¿Cuánto falta?

No tenemos por qué ocultarlo, muchísimas veces nos distraemos luchando entre nosotros mismos en lugar de apuntar a un solo objetivo.

Es verdad, vemos fantasmas en diversas partes, enemigos donde quizá no existen, nos ha costado unificar criterios y acciones. Desde luego, también es cierto que hay personas que han provocado se genere desconfianza, gente que se mimetiza con la oposición y al mismo tiempo hace negocios con el régimen. Eso es tan verdad como las diferencias que existen entre quienes desde las cúpulas representan el Frente Amplio o, lo que es lo mismo, la MUD, y quienes militamos en Soy Venezuela.

En Soy Venezuela, con María Corina Machado a la cabeza, nos une un solo objetivo: ¡derrocar la tiranía! Estamos claros que la salida de la tiranía jamás la lograremos por la vía electoral, esa es una de las grandes diferencias que tenemos con la MUD. Será la fuerza la que desalojará a los tiranos. Sí, como lo leen: la fuerza.

¿Cuál fuerza?

La fuerza es la unidad en el propósito, la fuerza es la perseverancia y las ideas coherentes. La fuerza es no aceptar convivir con verdugos, cómplices ni corruptos, la fuerza también está en el espíritu de lucha, el mismo que no permite caer en la trampa de la desesperanza, el que nos da la lucidez de entender los riesgos que asumimos y sin embargo nos alienta a no desmayar.

Esa es la fuerza que nos une a quienes formamos parte de Soy Venezuela. Obviamente, es necesario seguir convenciendo a los que hasta ahora están temerosos de enfrentarse a la tiranía. A esos que no se atreven a levantar la voz por el temor a ser encarcelados. Por esa razón estamos recorriendo el país para no solamente organizarnos como movimiento sino para estrechar nuestros sentimientos. En cada rincón que visitamos la respuesta ha sido confortante, aunque vemos mucha pobreza material, destrucciones por inundaciones, oscuridad y suciedad en las calles por la indolencia dictatorial; observamos en la gente mucha esperanza. No me lo han contado, lo he presenciado muchas veces. Quienes hablan con María Corina transmiten optimismo, hacen ver que no todo está perdido y que Venezuela cambiará.

Esas son las cosas que nos entusiasman a seguir en la lucha.

Gente con esperanza

Parece algo imposible pero es una gran verdad, la esperanza se muestra con más frecuencia en la gente que ha perdido sus enseres, sus muebles, su casa, o sea, todo lo material. Quizá precisamente porque ya no tienen más nada que perder, solo aspiran a mejorar.

En San Félix estuvimos la semana pasada visitando un campamento donde había varias personas con paludismo. A quienes allí acampaban, que estaban damnificados por la crecida del Orinoco, no los veía afligidos, estaban iluminados por una especie de aureola divina que les reflejaba tranquilidad. Eso lo vi. Que se entienda bien, no era resignación ni conformismo, en ellos se notaba el desengaño de la falsa revolución y, a la vez, las ganas de trabajar por la prosperidad de Venezuela; razonaban que bajo este sistema político jamás se lograría el bienestar. Eso fue, en Bolívar, pero lo mismo vimos en Anzoátegui y en Monagas, antes lo apreciamos en Yaracuy y Lara, como también lo sentimos en Mérida y Táchira.

Amigos, este modelo político que encabeza Nicolás Maduro no tiene pueblo. Eso es una gran realidad. Quienes acompañan al régimen son una camarilla unida circunstancialmente. Saben que si separan el poco poder que todavía les aporta el fuego de los cañones se verá disminuido. Por eso gritan y amenazan, encarcelan, enjuician y persiguen. Pero ese tormento terminará pronto. Créanme que será pronto. Muy pronto.

No habrá lucha de pueblo contra pueblo, simplemente porque ellos no tienen pueblo. Será la fuerza de la razón la que se impondrá con los aliados que sabrán persuadir a los persuasibles de sus filas armadas. No para dar un golpe, sino para que depongan las armas y dejen de someter a un pueblo hambriento. Sí, con hambre de libertad y prosperidad.

El pueblo está más unido que nunca

No me gusta cuando veo a gente desesperanzada y afligida. Hace algunos años estaba lejos el desenlace porque no había condiciones para que ocurriera, pero hoy, lo siento a la vuelta de la esquina.

Organización hay, y planes para reconstruir la nación también los hay. Ese ha sido el trabajo desde Soy Venezuela. Cuando me hablan que hace falta unidad, les contesto que hoy el pueblo está más unido que nunca en el propósito de sacar al régimen. Otros me dicen que los venezolanos solos y sin ayuda militar jamás lo lograremos; a ellos les contesto que eso es cierto y que tienen toda la razón, pero al mismo tiempo les pregunto: ¿quién dijo que estábamos solos? Ya la comunidad internacional ha entendido lo que ocurre en el país. Muchos “románticos” rojos rojitos han saltado la talanquera hacia las filas democráticas, mientras que otros, no tan románticos, están buscando acercamiento para negociar y edulcorar las sanciones por sus desafueros.

Alcahuetes y compinches de Nicolás son conscientes de que existe una sentencia emitida por el TSJ legítimo, que tarde o temprano será ejecutada. Escuchan el escándalo de las sirenas internas y externas, saben que la comunidad internacional está expectante y además presienten que esos aliados internacionales que apuestan a la democracia en Venezuela presionarán para que se cumpla la decisión del Tribunal Supremo de Justicia.

Hoy hay razones de sobra para estar más optimista que nunca, porque Venezuela está a las puertas de enrumbarse por la autopista de la libertad. No puedo ocultarlo y debo ser responsable en decirlo, sugiero que en los próximos días eviten acciones temerarias. Me explico. Sin dinero, sin alimentos, sin medicina, con niños, jóvenes, adultos y ancianos pasando hambre, enfermos y con todo un pueblo que clama libertad es elemental presagiar que vendrán días difíciles, que pudiéramos compararlos con esos momentos de contracciones antes de producirse el alumbramiento. Venezuela está a las puertas del parto de la libertad.