Desprendimiento

Los resultados del 15 de octubre han sido una gran bofetada para la nación. No hay manera de creer, independientemente de los resultados, que el pueblo de Venezuela quiera que continúe el estado de cosas que pasan en el país. Es imposible entender luego de la larga lista de atropellos a la psiquis de la nación, vía innumerables episodios que obviamos, porque colocarían esta nota en una narrativa interminable de acontecimientos, oscuros y trágicos y que tiene como vértice la corrupción, la mentira, el fraude y el abuso de poder.

Creer que los ciudadanos, por muy pobres que sean, no son capaces de cambiar unas dádivas, que igual se las merecen, por un voto es difícil de aceptar. Presentar ante el mundo –como pretende el gobierno– un país que está contento en su mayoría a pesar de la crisis profunda que se vive y que genera zozobra, no solo a quienes habitamos esta tierra sino también a la comunidad internacional, es una bofetada al talento humano.

La crisis de la oposición no es solo por los resultados electorales, sino por la confluencia de múltiples factores, que están ligados a errores estratégicos y a la falta de desprendimiento de muchos de sus líderes, incapaces de ceder aspiraciones ante la situación catastrófica en que está el país. Los intereses subalternos, apetencias partidistas y personales –aunque legítimas– son una pésima señal en estos momentos en que los opositores lo que aspiramos es hombres con grandeza y de Estado, capaces de sacrificar sus egos para lograr un objetivo fundamental de estos tiempos, como es la Unidad en su sentido más amplio, no solo para lo electoral sino para la definición de las grandes estrategias que el país requiere para salir de esta crisis.

Los políticos de temple noble tienen que aprender a convivir no solo con triunfos, sino también con derrotas y tener la capacidad de superar las frustraciones que se originan de los reveses circunstanciales.

Hay que mantenerse fiel a las convicciones democráticas y ser consecuente con los principios y la ética política. La mayoría de los venezolanos quiere una oposición unida porque quiere que termine esta pesadilla. No es tiempo del yo sino del nosotros. Hay que recapacitar y actuar antes que la barbarie destruya los pocos cimientos que quedan para poder levantar la nueva Venezuela.