Fue un gentío

El pasado domingo tuvo lugar la consulta popular, promovida por la Asamblea Nacional y realizada como respuesta a la decisión del CNE de no convocar a los ciudadanos para que se manifestaran sobre la propuesta presidencial de designar una asamblea nacional constituyente.

De acuerdo con el trabajo efectuado por observadores nacionales e internacionales, la tranquilidad y el orden le dieron el tono dominante al proceso realizado. Lamentablemente hubo algunos incidentes violentos en diversas partes del país, en dos de los cuales fallecieron tres personas como consecuencia de hechos que presuntamente tuvieron como responsables a personas que intentaron sabotear el evento.

Además de fundamentalmente pacífica, fue una jornada a la que acudieron muchos ciudadanos, a pesar de los múltiples obstáculos enfrentados. En efecto, además de las dificultades organizativas y técnicas, derivadas del apuro con el que tuvo que implementarse el evento –apenas 13 días–, sufrió, además de diversas obstrucciones por parte del oficialismo que incluyeron, a última hora, la orden de Conatel de limitar la libertad de información respecto a la consulta. Sin embargo, a pesar de ello, de acuerdo con las cifras dadas por los convocantes –más allá de los injustos y, sobre todo absurdos, reparos sobre su veracidad–, 7.650.000 venezolanos acudieron a los centros ubicados en todo el país y en muchas ciudades del exterior a fin de consignar su opinión. Como se ha señalado, fue, sin duda, una rebelión civil, expresión de la voluntad de paz de los venezolanos, de su convicción democrática y también, desde luego, de su indignación por las condiciones en las que transcurre su vida.

La masiva opinión ciudadana debería, pues no se puede omitir la realidad, cambiar las coordenadas que pautan la política nacional. Cabe, entonces, exigir que los diversos actores que se desempeñan a lo largo del espectro político –militares incluso, aunque uno prefiriera que no– revisen las claves desde las que interpretan al país y redefinan, así mismo, los próximos pasos a fin plantarle cara a la compleja situación nacional, a través de conversaciones que lleven a negociaciones y acuerdos. Después de siete millones y pico de votos no puede ser que el juego continúe trancado y el deterioro del país siga avanzando.

Ojalá que el liderazgo nacional esté a la altura del gentío que votó el pasado domingo, aunque confieso que me inquietan –escribo el lunes en la noche– sus reacciones iniciales.