Conocer su estrategia, derrotar las dictaduras y luego elecciones

En la lucha para recuperar la democracia de manos de los dictadores castrochavistas hay importantes avances, pero los regímenes cometen y están dispuestos a todo tipo de crímenes para mantener el poder.

Las condiciones objetivas permiten conocer su estrategia, pero es vital recordar que primero hay que derrotar a las dictaduras, para después –en democracia– disputar el poder en elecciones libres y justas.

Retornar la democracia en Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua es un problema nacional de cada pueblo, de cada país con importantes singularidades locales, pero enfrenta un sistema dictatorial transnacional de crimen organizado con base en el concepto del “internacionalismo” castrista de los sesenta, recreado y estructurado para violar ilimitadamente los derechos humanos en regímenes de facto con una estrategia uniforme.

Para mantener en el poder a los Castro en Cuba, a Maduro en Venezuela, a Evo Morales en Bolivia y a los Ortega en Nicaragua aplican los conceptos de “miedo”, “fuerza”, “identificar y dividir al enemigo interno”, “enemigo externo para victimizarse”, “politización y control de información”. Lo hace la dictadura cubana desde hace mas de cinco décadas, no sin sobresaltos y riesgos, pero hasta ahora con éxito.

El miedo es elemento esencial de las dictaduras, por eso acaban con el Estado de Derecho y lo suplantan por el derecho del Estado con “leyes infames” para perseguir, privar de libertad, honor y patrimonio a los ciudadanos, como busca el Código Penal de Evo Morales que ahora mismo rechaza el pueblo boliviano, y tal cual ya mandan las leyes de Cuba, Venezuela y Nicaragua en plena aplicación.

La fuerza para sostener el régimen de miedo está fundada en el control de los mandos militares y policiales hasta lograr el adoctrinamiento y militancia de sus miembros, a los que también aplican el elemento del miedo, convirtiéndolos en violadores institucionalizados de los derechos humanos y en simples fusibles que queman cuando es necesario encubrir al régimen, como sucedió en Cuba con el fusilado general Ochoa y pasa en Venezuela con el general Baduel y muchos más. La fuerza se ejerce además por grupos irregulares, pandillas, expertos del “internacionalismo castrista”, grupos criminales como las FARC de Colombia y si es necesario con ayuda del terrorismo.

El enemigo interno es la nación, la sociedad, los líderes y grupos políticos, a los que hay que dividir, coaptar o eliminar. Para eso multiplican los ejes de confrontación más allá de lo político al racismo, regionalismo, género, generaciones, sectoriales, funcionales y todo lo que permita dividir a la sociedad, sus instituciones y ponerlas en disputa. Hoy en Bolivia la dictadura de Evo Morales que desconoce la nación como identidad de todos los bolivianos, está exacerbando la confrontación racial tratando de dividir –con mentiras y miedo– al pueblo que desde la Revolución Nacional de 1952 avanzaba en la unidad en la diversidad.

El enemigo externo es el “imperialismo norteamericano” con el que las dictaduras justifican todos sus atropellos, corrupción y crímenes, incluso el narcotráfico como hizo Evo Morales en la ONU. El enemigo externo sirve para achacar a Estados Unidos todos los resultados funestos del crimen organizado que ejerce el poder político, como lo hacen los Castro desde hace años y ahora Maduro, Morales y sus segundones.

Toda acción criminal, violatoria de los derechos humanos realizada por la dictadura es “politizada” y presentada con el “control de información” y propaganda. Hoy los regímenes de Cuba, Venezuela y Bolivia dicen que “ la derecha” conspira, paga y los quiere derrocar, atribuyéndose la posición de “izquierda”, socialistas y comunistas, cuando son criminales “fascistas” cuya única ideología y objetivo es el control total e indefinido del poder con enriquecimiento ilícito.

Conocida su estrategia, está demostrado que la lucha contra las dictaduras no es una confrontación de derechas contra izquierdas, porque todos quieren recuperar la democracia como lo muestra la reorganización del Comité Nacional de Defensa de la Democracia en Bolivia, que fue creado para restaurar la democracia en los setenta y reactivado hace pocos días contra Evo Morales. Todos juntos contra la dictadura y luego elecciones en democracia.