Introspección y cambios estratégicos

Con gran aprecio y respeto de la manifiesta honestidad intelectual reconocemos el coraje con el cual el S. J. Luis Ugalde cumple la introspección por la cual individua y define “en cinco espejismos” los actos que han permitido al régimen dictatorial prevalecer sobre la “mortal ilusión” de la oposición de tener control y capacidad organizativa para prevalecer en la competición electoral para las elecciones de los gobernadores.

Discutir si los errores de la gerencia política de la oposición han sido causados por desconocimiento, ingenuidad, tal vez terquedad y perseverancia en el uso de medios inadecuados para enfrentar la determinación con la cual el adversario ha desplazado la “voluntad de 75% de los venezolanos” con las trampas perpetradas por la asamblea nacional constituyente, el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, no tiene mayor significación si no se admite también que la ilusión ha sido “planificada” por la complicidad y corrupción que han determinado escogencias y comportamientos que han favorecido el gobierno, máxime con la explicita falta de definir y aplicar una estrategia para la conquista del poder ofrecida por los ciudadanos con el voto del 6 de diciembre de 2015 y la consulta popular libre y voluntaria del 16 de julio de 2017.

De modo que salir de la ficción de la falsa de unidad vivida por la MUD, demostrada también por el desempeño en el compromiso electoral de componentes partidistas que no han favorecido el candidato designado a las respectivas gobernaciones, es el imperativo categórico prioritario para crear condiciones de credibilidad ética de la proposición política. Por consiguiente, saludamos como inicio del nuevo recorrido de la democracia venezolana la decisión de la coalición constituida para fundar el movimiento civil Venezuela está Primero, al cual auspiciamos se una Yo soy Venezuela y las otras organizaciones civiles que pueden compartir valores, ideología, programas, y sobre todo una estrategia adecuada para llevar adelante firmemente la exigencia que cualquier proceso electoral para que –desde las elecciones de alcaldes a lo que implica la salida presidencial– venga realizado con la transparencia que puede ser garantizada solo con el cambio del CNE y la atenta vigilancia de las fuerzas democráticas nacionales e internacionales.

Lo que sugerimos es una evolución simbiótica de la forma con la cual la gerencia se propone a la colectividad nacional para recuperar credibilidad y confianza, es decir, las condiciones para las cuales la voluntad individual y colectiva de los ciudadanos manifieste concretamente su apoyo para conquistar las libertades perdidas, la soberanía, la unidad y dignidad de la nación. Tenemos suficiente conocimiento y sentido de responsabilidad para saber que lo que proponemos no es de fácil sustanciación ni que puede ser fruto de improvisación y, sobre todo, que el tiempo para una posible realización es muy apretado. No obstante, pensamos que el esfuerzo debe ser experimentado sin titubeo, también para demostrar a la comunidad internacional que Venezuela tiene mujeres y hombres capaces y honrados que pueden enfrentar la grave crisis política, económica y social a la cual ha sido reducida por la revolución bolivariana, la sumisión al proyecto colonialista del castro comunismo cubano y el soporte económico de Cuba.

La recuperación será lenta y difícil, pero no se requiere solo un plan económico viable, sino la credibilidad política y operativa para que la ayuda internacional pueda permitir la disponibilidad de los recursos mínimos para realizarla.

La vulnerabilidad del gobierno es data en el tiempo necesario para caer en default. Con acierto se afirma: “El régimen corre ciego hacia su fracaso total y destrucción del país; lejos de poner remedio, refuerza las políticas que nos trajeron a este inmenso desastre”. Por el contrario, como si no hubiesen sido elaboradas, definidas y programadas para poner a nivel de servidumbre la población venezolana y condicionarla a la dependencia de la revolución bolivariana y al servicio del proyecto de la izquierda internacional elaborado en el Foro de Sao Paulo de 1990, para intentar la difícil negociación de la deuda pública externa el presidente Maduro declara: “Tengo el dinero para este pago (1,12 millardos de dólares del bono de Pdvsa 2017), así como tengo el dinero para las importaciones en materia prima, medicamentos, alimentos”. ¿Estos recursos derivarían de las reservas, de la venta de activos de la nación, de un financiamiento secreto, de repatriación de capitales u otras fuentes disponibles y se acumularán a la deuda futura?

La declaración parece ser una especie de justificación para la fragilidad del esquema del desarrollo implantado en el país que es evidenciada por los resultados económicos que lo tipifican como crítico en los últimos veinte años, con un proceso acentuado en los últimos cuatro por la caída de los precios del petróleo y la disminuida producción: estas serían las causas externas e internas que han determinado las variaciones en los montos de la deuda externa y su servicio, el hundimiento del producto interno bruto, las fluctuaciones del tipo de cambio nominal, la hiperinflación, el empobrecimiento real de todos los niveles de la población. Deriva que se puede comprobar que el endeudamiento externo constituyó una fuente importante de recursos (¿140.000 millones de dólares?) que en lugar de ser destinados para el crecimiento se han desviado hacia otro destino determinando su ineficiencia y nulo rendimiento. Además, si consideramos que gran parte de la deuda interna del Estado ha sido financiada por el sistema bancario con los ahorros de los venezolanos, nos encontramos también con la distorsión del crédito que institucionalmente debería ser orientado directa o indirectamente para estimular la producción. Sin inversiones productivas se ha reducido el empleo y las posibilidades de supervivencia.

Tiene razón el padre Ugalde: “Dictadura y venezolanos en la Navidad estaremos peor”, pero tenemos más claro los motivos por los cuales la lucha para las libertades y la democracia es irrenunciable. El postulado fundamental de esta fe racionalista es, según Carlos Moya, “el conocimiento empírico de la realidad total. La reducción de la realidad a puro espacio-temporalidad objeto de observación, experimentación y organización técnica: unidad de la realidad y unidad del método científico que fundan la posibilidad del dominio racional del mundo”. El uso de la “razón sensible y del sentido de responsabilidad” darán a la hipótesis de la proposición política formulada la fuerza para obtener el consenso de los venezolanos y de la comunidad internacional.