Petróleos indigestos

El régimen más corrupto de la historia venezolana, que es mucha corrupción, anunció que iba a “limpiar” Pdvsa, y de un manotón súbito convirtió en presos a ejecutivos de primera importancia, y con ellos cómplices beneficiarios (incluido “Míster Rolex” como era conocido el primo rojo rojito, en el Caracas Country Club), bajo la lupa profunda, justiciera, musculosa y vengadora del fiscal constituyente.

Escondido en algún lugar del mundo, que sin duda debe ser muy confortable, quien fuera hombre de confianza de Chávez y artífice del desastre petrolero (los actuales presos vienen de su pródigo seno y roja pedagogía) fue echado de su lujosa embajada neoyorkina y se ha convertido de golpe y porrazo en héroe del supuesto chavismo original –según él– y encima crítico duro y público de Maduro, quien, para corregir la torta petrolera, ha puesto al frente de todo a un general que no sabe de petróleo pero sí de fe madurista.

De manera que por obra y gracia de Maduro y sus drusos, ahora tenemos heterogéneas oposiciones. La de los que se autoproclaman chavistas originarios y ortodoxos, los chavistas rojo-ramiristas, los que conversan y buscan espacios en Santo Domingo inspirados por la social incompetencia de Rodríguez Zapatero y la más grande, la gran mayoría, pero a la cual no le quieren hacer caso, la de millones de venezolanos decentes de principios éticos morales y buenas costumbres ciudadanas que están hartos.

Todo pasa mientras los adecos que una vez fueron héroes de la resistencia antiperezjimenista, bajo la nueva perspectiva del espacio, bajan la cabeza y constituyentemente convocan a recontarse para que Delcy Rodríguez les permita seguir; después de todo para ellos y otros imitadores, la resistencia es cosa del pasado y los espacios negociados asunto moderno, aunque algunos practicantes del toma y dame unetista no se sientan complacidos y quieran ahora sus pequeños y muy propios espacios aunque en realidad no haya para todos.

Con criterio similar, jefes opositores de lo que fue la MUD, ya sin gente, pero con extensas agallas hambrientas, vuelven a reunirse con delegados de confianza del oficialismo bajo la espesa sombra del misterio, para conversar, dialogar, pactar, llámelo como quiera. Que no darán resultados positivos para la ciudadanía, pero sí saldrán beneficiados buitres y zamuros que pululan como moscas alrededor de la descomposición de la politiquería oportunista.

¿Será verdad tal milagro, que han decidido meterle mano dura a la corrupción o consiste en un pleito entre bandas por el poder absoluto, como aseguran algunos conocedores y lenguas flojas? ¿Durará el empeño moralizante? ¿Hay cambios en la orientación del oficialismo y, como considera Bloomberg, algunos proponen “reformas promercado”? ¿Acaso Maduro desea el final de la dupla Ramírez-Cabello, que dejó Chávez para ponerle preparo al nicolasismo? ¿O solo es una treta en busca de que el desastre petrolero no lo salpique en su ya desatada campaña presidencial para la reelección?

La pregunta importante consiste en si se está empezando a producir un ajuste en la dirección del régimen deshonesto, torpe y perjudicial; sea por buscar una nueva imagen de cara a las elecciones presidenciales, quizás la desesperación por la falta de recursos financieros y el pánico porque Estados Unidos cada día necesita menos el petróleo de la OPEP –Venezuela incluida–, angustia que mantiene en desvelo al madurismo, que empieza a sentir síntomas de asfixia nacional por años de populismo descarado y desgastante o presiones de quienes pueden aportar recursos frescos aumentando la abrumadora deuda, que no prestarían a un desastre como el actual. Conocen mejor que nadie los cuentos chinos.

Lo que no cambiará es la caída sin freno de la popularidad de este desgobierno en guayabera y el aumento de la desconfianza e indignación de quienes han sido engañados y burlados, proceso demasiado riesgoso para el régimen y buena parte de sus opositores, en un ambiente social, político y económico como el actual, no por aparente calmado menos potencial explosivo.

Es un caldo que excede las habilidades perversas del castrismo, que además anda preparándose para el supuesto evento final de Raúl Castro, casi nonagenario, para dejar la Presidencia –no necesariamente el poder– en 2018, lo cual implicaría un relevo generacional y cambios de orientación. Los bolivianos tendrán que decidir si renuevan el mandato y el museo de Evo Morales mientras Centroamérica, con todos sus problemas, avanza hacia la democracia. Los europeos rechazan rebeldías mal manejadas como la catalana y Argentina, Chile, Perú y Panamá, con dificultades, siguen sus caminatas con paso firme hacia la libre economía, prosperidad, democracia y nuevas dirigencias.

Estados Unidos se acerca a China y Oriente a Occidente, todo por la economía, Trump se enreda en tuits, pero no está gobernando como se esperaba y se abraza con chinos, rusos e indios, amenaza con desaparecer del mapa al chiflado nuclear de Corea del Norte, pero deja el asunto en manos de Pekín y, no lo duden, mantiene un ojo alerta sobre Venezuela no para invadir sino para poner frenos. En África, también ahogada en complicaciones e injusticias, la democracia avanza, paso a paso, con lentitud, pero progresa.

Para Maduro el riesgo con Ramírez es lo demasiado que sabe y ya ha precisado, palabras más o menos: “Les recuerdo que estuve años al lado del comandante eterno y cuando agonizaba llamó a cuatro personas, yo uno de ellos”. Pónganse alpargatas que lo que viene es joropo, guerra avisada no mata soldado, ¿o sí?

Justicia, venganza, torpeza y socialismo, mezcla explosiva.