Opciones y opiniones

Cada vez que nos enfrentamos a una decisión, llegamos a una noche de cielo que revienta de estrellas. En primer momento nos deslumbramos con las más luminosas, pero en la medida que acostumbramos la mirada lo vemos saturarse de menudos puntos de luz. Cuanto más cerrada es la noche, mayor es la cantidad de estrellas que podemos ver.

En otros artículos he hecho referencia a la oscurana que vivimos los venezolanos, una noche preñada de pesadillas que aparenta no tener fin. Pese a ello, o quizás precisamente por tal razón, hay una miríada de opciones que se nos presentan con mayor o menor brillo, con más o menos permanencia. Y se nos multiplican las opciones.

Un rasgo, que bien puede ser tildado de arquetipal, en los amos y señores de nuestras pesadillas es la pretensión de hacernos ver, pensar y sentir según lo que para ellos es el culmen de todos los dogmas. Lo peor es que pretenden, y lo hacen sin el menor titubeo, arrojar a desiertos, destierro y calabozos a quienes no comulgan con sus monsergas desabridas.

De los "ideólogos" del esperpento rojo ese actuar no es de extrañar, debiera asombrar si fuera de manera contraria. Mientras tanto, y como quien no quiere la cosa, del lado acá del escenario vemos cada vez crecer más y más, como la verdolaga, émulos de ellos. De todo hay, desde cagatintas faramalleros que a duras penas hilvanan sujeto, verbo y predicado; hasta “catedráticos” de pomposa actitud que tratan de deslucir a quienes señalan los oropeles que deslumbran en el mar de opciones que tenemos para salir de este marasmo.

Las estrellas están ahí; aunque su luz no se vea a simple vista no significa que no existen. Solo quien aprende a verlas y entenderlas logra encontrar el camino en medio de la espesa noche. Allá aquellos que se empeñan en seguir las luces de faroles fatuos.

© Alfredo Cedeño

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