Duelo por un país

Me equivoqué. Sabíamos del fraude y del ventajismo y también sabíamos de la crisis general, la mengua y el hambre. Pero no advertí el grave efecto de las maneras de actuar del gobierno en el uso de sus amenazas, extorsiones y engañifas. Creía que la crisis era suficiente para superar esas trampas.

También me equivoqué en cuanto a la esperanza en la fortaleza de la gente para interpretar las causas de su adversidad. Aún domina la petrofilia, la clientela y el mundo de los carnets, y el gobierno los usa con descaro. Esa petrofilia le saldrá muy cara a la misma gente, y, en los próximos días y meses, el hambre y las carencias se podrán ver en las caras, y el destrozo del país continuará con un crecimiento sabido, pero no reconocido, por el gobierno. Es mentira que el pueblo no se equivoca: la sumisión obliga al engaño y muchos dictadores se han mantenido con votos.

El referéndum del 16 de julio anunció una emergencia de autogestión y valores emergentes. Pero no se mantuvo. ¿Qué paso? Habrá que estudiar la cosa.

Se equivocaron los encuestólogos y los dirigentes de partido. Los intelectuales y el episcopado. Tal vez por esa grave incomprensión de los fondos y venalidades de la gente. Una comprensión que sí la tuvo Chávez y en la que basó su imagen, despilfarró el país, destruyó sus instituciones y socavó sus industrias.

Y si yo me equivoqué, por qué no pensar que la gente también tiene el derecho de equivocarse.

Los opositores, entrampados en sus diatribas, no actuaron en profundidad, hasta el punto de que su comparecencia primera mostró sorpresa e improvisación: el fraude estaba en curso y habrían de tener preparada la respuesta. No hubo mención de los votos en actas.

Eso revela importantes deficiencias en el liderazgo. Incluyendo a los que de manera solapada o abierta convocaron a la abstención.

Si antes lo que se perfilaba era un largo camino, ahora será más largo.

El gobierno hablará de negociaciones desde su nueva posición de fuerza. Los opositores dirán, naturalmente, que no. En esas condiciones parece que presión mayor para la negociación vendrá desde el exterior, con una fuerte presión política y económica.

Santos propone elecciones generales en condiciones legales. Pero allí también conviene preguntarse si en ellas la gente acudirá con la misma actitud de las regionales y con qué lenguaje y propuestas habría que convocarlas.

No obstante esta derrota, sigo pensando que es necesario negociar, estableciendo normas y propósitos para un país seriamente dividido y amarrado a su desesperanza.

arnaldoeste@gmail.com