Notas sobre liderazgo y responsabilidad

“Nadie es mejor que otro si no hace más que otro”. Miguel de Cervantes en El Quijote de la Mancha.

He venido reflexionando sobre el tema de la responsabilidad por considerar que allí radica una de las grandes carencias y falencias de nuestra dinámica social. Nótese que no es un asunto público o privado, aunque resalte ciertamente más en la esfera del desempeño estatal, pero apunto al seguimiento de nuestro operar como colectivo nacional. En Venezuela no somos dados, voluntariamente al menos, a rendir cuenta de nuestros actos, y menos aún a asumir que nuestra conducta siempre impacta de una u otra manera a los demás.

Paradójicamente, nuestra Constitución vigente dio pasos en la dirección de sistematizar un complejo normativo de responsabilidad y responsabilización que descubre y exige el sentido de una estructuración republicana que programa, funcionalmente, un accionar ceñido a metas y resultados. Todavía más se advierte que el título VI de la CRBV y relativo al régimen socioeconómico y especialmente a lo que atañe al manejo de las finanzas públicas estableció objetivos macroeconómicos y un variado elenco de reglas fiscales constitucionales y legales. Ese constituyente, tal vez inconscientemente o intuitivamente, pretendió disciplinar al poder para responsabilizarlo de sus ejecutorias y resultas, pero al acudir a los mecanismos, principios, reglamentaciones, ambicionó más ciertamente.

Las instituciones son, no obstante, las personas que las encarnan, repetía alguna vez De Gaulle, y, entonces, el asunto se centra en los hombres y mujeres que anudan en las dignidades públicas. Siendo así, angustia encontrar al cínico en la cima, mirando bajo su hombro a los demás, engreído o simplemente endiosado, fascinado, seducido de sí mismo. Asusta leer en las noticias que los líderes de Corea del Norte y Trump juegan con un arsenal nuclear, sobre todo, porque nos hacemos preguntas sobre su consistencia ética. El compromiso con el cargo debe pesar porque significa mucho, pero hay, y lo sabemos, quienes creen que el oficio de dirigir, conducir, mandar los exime, los convierte en distintos y mejores a pesar de la cosecha de lo que sembraron.

Por eso, denuncio la irresponsabilidad de la clase política gobernante en Venezuela, que ha traído a la cotidianidad de nuestras vidas el fracaso, la ruindad, la frustración y se postula para continuar dominando el escenario en el teatro institucional, sin sujetarse al examen de los destinatarios del poder, a quienes saben reacios y críticos, pero a los que han decidido desconocer. Oír a Elías Jaua informar que el próximo candidato del chavismo sería Diosdado Cabello implica que ya ellos mismos apartaron a Maduro, a quien imputan el desastre, y lo peor es que presentarían a quien representa la esencia misma de los excesos, abusos, desviaciones antidemocráticas, rechazado por la enorme mayoría de los compatriotas. ¿No les importa eso?

Claro que sabemos que han burlado los controles, urdido y alimentado el golpe continuo que nos priva de constitucionalidad y legalidad; enajenado a la fuerza armada que ya no es del país sino de ellos; birlado el reclamo de hambre, medicinas, seguridad; ensamblado para eso una oligarquía cívico-militar corrupta y vaciado de sindéresis a la justicia, pero ¿se atreven a extender, proyectar, alargar, en el tiempo su empeño en asirse del poder?

La evolución del poder institucional, y perdonen si luce redundante la frase, supuso que la asunción de las competencias conlleva también la responsabilidad del cargo para decirlo sencillamente. Las monarquías dejaron de pesar en el tramado del poder y a cambio se hicieron decorativas. ¡Gobernar es responder!

La oposición disfruta del otro lado del poder. Debe también asumir su cuota de responsabilidad y partir cuando lo hagan mal. También son responsables.

El país debe avanzar por encima de todo y, para ello, debe imponerse el valor de la responsabilidad. Solo así vale la pena volver de la idiotez de la abstención y asumir la ciudadanía militante.

nchittylaroche@hotmail.com