Pdvsa roja rojita (de pura vergüenza)

A Pdvsa la destruyeron. De acuerdo con Petroleum Intelligence Weekly para 1996 era la segunda mayor empresa petrolera del mundo. Era la mayor empresa de cualquier tipo de la América Latina (hoy ocupa la posición número 59).

Contaba Pdvsa con 6 refinerías en Venezuela, dotadas con la más moderna tecnología y procesos de conversión profunda para transformar los crudos de mala calidad venezolanos en derivados de alto valor.

Para 1998 la empresa estaba produciendo 3.600.000 b/d. Éramos el primer abastecedor extranjero de petróleo a Estados Unidos donde enviábamos 1.800.000 b/d y contábamos con nuestra filial Citgo –100% perteneciente a Pdvsa– dueña total o parcial de 7 grandes refinerías.

Esas refinerías estaban diseñadas como un traje a la medida para procesar los crudos ácidos y pesados de Venezuela.

Teníamos oleoductos que atravesaban Estados Unidos de sur a norte, 66 terminales y 15.270 estaciones de servicio abanderadas con la marco Citgo. Controlábamos a través de Citgo 10% del mercado de gasolina más grande del mundo, el de Estados Unidos.

Habíamos logrado una integración vertical perfecta. Éramos capaces de extraer el crudo de nuestro subsuelo y despacharlo en los tanques de gasolina de los automovilistas americanos, después de transportarlos y procesarlos en instalaciones únicamente venezolanas: pozos, oleoductos, refinerías, puertos, terminales, supertanqueros, etc.

Durante un tiempo tuvimos limitaciones para repatriar dividendos de Citgo a Venezuela hasta cancelar los financiamientos obtenidos (sin aval del Estado) para comprar y reformar aquella red de refinerías pero, para 1997, Pdvsa ya había pagado todas las deudas y podíamos ya repatriar dividendos sin limitaciones a la casa matriz.

También contábamos con 4 refinerías en Alemania, 2 en Suecia, 2 en Inglaterra, 1 en Bélgica, 1 en Saint Croix y 1 en Curazao. En total disponíamos de 20 refinerías con capacidad total para refinar 3 millones de b/d.

En Venezuela se adelantaba el proceso de apertura petrolera. La Corte Suprema de Justicia había definido los mecanismos que, ajustados al artículo 5° de la ley de reversión, permitían la incorporación de capitales privados a la industria petrolera venezolana.

Definidos tales mecanismos (que siempre dejaban en manos de Pdvsa el control y la decisión final en todas las operaciones), se procedió a pedirle al Congreso Nacional fijar las bases mínimas de negociación.

Se procedió a la licitación internacional y transparente de cada uno de los contratos y, después de suscritos, se enviaron al Congreso Nacional para su ratificación.

Aquel proceso de apertura petrolera implicaba una inversión conjunta de más de 65.000 millones de dólares, gracias a las cuales nuestra producción petrolera ha debido superar los 5 millones de barriles diarios... Pero...

Hoy Pdvsa está semidestruida, endeudada, en default selectivo. Solo producimos 1,8 millones de b/d. Hemos perdido o vendido numerosas refinerías, incluso la de Cienfuegos en Cuba, donde se había realizado una cuantiosa inversión.

Solo en los 2 últimos meses nuestra producción cayó en 250.000 b/d y apenas operan 40 taladros, contra 120 en 1998. Contando con más de 20% de las reservas probadas mundiales de petróleo aportamos solo 2% de la producción. Uno tras otro se vienen perdiendo arbitrajes internacionales.

De 40.000 trabajadores Pdvsa pasó a tener 160.000. De un sistema de meritocracia pasó a uno de “corruptocracia”. La empresa se encuentra sumida en un carnaval de abyectas y asombrosas acusaciones de corrupción.

De ser la empresa que más riqueza creaba en el país, es ahora la que más pobreza genera, ya que el financiamiento del déficit de su flujo de caja mediante dinero inorgánico creado por el BCV es la mayor causa de la hiperinflación en que se ha hundido Venezuela. Nada empobrece más a la gente que la inflación. A la vez los excedentes monetarios provenientes de los auxilios financieros a Pdvsa, al no encontrar qué comprar en el país, se desvían a la compra de dólares en el mercado paralelo, siendo por tanto responsables de la acelerada devaluación del bolívar en ese mercado.