¿Puede Rusia?

Es frecuente escuchar que las sanciones de Estados Unidos arrojarán al régimen en los brazos de Rusia y China. Veamos:

En 1961 Fidel Castro dijo: “¡Lo que no pueden perdonar los imperialistas es que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos!”. Acto seguido le entregó Cuba a la URSS, que procedió a emplazar cohetes atómicos capaces de alcanzar todo el territorio de Estados Unidos. Aquello ocurrió en el momento más álgido de la Guerra Fría.

En 1962 un avión espía U2 descubrió aquellos cohetes y Kennedy exigió su retiro. El mundo estuvo al borde de un holocausto nuclear. A última hora, Kennedy y Kruschev llegaron a un acuerdo: la URSS retiraría los cohetes y Estados Unidos se comprometería a nunca invadir Cuba.

Pero la economía cubana estaba destruida. Solo pudo mantenerse porque la URSS se la echó a cuestas. Pudo hacerlo porque la potencia comunista se encontraba en la apogeo de su poderío militar y económico. Una plataforma a pocas millas del territorio norteamericano era un activo estratégico invaluable.

Después el comunismo se vino a pique en el mundo. En el llamado “otoño de las naciones”, en 1989, se desmoronaron la Cortina de Hierro y el Muro de Berlín. Incluso en 1991 el comunismo se desplomó en la propia URSS, la cual se desintegró en 15 naciones diferentes.

“Es el fin de la historia” proclamó Fukuyama. Se había acabado la Guerra Fría. Uno de los dos sistemas que pugnaban por controlar el mundo –el capitalismo y el comunismo– había sido derrotado.

Y esto nos trae de regreso a Venezuela. Con varias décadas de retraso, Chávez y Maduro intentaron repetir la hazaña de Fidel: proclamarse socialistas en las propias narices de Estados Unidos. Ya emularon a Castro: destruyeron la economía del país en un lapso asombrosamente corto y lanzaron a 82% de las familias venezolanas por debajo de la línea de la pobreza y a 50% por debajo de la pobreza extrema (UCAB, UCV, USB).

Cabe ahora preguntarse: ¿logrará Maduro repetir la otra hazaña de Fidel, es decir, la de que Rusia se eche a cuestas a Venezuela?

A diferencia de lo que ocurría en 1962, la URSS comunista ya no existe. Rusia atraviesa por una muy comprometida situación económica porque, tal como nosotros, depende extremadamente del petróleo y el gas. No puede, sin embargo, afirmarse que su economía se esté yendo por un sumidero como la venezolana.

Tras sufrir en 2009 la mayor crisis desde el fin del comunismo, Rusia entró en una nueva depresión en 2015 y 2016 debido a la fuga de capitales, la caída del rublo, la baja del petróleo y las sanciones occidentales que siguieron a la crisis de Ucrania. Su economía decreció durante dos años consecutivos (-3,7% en 2015 y -0,8% en 2016) y se prevé un crecimiento marginal en 2017. Su situación podría definirse como “establemente mala”.

No está Rusia en condiciones de lanzarse a ninguna aventura. En todo caso, sus prioridades geopolíticas siguen siendo Ucrania (porque en Sebastopol está la flota rusa del Mar Negro) y Siria (porque en Tartus se encuentra su base naval en el Mediterráneo).

Mal podría Rusia echarse a cuestas a Venezuela, cuyo régimen ni siquiera logra pagarle la deuda vencida que alcanza a 2.840 millones de dólares. Rusia tuvo que recortar su presupuesto en 1.000 millones de dólares debido a la falta de pago de Venezuela y, para colmo, los envíos de petróleo por pago de deuda convenidos con Pdvsa no se han cumplido. Adicionalmente, hace poco una naviera rusa –Sovcomflot– embargó en San Martín un cargamento de petróleo de Pdvsa por una deuda de 30 millones de dólares.

El saldo de la gestión revolucionaria es: Pdvsa destruida, la producción petrolera cayendo, escasez rampante, la inflación más alta del mundo, un déficit fiscal inmanejable, el agro devastado, el aparato productivo en ruinas, el bolívar destrozado, crisis humanitaria, aislados del mundo, al borde del default, sancionados por Estados Unidos y sin acceso al financiamiento.

Es poco probable una reedición de la Guerra Fría en defensa del régimen. Dudo que Rusia esté en condiciones de sacarlos del atolladero, aunque sin duda el oso ruso intentará obtener todo el provecho que le ofrecen en bandeja de plata a costilla de nuestra soberanía.

Próxima entrega: ¿Puede China?