¿Cuánto es y dónde está el dinero de la corrupción castrochavista?

“Castrochavismo” es el acrónimo de la organización transnacional resultante de la unión entre Fidel Castro y Hugo Chávez, gobernantes de Cuba y Venezuela, que con las “capacidades subversivas” de la dictadura cubana y el “dinero del petróleo” venezolano recrearon y expandieron desde 1999 el plan criminal de comunismo castrista, antidemocrático, con discurso antimperialista. Una de sus características esenciales es la operación como delincuencia organizada que señala claramente a sus autores, pero plantea la necesidad de establecer cuánto y dónde está el dinero de la corrupción castrochavista para retornarlo a los pueblos víctimas del saqueo.

El castrochavismo se llamó “movimiento bolivariano”, proyecto “alba” y “socialismo del siglo XXI”. Ocupó Argentina con el régimen de los Kirchner, y Brasil con Lula y Rousseff; agrupa hoy los regímenes de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, con Ecuador en curso de salida y resultados iniciales; controla los países del “Petrocaribe” con los que sostiene una frágil y desacreditada posición en la Organización de Estados Americanos; está presente en la política europea con su operación en España; mantiene alianzas con Corea del Norte, China, Rusia, Irán, cuya expansión en Latinoamérica permitió y favorece.

La corrupción “en las organizaciones, especialmente en las públicas, se define como la práctica consistente en la utilización de las funciones en aquellas en provecho económico o de otra índole de sus gestores”. El término proviene del latín “corruptio, corruptionis” y del prefijo de intensidad “con- y rumpere” que significa “romper, hacer pedazos”. La corrupción hace pedazos, destroza la sociedad, la economía, la democracia y el Estado como lo demuestran Cuba, Venezuela, donde van Bolivia y Nicaragua. Miseria, crisis y confrontación.

En la construcción y gestión del castrochavismo, para mantener el poder a perpetuidad, la corrupción es su elemento esencial que construye complicidades como si fueran lealtades, cohesión y supervivencia. Es el medio de enriquecimiento de entornos y familiares para la creación de nuevos grupos de poder económico con miembros del régimen. Forma parte de la metodología de control político que crea complicidades, atrae ambiciosos e inescrupulosos en una nueva burguesía corrupta. Se trata de la construcción de un auténtico sistema de delincuencia organizada con “careta de política y empresa”.

La corrupción creada por el castrochavismo –porque sin el poder político de Lula y Chávez no hubiera sido posible– que hoy se conoce como caso Odebrecht ha revelado que, solamente en Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Guatemala, Republica Dominicana, Venezuela, México, Panamá y Perú, el monto de la corrupción ronda los 2.000 millones de dólares. Brasil, Venezuela y Dominicana tienen las cifras más altas.

Hasta ahora no se ha tocado la corrupción del régimen de Cuba con Odebrecht respecto a las obras en el puerto de Mariel de las que investigaciones de prensa denuncian un sobreprecio de hasta 300%. Tampoco se han ha llegado a los sobreprecios de los contratos de las restantes empresas brasileñas (OAS, Andrade Gutiérrez, Queiroz Galvao y otras) que bajo el mismo sistema operaron en Bolivia y otros países, donde ejecutaron proyectos como la carretera que invade la zona protegida indígena del Tipnis, o la persecución política con muerte incluida del director del Servicio Nacional de Caminos José María Bakovic, que impedía la corruptela Morales-Lula.

Investigaciones del El País muestran que solo de la empresa Petróleos de Venezuela (Pdvsa) “ex ministros y testaferros de políticos del gobierno de Venezuela durante la presidencia de Hugo Chávez (1999-2013) ocultaron más de 2.000 millones de euros en Andorra”. El gobierno de Estados Unidos estableciendo sanciones a los miembros de la dictadura de Venezuela ha congelado miles de millones de dólares en activos que tienen como único origen el ejercicio del poder político dictatorial y que obviamente proceden de la corrupción.

Inversiones de castrochavistas proliferan en los países democráticos a la sombra de la libertad y el capitalismo a los que los nuevos ricos combaten y aniquilan en los países que tienen sometidos y de donde obtienen sus ilícitos recursos. Los ciudadanos no tienen duda de la corrupción de Kirchner en Argentina, tampoco de la de Lula en Brasil, y con el retorno a las condiciones de democracia en esos países los juicios avanzan, hay procesados y encarcelados. Perú tiene encarcelados al ex presidente Humala y su esposa, buscando a Alejandro Toledo y en antejuicio a Pedro Pablo Kuczynski.

La señal clara es que cuando hay “respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales”, “Estado de Derecho”, “división e independencia de los poderes públicos”, “libertad de prensa” (elementos esenciales de la democracia), existen juzgamientos y sanciones a los autores de la corrupción, como lo demuestran Argentina, Brasil, Perú, Estados Unidos, Canadá, Europa. Donde influye el castrochavismo hay acciones parciales que dan la señal de estar protegiendo a los principales, como Dominicana, Colombia, El Salvador. Donde hay perspectiva de salida de la dictadura castrochavista, como Ecuador, se ven señales iniciales como la condena del vicepresidente. Donde se mantienen las dictaduras castrochavistas, en Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, el encubrimiento es total.

En todos los países tocados por el castrochavismo la gente pregunta: “¿Cuánto es el monto de la corrupción?”; “¿dónde está el dinero de la corrupción?”; “¿cómo y cuándo se recuperará el dinero de la corrupción?”. Sin duda lo primero es terminar con las dictaduras castrochavistas que retienen ilícitamente el poder por necesidad de impunidad.