El que ríe de último…

Un NO del tamaño de un edificio le dio por respuesta Juan Manuel Santos a Nicolás Maduro ante la propuesta del segundo de reunirse con el primero en torno al caos migratorio que los vecinos enfrentan por el éxodo masivo de venezolanos.

Este problema de la avalancha de venezolanos escapando a Colombia se les ha ido de las manos a ambos presidentes por razones muy distintas en cada caso. La inexistencia de un programa conjunto de tratamiento de los asuntos fronterizos es lo primero que uno tiende a deplorar, pero es que no ha podido nunca haber coincidencia de criterios en el montaje de un plan de coordinación transfronterizo por la diferencia existente en los propósitos de cada uno.

Del lado de Nicolás Maduro, este fenómeno está jugando más a favor de la terminación de su mandato que ninguno otro, léase la miseria, el hambre o el desastre sanitario en Venezuela. Sobre estos gigantescos problemas sociales aún el presidente venezolano puede continuar metiendo el sucio debajo de la alfombra de cara al mundo y pretender que se trata de exageraciones de la oposición venezolana.

Pero no hay mucha mentira que inventar frente a lo internacional, cuando en los videos que circulan del lado colombiano se evidencia la flagrancia y la enormidad del drama humano nuestro que ahora afecta a otro país.

A Juan Manuel Santos también el problema le está quedando grande, porque no se circunscribe solo a darles adecuada atención a los refugiados como él quiere hacer ver. Es que, por un lado, es en inglés que los americanos le están exigiendo al presidente de Colombia que se enserie en los asuntos del tránsito de droga hacia Venezuela y, por el otro, las acciones de los terroristas del ELN, organizadas en complicidad con agentes militares y gubernamentales de Venezuela, también se le han convertido en una piedra en el zapato y en una prioridad inmanejable.

Hasta estos momentos, es con bastante negligencia que Juan Manuel Santos ha tratado los asuntos fronterizos. Así nos lo acaba de recordar el presidente de Fedenaga de Colombia, José Félix Lafaurie, cuando acaba de escribir que “la última reacción oficial del gobierno colombiano por el amparo de Chávez y Maduro a esos narcoterroristas se produjo en julio de 2010, un mes antes de iniciarse la era Santos”.

Así que Colombia tiene que pensar mejor una eventual reunión con el alto gobierno de Venezuela en este momento.

A horas apenas de que se publique este artículo, el ministro del Interior venezolano ha denunciado que el Ejército de Colombia está reclutando ciudadanos venezolanos para "para crear falsos positivos que deriven luego en una escalada de violencia" en la frontera. ¡Menuda aberración!

Lo sensato, pues, del lado colombiano, es esperar a contar con el respaldo poderoso en contra de la dictadura madurista que se armará en abril en la Cumbre de las Américas en Lima, a pocos días de distancia de las írritas elecciones convocadas por la oficialista asamblea constituyente venezolana.

Es que, como en toda clase se situaciones de conflicto, el que ríe de último, ríe mejor.