Freixenet

Cava es vida y alegría, oro trocado en fina burbuja, esa que cosquillea la lengua y deja la boca fresca y limpia, lista para un bocado, o un beso. Cava es Catalunya o mejor, Sant Sadurní d’Anoia, con sus viñas verdes en verano y multicolores en otoño, y permite la aventura de uno de los mejores vinos espumosos del mundo.  

Enorme, Freixenet hace posible muchas versiones del vino, desde el inofensivo pero refrescante Carta Nevada, pasando por las líneas Extra, Excelencia, Cordón Negro, Primer Cuvée, Brut Vintage, Brut Nature Reserva, Brut Barroco, los varietales Malvasía, Trepat y Monastrell/Xarel.lo,  hasta llegar a  los más complejos como Casa Sala, Reserva Real, Cuvée D. S., Meritum Brut Nature, Elyssia Pinot Noir o el luminoso Elyssia Gran Cuvée, estas dos etiquetas de reciente aparición y presentes en nuestro mercado gracias al empeño y constancia de su importador, Francisco Dorta A. Sucrs.

Fundada en 1861 por Francesc Sala Ferrer, pero concebida en sus inicios como empresa exportadora de vinos, el primer Cava de la casa se conoció como Freixenet Casa Sala. La unión de Dolors Sala Vivé, hija de Francesc con Pere Ferrer Bosch, heredero de La Freixeneda, finca que data del siglo XIII, ciertamente implicó la expansión y el crecimiento de la firma. El siglo XX, primera y segunda guerra mundial mediante, sumada la dictadura franquista en España, fue tiempo de crisis y redefiniciones, pero momento en que la marca se hace la más fuerte en su categoría y una de las más sólidas del planeta. Tradición y modernidad resumen cada una de las millones de botellas que despacha cada año.

Como dice Manuel Ibáñez: “El Cava, entre otras virtudes, tiene la de la tolerancia. Todo lo hace ver con una perspectiva amable, de color de rosa, y aquello que en frío quizá sí que sería un pecado sin más, a través de sus burbujas de oro queda como una expresión de la condición humana, como un desliz que puede contemplarse benévolamente, tolerantemente, con una sonrisa hecha comprensión y excusa. ¡Salud!