería B y obtener también un potencial lucro cercano a los 464.000 bolívares. Para un gran total de “ganancia” en un día de 968.000 bolívares.

Esto sin duda es “racionalidad” para optimizar los recursos existentes y solventar necesidades de vida, pero también puede verse como el lado oscuro o salvaje del capitalismo” a causa de una errada concepción del “socialismo en su cara desnaturalizada y atroz”, que centraliza absolutamente todo, distorsionando en particular el sistema de precios, entre ellos el tipo de cambio controlado y la brecha mal intencionada que genera el “today” perverso.

Pero en la misma sintonía analicemos brevemente lo acontecido la última semana en relación con la decisión por parte de la autoridad central de bajar los precios de los productos en varios supermercados iconos del país. Veamos en primer término el testimonio (06-01-2018) de algunos venezolanos, representando el mismo (en el proceso de triangulación para generar un conocimiento científico pertinente y procedente a encontrar la solución sustentable) una fuente o arista inagotable de información para describir el fenómeno socio, económico y político en el cual todos estamos inmersos:

“Ayer (viernes pasado) mi hija mayor estaba en el supermercado (San Cristóbal), había una leche de 400 gramos en bolívares 160.000 y el Sundde la hizo bajar a 60.000 bolívares. El gerente la hizo la desaparecer y la gente se molestó. Cerraron el supermercado con la gente adentro (incluyendo mi hija y la policía). Hubo peleas terribles. La gente desesperada tomando todo lo que pueden de los anaqueles. La sardina la bajaron a 5.170 bolívares, atún a 11.015 bolívares, la salsa de tomate a 14.676 bolívares, galleta Club Social a 11.334 bolívares (esto en Caracas). Sabes que a pesar de la baja grotesca de los precios igual las personas no consiguieron los productos de primera necesidad: harina, arroz, pasta azúcar”. (Martínez, M., Táchira.).

“Resulta inconcebible y grosero que como por obra de magia en el supermercado (San Cristóbal) un día todo el anaquel repleto de avena al precio de 60.000 bolívares, al día siguiente no había nada, al tercer día apenas una porción en 20.000 bolívares y al cuarto día aparece nuevamente con el 100% de incremento en su precio”. (Ibarra, I., Táchira).

 “A los pobres nos quiere matar de hambre y a los que tienen algo de dinero quebrar. Así no se construye un país”. (Rodríguez, A., Zulia).

“De locura, eso traerá más escasez. Te lo aseguro”. (Fernández, K., Zulia).

“Esto es absurdo. Qué pueden hacer los dueños de abastos, si compran a precios de especulación deben vender a un precio también de especulación”. (Pereira, J., Lara).

“Todos los precios de los productos los ajustan a diario de manera descarada al valor del dólar today que nadie sabe ni de dónde ni cómo sale. Si mañana esa gente dice que el cambio es de 1 millón de bolívares por dólar será que todos cobrarán a ese precio. Es una barbaridad que no se le ponga coto a ese cáncer”. (Dugarte, O., Barinas).

“Solo busca demostrar que la escasez y el alza de los precios es culpa de los demás y no de su competencia para el manejo de la producción del país”. (Fleitas, J., Barinas).

“Al César lo del César. El gobierno cívico-militar responsable de la situación actual está obligado a buscar soluciones”. (Tugues, J., Caracas).

“Me parece genial porque esto no lo aguanta nadie”. (Labastida, G., Mérida).

“Esto hace que se distorsione más ese ser humano. Triste realidad y asumir lo que se tenga a la mano para adquirir y cocinar”. (Contreras, Y., Táchira).

“Creo que es una manera de terminar definitivamente con los supermercados y obligarnos a depender de ellos”. (Boada, D., Táchira).

“Se comprueba que el sistema económico es el de regular todo. Nada funciona natural o de acuerdo con el mercado. Imposible controlar todas las variables”. (Sánchez, T., Táchira).

Por nuestra parte es deber reafirmar que un productor o empresario “racional” condiciona su labor emprendedora con base en la conformación descentralizada, transparente y natural de un sistema de “precios remunerativos y lucrativos, de forma tal que se motive e incentive el esfuerzo laboral e intelectual y la inversión económica de capital”, además de que obedezca a “criterios estrictamente de orden económico y con alto grado de confiabilidad, credibilidad, seguridad y certeza”. Lo contrario, donde impera la “abusiva injerencia centralizada y la excesiva burocracia gubernamental” acarrea que persistan los “desequilibrios recurrentes”, que sistemáticamente hacen alejar el preciado equilibrio entre la oferta y demanda de los bienes y servicios que se necesitan, y, por tanto, el precio que se alienta y se retroalimenta es el especulativo que corroe progresivamente a toda la sociedad.

Sin embargo, el proceso de descodificar, descifrar y describir el trasfondo o lo “oculto” del sistema económico venezolano a través de la fenomenología, la hermenéutica y la aplicación de modelos o algoritmos económicos-matemáticos que postulamos como “criptoeconomía”, sustenta el proceder pragmático que en la primera parte de esta misiva fue esbozado, pero que además debe considerar cuatro pilares fundamentales complementarios a favor de la renovación de la imagen, la credibilidad, la certidumbre y la tranquilidad:

i) Antes de promover la moneda virtual “petro” (que debe cumplir la condición de ser descentralizada y permitir que actué de acuerdo con las condiciones del  mercado digital) se deben agotar todos los esfuerzos en fortalecer orgánicamente la moneda nacional “bolívar”,  y así restituir sus funciones básicas: medio de pago, unidad de cuenta y depósito de valor. ii) Transferir poder adquisitivo a todos los trabajadores decentes en función de un real ajuste salarial a igual nivel por lo menos al que existía en diciembre 2007. (Se dispone de la propuesta metodológica al respecto). iii) Generar un nuevo cono monetario pero acudiendo a otra reconversión monetaria (análogo a lo hecho en 2008). iv) Sin marginar la dimensión social unificar el tipo de cambio a un valor entre 30.000 bolívares y 50.000 bolívares por dólar, lo que permitirá de inmediato neutralizar el “today” y eliminar los carteles o estructuras monopólicas que nacen y se reproducen a la sombra de la perversidad del sistema de precios diferenciados.

Por último, a propósito de transferir poder de compra a los trabajadores decentes del país (estrechamente relacionado con todo lo planteado) se comparte extracto de un producto académico elaborado en octubre de 2010 denominado: “Se quiere pero no se puede”.

Por cuestiones de necesidad existe en el caso de la familia universitaria, una significativa cantidad de trabajadores que irremediablemente utilizan la tarjeta de crédito como casi la única alternativa (junto con el anticipo del fideicomiso) para financiar necesidades esenciales de su “vida”: alimentación, vestido, gastos médicos, estudios de sus hijos, actualización y mejoramiento profesional-académico, etc.

Pero esta forma de mantener cierta calidad de “vida” o de darle cobertura a la misma presenta una dimensión económica-financiera negativa, y es que si no se dispone de la capacidad de pago necesaria para respaldarla llega un momento en que la “vida” se complica e incursiona en escenarios verdaderamente dramáticos. Sin mencionar o analizar otros factores, esto es debido no solamente al deterioro progresivo de nuestros sueldos y salarios, sino también al retraso en el pago de los beneficios laborales que le son imputables en función de acuerdos del Acta Convenio y de la normativa laboral vigente en nuestro país.

Consecuentemente, la situación agravante aparece cuando no se dispone del flujo financiero suficiente para realizar los “pagos mínimos” a la tarjeta de crédito con la inminente realidad de caer en estado de “morosidad”, e iniciar una nueva estación que se caracteriza por recibir continuamente el acecho de los cobradores y las amenazas respectivas de orden legal. Y la excusa contundente o las argumentaciones que se presentan ante los representantes financieros es que se “quiere pagar pero que no se puede pagar” son inaceptables, y proceden a paralizar “ipso facto” el financiamiento, donde es posible llegar a acuerdos de pagos pero sobre la base de una declaratoria de incapacidad de pago plenamente justificada.

Esta realidad la viven o vivimos gran cantidad de trabajadores universitarios. Por ejemplo, en el caso netamente académico con mi tarjeta de crédito me ha correspondido financiar el funcionamiento de la universidad con el fin de tratar de mantener la excelencia académica en el área de conocimiento de mi competencia: estudios y, actualizaciones, viajes a presentar ponencias, adquisición de libros, etc. Ahora bien, esta situación ya es insostenible: “se quiere pero ya no se puede”.

Agradezco en nombre de mi familia, compañeros universitarios y venezolanos en general la atención y consideración. Pero igualmente con el mayor respeto espero tener la oportunidad de expresar y exponer personalmente ante su autoridad el contenido aquí presentado.

Salud y armonía son mis deseos.

pmoral@unet.edu.ve